MUERTE, OMISIÓN Y ENCUBRIMIENTO

Franco y Joaquín, la tragedia que quebró a Minas y desató una guerra entre familias

Un choque en el cual murieron dos jóvenes impactó en la sociedad minuana porque quienes lo provocaron fueron tres amigos suyos que no los asistieron. La Justicia actúa y puede haber más responsables.

Mara Machado y Laura Beltrame
Mara Machado y Laura Beltrame, mamás de Joaquín y Franco, sienten que "lo peor" fue la omisión de asistencia. Foto: Leonardo Mainé

Dos horas, 34 minutos. Mara Machado despierta de un sobresalto y mira la hora en su celular. Piensa en su hijo Joaquín, que salió con amigos. Se queda unos minutos en la cama pero algo le dice que Joaquín no está bien. Lo siente adentro y confía en su instinto. A las 2:38 se levanta. Joaquín no está. ¿Dónde está tu hermano?, le pregunta a Bruno, el mayor, que balbucea que no sabe, que debe estar por llegar. Leen sus últimos mensajes de Whatsapp. Discuten. Mara entra a darse una ducha, y cuando se está vistiendo llega a su casa Facundo, un íntimo amigo de Joaquín.

—Hubo un accidente y dicen que es el Volto.

El Volto, Joaquín Voltolini, tenía 19 años. Ese viernes 19 de julio había estrenado un Volkswagen Gol que su madre había recibido como compensación por un reclamo a una automotora, y ella se lo había regalado a él. En la rambla, de tarde, se lo había mostrado a sus amigos.

Salieron los tres: Mara, Bruno y Facundo. Ella iba descalza y sin celular. No sabían dónde había sido el accidente así que rumbearon hacia la ruta 12. Serían poco más de las tres de la mañana cuando al pasar el puente vieron las luces de Bomberos y las siguieron. A unas 15 cuadras de Minas, en el kilómetro 334, vislumbraron el Gol gris plata destrozado por el impacto contra una entrada vehicular de cemento que había al costado de la carretera. Joaquín había muerto, pero su madre se cercioraría de ello recién pasadas las 5, cuando pudo asomarse y ver el cuerpo que había salido despedido porque no llevaba cinturón. Su íntimo amigo Franco García, de 18 años, iba en el asiento del acompañante y había quedado aprisionado en el auto.

Lugar del choque
Así quedó la entrada vehicular contra la cual impactó el auto que conducía Joaquín Voltolini en la madrugada del 20 de julio. Foto: Leonardo Mainé.

La gente fue llegando. La mamá de otro amigo juntó fuerzas y llamó a Laura Beltrame para avisarle que su hijo Franco había tenido un accidente. Laura pensó “seguro que venían jodiendo con el celular”. Mara pensó “el auto debe haber sufrido un desperfecto técnico”. Ninguna de las dos consideró la posibilidad de que Joaquín hubiera hecho una mala maniobra, porque al decir de ambas era un buen conductor, y porque el lugar donde murieron era una recta sin dificultad.

recta ruta 12
En esta recta se realizan picadas habitualmente. Es el km. 344 de la ruta 12. Esa noche, Joaquín Voltolini y Franco García murieron por otra causa. Foto: Leonardo Mainé.

Hubo gente que pensó que estaban alcoholizados o drogados. Hubo, también, quienes sugirieron que estaban picando.

El tío de Mara, ni bien llegó a la zona de la tragedia, le dijo al comisario:
—Acá hubo otro auto.

Los tocaron.

Ya pasaron cinco meses de aquella noche fatídica en la que murieron sus hijos. Pero Mara Machado y Laura Beltrame sienten que la película de terror que aún viven empeoró después.

Se acomodan en el sillón de la casa de Mara e intentan hilvanar un relato. No es fácil. Se mezclan el dolor, la rabia, la necesidad de justicia y el miedo a la impunidad, con una serie de hechos que se fueron conociendo en forma desordenada. Mara dibujó un mapa semántico para graficar cuándo y cómo pasó todo.

