VENTAS CAYERON 30%

Dos free shops brasileños amenazan el comercio de frontera uruguayo

Dos locales libres de impuestos abrirán en los próximos días del lado brasileño de la frontera. Allí reina el optimismo por el nuevo negocio, mientras que en Uruguay temen que estos emprendimientos agudicen la crisis que vive el sector, que bajó 30% sus ventas desde 2018.

Free shop. Foto: Néstor Araújo
300 dólares de cada lado de la frontera podrán gastar los extranjeros cuando abran los free shops en Brasil. Foto: Néstor Araújo.

Es como si corriera una carrera. Dice que empezó primero, pero sabe que su principal rival se le adelantó en el último minuto. Marcos Lemos desenvuelve los productos, los coloca en las góndolas, les adjudica un código de barras e intenta alcanzar a su competencia. Desde noviembre le dedica día y noche a este local de 400 metros cuadrados ubicado en Yaguarón, Brasil, donde espera abrir el primer free shop del país norteño. El empresario busca hacer historia.

Él fue quien obtuvo el permiso inaugural. Luego de varios años de debate, en Brasilia reglamentaron en 2017 la instalación de estas tiendas libres de impuestos. La noticia cayó como un balde de agua fría en las fronteras uruguayas, donde miles de familias viven de la venta a los turistas. Pero Lemos, quien nació en nuestro país aunque vive cruzando el puente desde hace una década, está convencido de que se trata de “sana competencia”. Para él, las nuevas lojas francas brasileñas se complementarán con las que ya están instaladas.

El tiempo, sin embargo, quiso que un free shop en Uruguayana, en la frontera con Artigas, prosperara más rápido. Frederico Antunes, diputado estatal del Partido Progressista (PP) en Río Grande del Sur, trabajó en el proyecto de ley que autorizó estas tiendas y tiene la información de que este nuevo emprendimiento empezará a funcionar el 31 de julio. El comercio dependerá de Dufry, la firma especializada en ventas libres de impuestos más grande del mundo y que posee varios de estos locales en los aeropuertos brasileños.

En tanto, Lemos abrirá a principios de agosto, pero todavía no tiene clara la fecha. Por eso dice que corre una carrera, ya que espera ganarle a su competidor de Uruguayana. Ahora está terminando los últimos detalles de este local, que inaugurará durante las vacaciones de invierno del país norteño. El empresario sueña con que Yaguarón se convierta en un destino de compras al que acudan decenas de ómnibus por día repletos de turistas con los bolsillos llenos.

“Vamos a tener productos brasileños con excelentes precios porque no pagamos impuestos. Los clientes van a encontrar utensilios de cocina más baratos que en los comercios comunes, también se van a poder llevar termos de primera calidad a buen precio. Pero el mejor producto es un espeto giratorio muy bonito, como los que se usan acá, que tiene un mango giratorio que funciona a pila. Así la carne se va a dorar parejita”, cuenta.

Lemos habla de su emprendimiento con mucho entusiasmo. Ya tiene una empresa de transporte internacional en Brasil, pero sus energías están puestas ahora en esta apertura. Dice que va a dividir la tienda en sectores, que compró un Hulk gigante para que los niños se saquen fotos, que instalará un living de pallets en la entrada y que por el momento no habrá competencia en esa ciudad. Lo llamará Caraballat.

“Mi segundo apellido les llama la atención a los brasileños porque todo lo que se pronuncia distinto les suena novedoso. Ellos me dicen Carabalachi, así que así le van a decir al free shop”, imagina.

Free shop. Foto: Néstor Araújo
El free shop que inaugurará Marcos Lemos en Yaguarón está en los últimos aprontes. Abrirá a principios de agosto. Foto: Néstor Araújo.

Se terminó

La alegría brasileña se diluye al cruzar el puente. En Rivera, 300 kilómetros al norte de Yaguarón, María Lina Varela está preocupada. La presidenta de la Asociación de Free Shops del departamento habla de crisis, de desempleo y de recesión. Revela que en el último año cayó un 30% la venta en todas las tiendas libres de impuestos de la frontera con respecto al mismo momento del año pasado, por lo que hay más de 400 funcionarios en seguro de paro. Según la empresaria, resulta “difícil” encontrar un peor momento en la historia de este sector. Asegura que habría que remontarse a 2002.

