BRILLOS, FIERROS Y LÁGRIMAS

Las chicas quieren más músculos

Las mujeres que se dedican al fitness están salvando al fisicoculturismo de la decadencia. Entre dietas estrictas y peligrosas, y entrenamientos feroces, el número de atletas crece. Las federaciones locales se multiplican y piden más exámenes de dopaje y control de anabólicos.

Mujeres que se dedican al fitness: Foto: Fernando Ponzetto.
VEA EL VIDEO. Foto: Fernando Ponzetto

A una semana de competir por primera vez en fitness como chica bikini, Sofía Machado pone el cuerpo a las buenas noticias. Su piel, fina y suave como la de una uva, se despega unos cuatro centímetros de los músculos. Luego de tres meses de preparación para el torneo, a base de dieta y entrenamiento, su porcentaje de grasa es de 9%. Lo único que impide que su piel se desprenda un poco más, son los cuatro litros de agua que toma a diario. Todo es parte de un plan. En el ambiente del fitness y del fisicoculturismo, a esta etapa se le llama la "puesta a punto".

—¿Ves cómo se separa? —dice Bruno Cantele, su entrenador, pellizcándole la piel cercana al ombligo.

Él la estira, Sofía la estira, yo la estiro.

—¿Y esto es bueno? —le pregunto.

—Es excelente. Después, cuando le saque el agua, se pega a los músculos y queda toda marcadita.

Fisiológicamente, en un torneo se juega con todo. Un día antes de la competencia, a las postulantes les prohíben los líquidos. A Sofía le preocupa cómo va a hacer para tragar los pocos, poquísimos alimentos que tendrá permitidos consumir hasta subirse al escenario. Algún fruto seco, alguna clara de huevo. Van 150 días que pesa cada bocado que come. Come cada dos o tres horas. Nada de sal ni azúcar ni aceite. Come pollo hervido, galletas de arroz, avena, clara de huevo (columna vertebral de esta dieta), zapallo y tomate. Semanas atrás, en su cumpleaños, no hubo torta: su familia le cocinó una suprema y le puso encima una velita.

Horas antes de competir, sin agua, la piel se afina y se adhiere. Ahí es cuando comienza la otra preparación. Primero, se pinta el cuerpo de dorado con esponjas y rodillos ($ 2.000 la lata). Lo habitual es pasar más de una mano de pintura. Y luego le dan un terminado con aceite ($ 500). El reglamento exige que las chicas bikini estén adornadas. La bijou, llamativa, consta de caravanas, anillos y pulseras ($ 800). Usan uñas postizas ($ 1.100). El maquillaje debe ser profesional ($ 1.200). El pelo, largo y lacio, debe ir suelto ($ 700). El bikini, brillante, tiene que cubrir tres cuartos de los glúteos (de $ 2.000 a $ 30.000).

Las atletas de la categoría bikini exhiben su musculatura posando de frente, perfil y de espaldas. Cada posición se acompaña de un brazo extendido, que se agita imitando un aleteo. Las pasadas se hacen sobre sandalias de taco aguja de 12 centímetros ($ 3.000). La sonrisa es el accesorio más importante. A pesar del hambre, la sed y el cansancio, esos dos minutos exhibiéndose justifican la dedicación a un estilo de vida de 365 días al año que, en ocasiones, puede llevarlas al límite de la salud mental.

Bruno, el que guía a Sofía en esta transformación corporal, fisicoculturista él, explica: "Los hombres culturistas somos examinados del cuello para abajo pero, en las bikinis, los jueces se fijan en todo. Importa la belleza, la puesta en escena, la musculatura, tienen que agradar, los movimientos deben ser perfectos".

Cecilia Arambillete tiene 39 años y lleva 21 entrenándose. Foto: Francisco Flores
Cecilia Arambillete tiene 39 años y lleva 21 entrenándose. Foto: Francisco Flores

Es un certamen de belleza con el agregado del cuerpo trabajado. "Es eso", dice Bruno. "Que las chicas exhiban con su belleza el resultado del entrenamiento está salvando al fisicoculturismo como deporte y como empresa, porque esto ya no vende". Dice "esto" e infla su pecho de superhéroe.

Las salvadoras.

Un par de décadas atrás, el pequeño mundo del fisicoculturismo empezó a achicarse. Los cuerpos con más de 100 kilos de masa muscular dejaron de ser atractivos para las marcas, en especial los de las mujeres culturistas. Para rescatarlo de la decadencia, al fisicoculturismo se le agregó el fitness y al fitness le agregaron cada vez más categorías. De esta forma, mucho más accesible, se atrae a las chicas a las salas de musculación.

Así, a medida que la sociedad comenzó a aceptar que el de la modelo no es el único prototipo de belleza válido, la mujer empezó a imponerse en un terreno de hombres. Cada vez son más las chicas que se entrenan y compiten como atletas en las categorías bikini, coreográfico, wellness, body y women physique. Esta última es la que exige mayor masa muscular, pero no llega ni a los talones de los físicos de antiguas culturistas como Irene Andersen o Yolanda Hughes. Esos ya no existen.

Las nuevas mujeres fuertes trajeron más público a los torneos y volvieron a conquistar a los sponsors. Van a verlas sus familias, sus novios, sus vecinos. Incentivadas por varias figuras de Instagram que predican la buena alimentación y el entrenamiento como estilo de vida, generaron una movida que hace unos cinco años llegó a nuestro país.