Mara Machado y Laura Beltrame
Las madres participaron activamente de la investigación de Fiscalía, relevando celulares y redes sociales. Foto: Leonardo Mainé.

—Todos los días nos enteramos de cosas nuevas. Hay una cámara que ve tal cosa. Hay un mensaje que mandó tal. Cinco meses así —dice Laura.

Y la dilucidación de esta tragedia que tiene en vilo a la capital de Lavalleja y que ha enemistado familias enteras continúa, porque si bien ya hay imputados, el juicio oral aún no empezó, y hasta hace unos días todavía seguían apareciendo posibles pruebas. Entre ellas, un testimonio que podría ser determinante.

Pero vayamos al día del accidente. Cuando el tío de Mara introdujo la sospecha de que otro vehículo había ocasionado el despiste del auto de Joaquín, esa misma noche empezó la búsqueda de imágenes. El cuñado de Mara, que tiene una ferretería, fue a ver lo registrado en la cámara de su local, y entonces observó un vehículo oscuro pasando junto al Gol. Primero pensaron en un joven al que se ha vinculado con picadas y la Policía lo llevó a declarar esa misma noche. También a otro muchacho sobrino de Laura.

El rumor corrió tan rápido que todo Minas madrugó aquel sábado 20 de julio. A las 6:30 había un tumulto de gente agolpada en la sala velatoria esperando que se confirmara la identidad de los fallecidos. Los amigos lo supieron al ver la cara de Mara. Fiscalía autorizó un velorio rápido antes de las autopsias, y así se hizo. A las 13 horas se los llevaron a la morgue.

Esa tarde, completamente desorientada, Laura se fue a la comisaría a buscar las pertenencias de Franco. Pero el comisario no se las dio; le explicó que el caso estaba “bajo investigación”, y ella se molestó. Qué van a inventar ahora, pensó. Volvió a su casa, y de noche se le aparecieron los amigos de su hijo.

—Laura, mirá esta foto.

Era la imagen de una camioneta Mercedes Benz negra. Qué me quieren decir, pensó ella entonces, confundida.

—Había otro auto.

Más tarde fue Bruno, el hermano de Joaquín, que con más certeza le dijo:

—Los tocaron, Laura, los tocaron.

Las imágenes de la ferretería habían permitido a los amigos de los chicos identificar la camioneta que supuestamente había tocado el auto, y reconocer a su conductor, que no era ninguno de los dos a los que se había apuntado inicialmente.

Mientras tanto, a Laura la habían empezado a atosigar con mensajes y llamadas desconocidas que no atendía. Solo leyó un mensaje en el que un supuesto abogado le decía que tenía derecho a reclamar dinero por la muerte de su hijo. Llamó a su abogada, Rossana García, porque la insistencia de los “caranchos” le hacía suponer que efectivamente “algo había pasado”. García salió a recorrer Minas en busca de más imágenes.

Para ese entonces, Mara ya sabía quién era el conductor y los dos acompañantes de la camioneta, y se había apersonado en la casa de uno de ellos exigiéndole la verdad. Según relata, esa noche el muchacho le dijo que el conductor y su mamá no le permitían hablar:

—Sí, lo chocamos. Nos asustamos.

Pero esas palabras no las oyó nadie más, porque en Fiscalía dio otra versión.

pericia psicológica

Posibles rasgos psicopáticos en uno de los imputados

A la carpeta sobre la muerte de Franco García y Joaquín Voltorini se incorporó recientemente el peritaje psicológico de los dos menores imputados. El País accedió a los informes. El de TC, que conducía la camioneta, concluye: “No surgen indicadores de carácter postraumático manifiestos, mostrándose mayormente indiferente ante lo sucedido, brindando un discurso que impresiona aprendido, carente de eco afectivo”. No se descarta que “pueda evolucionar hacia la conformación de una estructura basada en un trastorno psicopático de la personalidad”. Respecto de JP dice que “surgen elementos que hacen pensar que puede llegar a contar a futuro con capacidad psico-emocional de tomar contacto con las consecuencias” que pudieran haber generado sus actos.