Por más que los efectos de los nuevos free shops todavía no se sienten, a Varela le da miedo que agraven lo que ya ocurre. Una mesa de diálogo con el subsecretario del Ministerio de Economía, Pablo Ferreri, logró algunos cambios en la reglamentación brasileña, que fueron tramitados a través del Mercosur. El jerarca está de licencia y no pudo hablar con El País para este informe, pero todas las fuentes consultadas reconocen que las negociaciones del gobierno fueron fundamentales para evitar que el daño fuera mayor.

Vayamos unos meses atrás: las lojas libres de impuestos brasileñas tenían permiso para vender casi todo. Esta disposición anulaba a los comerciantes tradicionales de ambos lados, que jamás estarían en condiciones de competir con ellos. Harina, huevos, leche, aceite y todos los productos de la canasta básica se ofrecerían a precios irrisorios, ya que no tributarían ni un solo real. “Esto era problemático para todo el comercio de frontera”, recuerda Varela.

En la cumbre del Mercosur en Montevideo, a fines del año pasado, el Ministerio de Economía puso este punto sobre la mesa. Los delegados brasileños reconsideraron la idea y elaboraron una lista de productos prohibidos en sus free shops. Sumaron la canasta básica y otros siete elementos, que incluyen las piedras preciosas, los electrodomésticos de gran porte, las armas, los automóviles, los repuestos para vehículos, entre otros. Así, dicen los empresarios, se equiparó un poco más la competitividad.

También fue importante que se mantuviera la cuota de compra de los brasileños en Uruguay. En la actualidad, cada uno de nuestros vecinos puede gastar hasta US$ 300 al mes en los free shops locales. Cuando se reglamentó la ley norteña, los legisladores querían disminuir este monto a la mitad, bajando de forma dramática los ingresos de las tiendas uruguayas.

Los políticos buscaban fomentar el comercio del otro lado, pero esta medida preocupaba a los uruguayos, que solo pueden venderles a extranjeros. A diferencia de nuestra norma, la brasileña permite que sus habitantes compren en los free shops de su país. “Que ellos se puedan vender entre ellos nos deja a nosotros afuera. Obvio que van a preferir comprar de ese lado y no de este. Creemos que en el correr de este mes deberíamos ser convocados por el Ministerio de Economía para rever este punto. No queremos perjudicar a los supermercadistas locales, pero también tenemos que ver cómo hacemos para sobrevivir nosotros”, afirma Varela.

Carlos Loaiza, secretario de la Cámara de Empresarios de Free Shops y Afines del Uruguay, está de acuerdo con que esta disposición puede significar una “amenaza” para las tiendas de nuestro país, aunque confía en que el gobierno reaccione a tiempo. Reconoce que los plazos de las autoridades no son los que a ellos les gustaría, si bien espera que la apertura de los nuevos comercios apure las decisiones.

“Hay puntos de frontera que piden que los uruguayos puedan comprarles. Es un tema delicado, pero si del otro lado se les va a vender a los compatriotas, el gobierno va a tener que ver hacia dónde quiere que vaya esa venta. Es un tema que cae por su propio peso”, dice.

Un problema de bolsillo

Hay 4.000 personas trabajando en las tiendas libres de impuestos uruguayas. Alejandro Coutto, integrante de la Asociación de Free Shops del Chuy, reconoce que la situación del sector “es crítica”, pero hace hincapié en que es posible generar “una competencia leal”. Para él, habría que igualar las condiciones de trabajo en ambos lados de la frontera y promover que estas ciudades se conviertan en destinos elegidos por el turismo de compra.

Lo más importante, asegura, es que todos tributen lo mismo. Los comercios uruguayos pagan entre un 10% y un 15% de canon, dependiendo del producto. En tanto, los impuestos en Brasil oscilarán entre el 3% y el 6%, lo que ayudará a ofrecer precios más bajos.

Coutto destaca que en el Ministerio de Economía están trabajando sobre este punto, pero todavía no hubo novedades. Por eso les preocupa la inminencia de las lojas brasileñas, ya que cinco fueron autorizadas y “hay rumores” de que abrirán otras seis más. En el Chuy, cuenta el empresario, “hay muchas intenciones pero ninguna se ha concretado”. En esa frontera funcionan 16 free shops del lado uruguayo, que emplean a 600 personas.

