MARCELA ESCOBNAR, El MERCURIO DE CHILE, GRUPO DE DIARIOS AMERICA
SAN PABLO HIERVE. Esta debería ser la época fría, pero el termómetro insiste en elevarse sobre los 26 grados. En una estación de servicio en la avenida Faria Lima, Batista, un hombre de unos 50 años llena su tanque con 30 reales (310 pesos). Compra poco más de 20 litros de etanol o alcohol de caña de azúcar, el combustible alternativo que mueve a los motores brasileños.
Batista tiene un auto flex fuel, que le permite escoger nafta o alcohol y todas sus combinaciones posibles (puede echar, por ejemplo, medio tanque de uno y medio de otro; el auto funcionará perfectamente).
Lo que sucede en Brasil es una revolución que lleva 30 años. Hoy los brasileños producen todo el petróleo que necesitan. Gracias al alcohol de caña, necesitan menos petróleo.
El asunto funciona así: toda la nafta que se vende contiene entre 20 y 25% de etanol. El alcohol también es vendido como combustible puro, a un precio favorable. Por ley, su costo no debe ser superior al 70% del de la nafta; así se favorece el consumo de alcohol ya que éste rinde menos. Hoy los precios son 2,47 reales por litro de nafta (26 pesos) y 1,49 reales por litro de alcohol (15 pesos). El alcohol, además, contamina menos.
Mientras Batista llena su tanque, en San Pablo reinan los embotellamientos. Cuando salga de la estación deberá armarse de paciencia, pero no sentirá ese olor a caño de escape que impregna el centro de muchas grandes ciudades del mundo.
En las calles paulistas se siente un leve aroma a fermentación alcohólica, como si en la noche anterior los habitantes de la ciudad hubiesen celebrado en una bien regada fiesta.
Azúcar ganadora
Fue en 1974, cuando el barril de petróleo disparó su precio de 2,5 dólares a más de diez, que el gobierno creó el programa Pro Alcohol. No sólo se hizo oficial la mezcla de nafta con etanol, también se financió la construcción de una destilería anexa a toda fábrica de azúcar. Para 1978, cuando el valor del crudo aumentó otra vez, el gobierno dio incentivos para que se abrieran nuevas usinas que produjeran alcohol de caña.
Sin embargo, algo faltaba. Se requería también que el alcohol fuera competitivo con respecto a la nafta, dijo Antonio de Padua Rodrigues, director técnico de la Unión de Agroindustria de Caña de San Pablo (Unica).
Por eso, el gobierno militar de la época adoptó una política de precios que permitió a los productores cubrir costos y convirtió al etanol en competencia directa del crudo, ya que costaba apenas un 55% del precio de la nafta.
Brasil recibió con entusiasmo los primeros vehículos con motor a alcohol. "La gente se acostumbró de inmediato", recordó Padua. ¿Cuál era el gran problema? El arranque. El auto no arrancaba en las regiones más frías.
Padua sabe lo que dice. No sólo lleva años como director técnico de Unica, la principal agrupación de productores de azúcar y alcohol de San Pablo, sino que su relación con los dueños de cañaverales y su trabajo en la ciudad le dan una visión amplia de lo que ha sido el uso del etanol en Brasil. Por eso, habla con desilusión de lo ocurrido desde 1985, cuando un cambio en la política estatal hizo decaer la producción. En esos años no hubo incentivo para el Programa de Alcohol por la fuerte inflación que sufría el país. No había etanol disponible y debieron importarlo. Las ventas de automóviles cayeron.
Sin alcohol en las estaciones de servicio, muchos brasileños tuvieron que dejar su auto en casa.
Fue en 2003 cuando el etanol recuperó, con esfuerzo, la confianza del público. Ese año, la industria brasileña lanzó el auto flex fuel, que funciona con alcohol o nafta y cuesta lo mismo que uno tradicional. Este auto llegó justo cuando el mercado se llenó de pésimos augurios: que el petróleo escasea, que se acaba en 2060, que es muy caro.
Padua, optimista, pronostica un futuro auspicioso para el alcohol. "Toda la flota mundial funciona a combustible líquido. No hay, a corto plazo, un sustituto. El alcohol es lo único que da respuesta inmediata". El optimismo decae cuando reconoce que no todas las zonas de Brasil son buenas para el cultivo de caña y no todos los países pueden producir alcohol de azúcar. Y para que compita con la nafta a nivel global, se requiere de una mayor oferta. Pero la caña de azúcar no es la única que permite producir alcohol. En Estados Unidos fermentan maíz y soja.
Aprendiendo lecciones
La profesora Suani Teixeira Coelho es delegada de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente de la ciudad, los encargados de velar que se cumpla la legislación ambiental que rige en Brasil. También le toca recibir, cada vez con más frecuencia, a las delegaciones de países interesados en conocer esta experiencia. "Una vez recibimos una delegación de India. En esa época no había autos flex fuel y yo tenía uno a alcohol. Cuando los indios supieron, quisieron verlo, tomarle fotos, lo abrieron para conocer el motor y dijeron: "¡pero si es un motor común!". Sí, les dije, no hay muchos cambios, nada de diferente. Incluso les mostré el tanque pequeñito de nafta".
Ese tanque fue la solución para el arranque "en frío" que complicaba el uso de etanol. El tanque inyecta nafta para el momento del encendido y luego continúa usando alcohol. Los autos flex fuel funcionan de manera similar. "Tengo un Volkswagen que es así: si la temperatura es muy baja, la inyección electrónica recoge la nafta de este tanque y después sigue con etanol", explicó Teixeira.
Recalcó que la razón que llevó a Brasil a usar a gran escala el alcohol no fue ecológica, sino económica. Sólo luego de 30 años se han conocido sus impactos ambientales positivos. La polución en ciudades como San Pablo disminuyó. Además, se vio que el alcohol era ideal para reducir las emisiones que generan el efecto invernadero.
La desconfianza inicial hacia el etanol fue vencida a punta de incentivos. Primero, el precio favorable; luego, los autos más baratos; después, las campañas que lo promovieron como un combustible menos contaminante. Pero para Teixeira, el estímulo más importante siempre ha sido uno. "Incluso hoy, si el alcohol no fuera más económico, no sería preferido".
Las dimensiones ecológicas y económicas se mezclan. Algunos países desarrollados quieren mezclar parte de su nafta con alcohol para reducir sus emisiones contaminantes y cumplir con las pautas que fija el protocolo de Kioto. Japón ya lo hace e importa alcohol de Brasil. En Estados Unidos, que produce alcohol de maíz, se discute la idea de bajar las barreras arancelarias que frenan la importación de etanol de Brasil. El propio George W. Bush ha dicho que el etanol reemplazará, tarde o temprano, a la nafta.
Teixeira concuerda: "nuestra autosuficiencia petrolera es también consecuencia del alcohol, porque sustituimos una parte de la nafta que necesitamos. En estos 30 años aprendimos lecciones. Descubrimos cómo hacerlo bien".