Una maniobra temeraria.

Para el domingo, la abogada García armó buena parte del puzzle y se lo mostró a las madres. Conduciendo la Mercedes Benz iba TC, de 17 años. Lo acompañaba JP, también menor de edad. En el asiento de atrás iba MT, el único mayor de los tres.

La hora del choque fue 2:34, con 17 segundos: el instante en que Mara había despertado pensando en su hijo.

Los tres jóvenes de la camioneta habían estado junto a Joaquín y Franco en una hamburguesada para festejar el día del amigo. No eran íntimos, pero sí formaban parte de una misma barra. Algunos se conocían del colegio, otros del fútbol. Joaquín y Franco se fueron temprano. De los análisis de sangre se concluyó que no habían tomado alcohol ni otras sustancias. A las 2:20 Joaquín le avisó a su hermano que estaba por llegar a su casa, pero por algún motivo se desvió. Y en la única esquina de la que no se tienen imágenes, se encontraron con los pasajeros de la camioneta.

No se sabe a ciencia cierta qué pasó en esa esquina. Los de la Mercedes declararon que el Gol los rebasó por la derecha, lo cual sintieron como una “provocación”. Afirmaron que no se dieron cuenta de quiénes iban en el auto y que pensaron que eran “unos pichis”. Los siguieron.

Con las imágenes se reconstruye el trayecto hacia la ruta y se ve que fueron invirtiendo el orden de circulación, es decir, se pasaron mutuamente. Iban a una velocidad excesiva tanto dentro como fuera de la ciudad. Dice el escrito de formalización de Fiscalía, que se basa en el informe del Laboratorio de Accidentología Vial de Policía Científica, que cerca del kilómetro 344 la camioneta “adelanta” al auto y lo “cierra”. Frente a esa conducta, este último “se desplaza hacia la derecha de manera que ese desvío fue consecuencia de la maniobra temeraria que se pudo haber evitado”. Agrega que el conductor de la Mercedes “es protagonista directo activo en el accidente (...) porque sufrió daños a causa del contacto con el Gol, y porque su accionar fue causal del accidente”.

El contacto entre los vehículos es mínimo —al punto que la camioneta apenas tiene un daño en la rueda derecha trasera— pero suficiente, sostiene Fiscalía, para que el auto perdiera el dominio. Además, según declaraciones de testigos, esa noche TC había hecho “la misma maniobra temeraria de adelantamiento con otros conductores de otros vehículos”.

La defensa presentó un informe pericial que no fue considerado por Fiscalía. Gustavo Bordes, abogado del conductor de la camioneta, dijo para esta nota que dicho informe concluye que si hubo contacto fue solo de las ruedas, e incluso se infiere que “el Gol estaba como enfilando hacia la Mercedes” al momento del toque.

Sin embargo, el pedido de formalización concluye que la camioneta realiza una maniobra de adelantamiento “brusca”, determinante e incluso “injustificada”, porque a pocos metros aminora y sale de la ruta, enfilando nuevamente a Minas por otra vía y “dándose a la fuga”.

Franco y Joaquín
Franco García y Joaquín Voltorini eran íntimos. La noche del accidente estuvieron en una comida por el día del amigo. Foto: Facebook "Justicia por Franco y Joaquín"

La omisión.

Franco murió en el acto pero Joaquín, que salió despedido, no. Mara cuenta que un forense que consultó en Buenos Aires estimó que su hijo “tuvo entre 15 y 20 minutos de chance de vida”, en sus palabras. Murió desangrado.

La dueña de la casa más próxima sintió “el ruido de una bomba” y despertó a su marido, que después de mirar y no ver nada se abrigó, salió y corroboró que había habido un choque. Llamaron al 911. La primera asistencia llegó 3:30.

