The Economist
E l inglés es la lengua más exitosa en la historia del mundo. Se habla en todos los continentes, se la enseña como segundo idioma a los escolares y es el vehículo para la ciencia, los negocios globales y la cultura popular. Muchos piensan que se expandirá hasta el infinito. Pero Nicholas Ostler, un experto en el auge y caída de las lenguas, hace una predicción sorprendente en su último libro The Last Lingua Franca: English Until the Return of Babel ("La última Lingua Franca: el inglés hasta el regreso de Babel"): los días del inglés como lingua-franca estarían contados.
La conquista, el comercio y la religión fueron las grandes fuerzas detrás de la expansión de las primeras lingua-francas (el autor usa el guión para distinguirla de Lingua Franca, un idioma comercial italiano del Renacimiento). Ostler, un lingüista de pasmosa voracidad se sumerge en los relatos de la historia antigua.
Los emperadores aqueménidas, vencedores de los babilonios en el 539 AC, hablaban persa como su lengua nativa, pero pragmáticamente adoptaron el arameo como la primer "interlingua" del mundo. Las comunicaciones oficiales de larga distancia, se enviaban escritas en arameo, atravesaban el imperio y eran traducidas al idioma local. El persa serviría como lingua-franca pero no en el pico del imperio si no entre 1.000 y 1.800 DC.
Los conquistadores túrquicos de Asia Central, Anatolia y Medio Oriente, a pesar de que adoptaron el Islam e idolatraron en arábico, mantuvieron el persa como el idioma de la corte y la literatura. Persa también era el idioma de la corte del régimen túrquico cuando llegó la British East India Company.
Algunas lingua-francas han atravesado rutas comerciales pero eran lenguas de conveniencia que cambian con las circunstancias. El fenicio se extendió desde el Líbano moderno por la costa norte de África, donde (pronunciado en latín como púnico) se volvió el lenguaje del imperio cartaginés. Pero la destrucción romana de Cartago en el 146 AC lo redujo a un disminuido localismo. El griego, por el contrario, sobre raíces más profundas, sobrevivió no solo el crecimiento de Roma sino también su caída, siendo la lingua-franca del Mediterráneo oriental por más de mil años.
¿Qué tiene todo esto que ver con el inglés? Muy poco. Parece que muchas veces, Ostler, fascinado por los usos antiguos del lenguaje, quería escribir otra clase de libro pero su editor lo persuadió a ir por el ángulo inglés. Los argumentos centrales sobre el futuro del inglés ocupan dos capítulos al final del libro. Pero sus predicciones son impactantes.
El inglés se expande como una lingua-franca pero no como una lengua materna. Más de mil millones de personas hablan inglés en el mundo pero solo 330 millones como primer idioma, y esa población no crece. El futuro del inglés está en manos de países por fuera del grupo anglófono. ¿Pero seguirán aprendiendo inglés para siempre?
Ostler sugiera que dos nuevos factores -el nacionalismo moderno y la tecnología- podrían detener el avance del inglés. El pragmatismo de los aqueménidas y los mogoles es impactante porque ninguna nación moderna podría hacer de una lengua extranjera su idioma oficial. Varias ex colonias británicas lo hicieron pero solo porque el inglés era un idioma neutral entre varias lenguas nativas. El inglés ha sido rechazado en otras ex colonias como Sri Lanka y Tanzania, donde las elites anglófonas le dieron lugar al sinhala y el swahili. En 1990, Holanda consideró pero rechazó, por razones nacionalistas, hacer del inglés el idioma exclusivo de la educación terciaria.
El inglés desaparecerá como lingua-franca, asegura Ostler pero no porque otro idioma tome su lugar. Ningún contendiente es tan panregional, y solo la situación lingüística de África sería lo suficientemente fluida para que sus futuras opciones vengan del extranjero. En realidad, el inglés no tendrá un sucesor porque nadie va a necesitarlo. La tecnología, cree Ostler, llenará esa necesidad.
Ese argumento se apoya en grandes avances en la traducción y el reconocimiento del habla por las computadoras. Ostler reconoce que mucho de ese software es una desilusión incluso después de 50 años de intensa investigación y de la explosión del poder de las computadoras. Pero medio siglo, aunque un montón en tiempos informáticos, es un suspiro en la historia del lenguaje. Ostler está en lo correcto acerca de los límites nacionalistas para la expansión del inglés como lengua materna. Si también está en lo cierto en lo de la tecnología, las futuras generaciones verán el inglés como a la caligrafía o el latín: prestigioso y tradicional, pero cada vez más prescindible. u
Y el chino se expande
n El idioma chino está creciendo. De acuerdo a un artículo de The New Republic, que habla de la eliminación de los programas de lenguas extranjeras en las universidades, el chino ya es el tercer idioma en Estados Unidos.
Poder. El inglés no es remplazado por otra lingua-franca porque no hay otro idioma que tome su lugar.