"500 de regalo!!!" (Claro), "Plagio!" (El Cebador) son sólo dos ejemplos de eslóganes publicitarios que harán que en cualquier momento a la experta de idioma español María Antonieta Dubourg le dé un "soponcio". "¡Cómo no voy a notar los errores ortográficos en la tele!", dijo. Los ve en los sobreimpresos de noticieros, en los avisos publicitarios (abundan las frases que cierran con signos de exclamación, que no se abren) y hasta en la oralidad de los comunicadores.
Para Dubourg, si bien en algunos casos se trata de algo buscado por los publicitarios, en la mayoría de los casos es simplemente ignorancia. "Tienen grandes problemas idiomáticos. Los periodistas y los publicistas deben tener en cuenta que tienen más fuerza en la enseñanza del lenguaje que la propia escuela", dijo.
Pablo Marqués, director de Punto Ogilvy, dijo que su agencia evalúa si vale la pena cometer un error ortográfico si a cambio se logra un gran impacto. "En el acierto o en el error la comunicación cumple con su objetivo. Tiene que haber una razón específica que justifique la falta ortográfica", dijo Marqués.
Pipe Stein, de la agencia Notable, entiende que la publicidad utiliza el lenguaje "de la calle" en procura de una mayor empatía con el público. Y recuerda cuando fue transgresor pasar a decir "vení" o "tomá" (por cierto, a Dubourg aún la escandaliza el tuteo en los avisos). Para Stein, las agencias se contagiaron del lenguaje del mensaje de texto. "En un sms lo que se valora es la velocidad y no la forma. Si el otro lo entiende es suficiente y termina siendo la regla que vale".
"El desafío es proteger el idioma sin perder el acercamiento de modo coloquial con la gente".