Y acá, dice Mara, “viene lo peor”. Lo que más duele y por lo que están “peleando”: lo que pasó en esa hora.

—Después del accidente se van a su casa y toman contacto con la madre (de TC). Miran la camioneta, alumbran, revisan, pero nunca llaman. No sabían que había una cámara frente a su casa; si no, (la cámara) habría desaparecido.

Las imágenes muestran que guardaron el vehículo y que esa noche la dueña de casa (LM) la vio. Y al día siguiente “muchas personas” fueron a la casa a observar el estado de la rueda trasera derecha, según Fiscalía. Entre medio, sacaron la camioneta para ir al velorio, al que concurrieron TC, LM y la hija de esta. También fue JP, uno de los acompañantes. Esto les provoca a las madres de los fallecidos una profunda indignación.

Mara dice que se sabe de memoria las declaraciones de los chicos “con punto y coma”. Laura agrega que las han escuchado y leído hasta el cansancio. Por eso afirman que han ido cambiando de versión, primero diciendo que iban con la música muy alta y que no se dieron cuenta de que el Gol había sufrido un impacto; luego, que pensaron que una piedrita había tocado la camioneta y por eso más adelante pararon a ver si había algún daño en la rueda. Afirmaron que JP y MT habían tomado alcohol, pero que TC estaba sobrio. Las madres dicen que hay testigos de que los tres tomaron.

Lo central, para ellas y para la fiscal, es la omisión de asistencia. Mara tiene registro de dos llamadas perdidas de JP en el celular de Joaquín: una 2:48 y otra 2:50, a unos 15 minutos del siniestro. Para ella, es prueba de que ellos eran conscientes de quiénes iban en el Gol. Afirma:

—Ellos niegan todo. Dicen que nunca supieron que eran ellos los que iban en el auto. No solo los mataron sino que no les dieron asistencia. A veces me pongo a pensar… porque capaz en una cabeza adulta vos decís ‘la personalidad formada, un reverendo hijo de puta, asesino’. Pero que a estos chiquilines tan jóvenes les dé para dejar a dos accidentados...

Interviene Laura:

—Nadie está diciendo que porque hayan hecho algo mal sean unos asesinos. No, asesinos son porque se fueron. Porque los dejaron morir.

Adultos encubridores.

La defensa de TC y su madre fue asumida por Bordes y el catedrático Gastón Chaves, ambos penalistas conocidos a nivel nacional. El primero dio su punto de vista sobre lo ocurrido para esta nota.

la defensa

Bordes: "Ni un sicario haría algo así; sería de película"

El penalista Gustavo Bordes, defensor del menor que conducía la camioneta que causó el siniestro y de su mamá, habló para esta nota por primera vez. Ha evitado salir porque, ante situaciones sensibles, “uno prefiere llamarse a silencio, esperar que pase el tiempo y la Justicia haga su trabajo”. Para él, este caso “demuestra una vez más que el nuevo proceso no funciona, porque el juez termina formalizando sin ver una sola prueba”. Agrega: “Yo comprendo a las familias. Sé que lo más grave lo sufre la familia de la víctima. Pero la familia acusada también sufre. Permanentemente se estuvo haciendo guerra de epítetos, consideraciones, injurias. No quisimos salir a contestar nada; sabíamos que no iba a ayudar a la paz que necesitan las familias”. Sobre la acusación en sí, dijo estar convencido de que su defendido no sabía quiénes iban en el auto del choque. Aseguró, contrario a lo afirmado por Fiscalía, que TC no estuvo en la tarde previa cuando Joaquín les mostró el auto a sus amigos; afirmó que hay pruebas de que llegó a Minas a las 19:30 horas. “Querían demostrar que TC sabía que Joaquín era el del auto, cuando él siempre dijo que no. Como que lo salió a correr poco más que para matarlo. Un chiquilín de 18 años (17 en ese momento) sacando de la carretera a sus amigos. Sería muy grave. Sería de película. Una cosa es un accidente, y otra es que se fogonee esa hipótesis”, dijo. Bordes cree que semejante acusación no le cabe “ni a un sicario”, es “muy jodida” y que no hay pruebas que lo demuestren. El penalista confía en que el juicio dilucidará eventuales culpas de ambas partes en el choque.