“Las condiciones en estos momentos no se están dando para una apertura. Es difícil que a un inversor lo seduzca abrir un comercio de esta magnitud por la situación que se da. Por la diferencia cambiaria, por la situación económica de Brasil, por cómo se ha complicado la parte comercial. Creo que eso lleva a que no seduzca mucho”, confiesa.

Pero Lemos, el empresario uruguayo que busca ser el dueño del primer free shop brasileño, está convencido de su apuesta. Dice que eligió instalarse del otro lado porque le resultaba “más fácil”, si bien reconoce que Uruguay no era una opción. “Hay que ver el potencial que tiene Brasil, son 290 millones de personas. Queremos hacer crecer esta ciudad, no me preocupa la competencia. Ahora los turistas van a poder comprar 300 dólares de cada lado”, afirma con optimismo.

De igual forma opina Antunes, el legislador brasileño, que está convencido de que hay “disponibilidad económica” en ambos lados de la frontera. Cuenta que hay ómnibus que salen los fines de semana desde ciudades como Porto Alegre en busca de free shops, por lo que “habrá clientes de sobra”. Y agrega: “Queríamos generar simetría entre las ciudades. En vez de gastar US$ 300 en Uruguay, ahora gastarán US$ 600 en los dos países”.

Sin embargo, los números no están tan de acuerdo. El Observador informó en enero que el gasto promedio en los free shops bajó de US$ 86 en 2018 a US$ 70 durante esta temporada. A su vez, se contrajo un 60% la visita de argentinos, lo que generó un 35% menos de ventas con respecto al mismo mes del año pasado. También hubo 28% menos de brasileños.

Coutto, miembro de la gremial del Chuy, afirma que el mayor impacto de la crisis del sector se nota en los despidos y en los contratos que no fueron renovados. Explica que muchos de estos trabajadores siguen buscando empleo y accedieron a capacitaciones a través del Inefop. En las buenas temporadas, recuerda, los empleados zafrales se quedaban hasta fines de abril, luego de que terminara la Semana de Turismo. Este verano trabajaron hasta febrero. “Vemos que sigue la recesión y es realmente difícil avizorar algo mejor”, se sincera.

A pesar de los malos augurios, Lemos todavía desenvuelve los productos que adquirió para su free shop. Aunque es uruguayo de nacimiento, es probable que se haya contagiado de la alegría y el optimismo que caracteriza a los brasileños.

MÁS

Una mejora en las ventas que resultó ser un espejismo

Una nota de El País de noviembre de 2017 se titulaba así: “Tras recesión brasileña, free shops avizoran recuperación”. Las tiendas libres de impuestos, que habían sufrido una fuerte caída en las ventas a partir de 2015, pensaban en verdad que la crisis en el país vecino se había terminado y confiaban en que sus números rojos comenzarían a mejorar. “En el año 2016 se observa una reversión en dicha tendencia (a la baja), y se espera que en el año 2017 se confirme el segundo año de crecimiento en las ventas del sector”, sostenía un informe elaborado por el Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) a pedido de la Cámara de Empresarios de Free Shops del Uruguay. Sin embargo, este optimismo se desplomó en 2018, cuando las ventas volvieron a disminuir y terminó de arruinarse en 2019, luego de que los ingresos siguieran bajando. María Lina Varela, presidenta de la Asociación de Free Shops de Rivera, revela que la situación actual es la peor de la última década. “Es verdad que 2015 fue un año muy complicado, pero ahora tenemos una caída aún peor. Se nos acumula el desempleo, la recesión en Brasil, la venta por internet, el dólar y nos encarecimos mucho”, dice. Si bien el comercio en las fronteras es cíclico -ya que depende de la volatilidad cambiaria-, la empresaria asegura que “es difícil encontrar otro momento en el que se acumulen tantos años seguidos de pérdida”. Considera que la situación actual es similar a la que vivieron en 2002, durante la crisis. Alejandro Coutto, integrante de la Asociación de Free Shops del Chuy, está de acuerdo y asegura que, año a año, las tiendas libres de impuestos de Uruguay pierden entre un 20% y un 30% de ingresos. Por el momento no ven mejoras.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)