Darle a cada niño, una computadora, no parecería convertirlo o convertirla en un futuro Bill Gates; de hecho parece que no consigue nada en particular.
A esa conclusión llegaron en Perú, donde se desarrolla el programa más extendido que involucra a One Laptop per Child, la organización caritativa con patrocinadores de la industria informática y que está en activo en más de 30 países en desarrollo de todo el mundo (en Uruguay son los responsables del Plan Ceibal).
Perú está en medio de un boom económico, pero tiene uno de los peores sistemas educacionales de América Latina. Alentado por los ingresos de la minería, el gobierno anterior se abocó en la iniciativa del laptop. Gastó 225 millones de dólares para el suministro y respaldo a 850 mil laptops básicos a escuelas en todo el país. Pero los resultados de los exámenes de los peruanos siguen siendo decepcionantes. Sólo 13% de los niños de siete años están en el nivel requerido en matemáticas y sólo el 30% en lectura, de acuerdo a informes del mes pasado del ministerio de Educación.
Una evaluación del programa de laptops realizada por el Banco Interamericano de desarrollo (BID) concluyó que los escolares que reciben las computadoras no mostraron ningún avance en matemáticas y en lectura. Tampoco halló evidencia que el acceso a una laptop aumente la motivación o el tiempo dedicada a la tarea domiciliaria o la lectura. El informe aplaude al gobierno por dar el hardware necesario ya que menos de un cuarto de los hogares peruanos tenían una computadora en 2010. Pero ahora debe mejorar el entrenamiento de los maestros y la currícula, dice Julian Cristia del BID. Por encima de todo, debe cambiar el ambiente de las aulas.
Parte del problema es que los estudiantes aprenden más rápido que muchos de sus maestros, de acuerdo Lily Miranda, quien maneja un laboratorio de computadoras en San Borja, un barrio de clase media limeño. Sandro Marcone, quien está a cargo de tecnologías de la educación en el ministerio coincide. "Si los maestros están diciéndole a los niños que encienden las computadoras y copien lo que están escribiendo en el pizarrón, entonces hemos invertido en cuadernos caros", dice. Ciertamente se parece a eso. (The Economist)