A JP, que es hijo de un dirigente del Frente Amplio en Lavalleja, hoy diputado suplente, lo iba a asistir un abogado que también es político, pero desistió a horas de la primera audiencia. Ahora lo patrocina la Defensoría de Oficio. Según dijo su padre a Canal 3, la opción es para dar garantías de “imparcialidad”.

Él y el padre de Joaquín estudiaron juntos y eran buenos amigos. A su vez, Laura conoce a la mamá de TC, ya que era íntima amiga de su hermana. También hay asociaciones políticas aquí, porque LM y su actual marido son muy cercanos a un importante dirigente del Partido Nacional, al punto que ella era su secretaria. Laura, que es peluquera, les cortó el pelo a los tres implicados desde niños.

Los vínculos previos han hecho todo más doloroso y confuso. Y aquel buen relacionamiento fue sustituido por celulares bloqueados, amenazas, agravios en redes, denuncias, audios que acusan y difaman, provocaciones y más.

No solo las familias rompieron sus lazos de amistad. Desde el 20 de julio la sociedad, quebrada, reaccionó pidiendo justicia por Franco y Joaquín. Dice Mara:

—Esto ha dolido mucho. Todo Minas lo ha sentido. Todo el mundo analiza la situación. Y te dicen: ya no son solo hijos de ustedes, también son hijos nuestros.

Hubo marchas por ellos y hay mucha expectativa ante el desenlace de esta historia, para el que aún falta. Hoy recién se está en la antesala del juicio oral. El 20 de noviembre, tras cuatro meses de relevamiento de indicios probatorios —en los cuales las familias fueron fundamentales, incluso en el análisis de teléfonos y redes sociales—, Fiscalía pidió formalizar la investigación en torno a cuatro personas, por los siguientes delitos: a TC, que conducía la camioneta, por homicidio y omisión de asistencia; a JP y MT, por encubrimiento y omisión de asistencia; a LM, madre de TC y dueña de la camioneta que su hijo manejaba sin permiso, por omisión de los deberes inherentes a la patria potestad.

Fiscalía pidió prisión preventiva para los imputados, pero el juez no hizo lugar a esa medida. En cambio, dispuso medidas sustitutivas que implican, entre otras cosas, la prohibición de salir del país y de acercarse a menos de 100 metros de los familiares de los fallecidos. Esto, según las madres, no se cumple. A TC también se le impidió conducir y sacar la libreta.

El 20 de diciembre se concretó la acusación fiscal para los dos menores. Los plazos de su proceso son más breves, aunque por la feria judicial están hoy en pausa. Cuando se retome el proceso, se fijará la audiencia de control de acusación en la que se presentarán todas las pruebas, incluso un testimonio nuevo que, según la abogada García, es “sumamente trascendente”. Aunque no puede revelar de quién se trata, dice:

—Es importante porque deja en claro muchos de los hechos que nosotros manejábamos pero de los que no teníamos certeza de que hubieran ocurrido. Y hace más gravosa la responsabilidad de los involucrados.

Rossana García
Rossana García, la abogada de la familia de Franco García Beltrame, asegura que recientemente se agregó un testimonio crucial. Foto: Leonardo Mainé.

Ahora, dicen Laura y Mara, el foco está en ese testimonio que se ha manejado en estricta reserva. Vendrá el juicio de los menores, luego el de los mayores, y no terminará ahí. Porque en esta historia hay más involucrados. Las responsabilidades de los “adultos encubridores”, que son varios según ellas, y que podrían salpicar a relevantes figuras de la elite minuana, se dilucidarán en una etapa posterior.

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