Según una encuesta a federaciones que realizó la Secretaría Nacional del Deporte, en 2015 había 28 mujeres entrenándose. Dos años después, fueron 52 las que compitieron en la Federación Uruguaya de Fisicoculturismo y Fitness (FUFF), sobre todo en la categoría bikini, la que exhibe menos músculos. Desde afuera, este deporte puede parecer un peligroso culto a la estética, pero en la intimidad de un gimnasio, entre bajadas de presión, sudores fríos y llantos por la fatiga, se repite que las chicas que compiten en dos piezas sufren tanto como los fisicoculturistas. Mientras sean amateurs, deberán pagar para competir. Dicen que lo hacen "en nombre del amor propio".

De espaldas a un frigobar que enfría bidones con clara de huevo, rodeado de alumnos que levantan cientos de kilos, jadeantes por el esfuerzo, Bruno, el entrenador, se inclina hacia adelante y sentencia:

—Este es un deporte puramente estético, pero es 100% mental. El cuerpo va a donde la mente quiere.

Carolina Marsiglia (26 años, 1,63 de altura, 53 kilos, 9% de grasa corporal), campeona de dos certámenes internacionales, está a punto de convertirse en bikini profesional. Cuando esto pase, las marcas le regalarán aquello por lo que ahora paga. Siempre sonriente, asegura que el 70% del resultado depende de la dieta. El entrenamiento es intenso, pero es de una hora por día; el tema es mantener el hábito de controlar las comidas las otras 23 que restan. Aunque lucen saludables, la dieta hipocalórica hace que las chicas fitness siempre tengan frío y sientan cansancio. La poca energía que tienen la gastan ejercitándose. Ningún otro atleta se ve tan fuerte y se siente tan débil. Durante el día solo piensan en dormir, pero cuando llega la noche la ansiedad no se los permite.

Profesional: Marta Aguiar es la única atleta profesional del fitness local. Lleva 21 años entrenándose y 15 compitiendo. Foto: Fernando Ponzetto.
Marta Aguiar es la única atleta profesional del fitness local. Foto: Fernando Ponzetto

"En mi caso he llegado al 6% de grasa corporal", dice Cecilia Rodríguez (28 años, 1,58 de altura, 60 kilos, 12% de grasa), una atleta wellness que tiene las piernas como las de un luchador romano. Seis por ciento sale de su boca con una sonrisa prolongada.

—¿Cuál es la satisfacción que genera?

—No es sano llevar el cuerpo a ese extremo todo el año. Pero una vive para esto y verlo definido es lindo. Hay riesgos, sí. En la preparación a una le pasa de todo por la cabeza.

Zona de riesgo.

Marta Aguiar carga la sillita con su beba de ocho meses con una sola mano, a la altura del cuello, como si tuviera el peso de un gatito. Estamos en uno de sus dos gimnasios. Dentro, se ve esto: decenas de trofeos que tienen la forma del cuerpo de una mujer fitness posando, decenas de medallas redondas de todos los tamaños, decenas de copas doradas, decenas de acreditaciones con su nombre. Una gigantografía que la muestra de espaldas, y dice: "No estoy diciendo que será fácil… estoy diciendo que valdrá la pena". Un cartel con su cuerpo impreso y un hueco en la cara para que cualquiera pueda tomarse una foto y ser, por dos segundos, una mujer maravilla.

Marta, la única atleta profesional del fitness charrúa, especializada en la categoría coreográfico, dice que en su escuela la dieta no es tan exhaustiva y que ella no se deshidrata para competir. "Eso de no tomar agua es tan atrasado", suelta. "Yo te aseguro que entreno la mitad que ellas y llego mejor". En los torneos del resto del mundo, cuenta, las chicas toman Gatorade y Coca Cola detrás del escenario.

Por lo general son los entrenadores —en su mayoría atletas a los que les fue bien— quienes planifican las dietas de sus discípulas. Entre las entrevistadas, muy pocas se controlan con un médico y ninguna con un nutricionista. Patricia Jansons, nutricionista especializada en deportes, explica que esto es peligroso, porque las dietas a base de proteínas, si se exceden, "les dan más trabajo al hígado y a los riñones". Gastón Gioscia, médico deportólogo, agrega que debido a la reducción del consumo calórico, muchas atletas tienen alteraciones menstruales que pueden generarles trastornos ginecológicos. Un diagnóstico también común es la osteoporosis.

Eso no es todo. Gioscia dice que las consultas son pocas, pero que se dan entre mujeres que usan esteroides anabólicos para aumentar su masa corporal y quemar grasas. En algunos casos, para abaratar costos, se consumen hormonas de uso animal. "Tiene efectos adversos y hasta mortales", asegura. Aquí es cuando el mito de la mujer masculinizada por el entrenamiento toma forma: las hormonas masculinas generan vello facial, aumentan el tamaño del clítoris, suben el colesterol dañando al corazón, alteran la menstruación y conllevan problemas hepáticos, cardíacos y renales.

Soledad Cedrés, atleta fitness y vicepresidenta de la recientemente formada federación, FUFF, opina que la principal barrera que enfrentan las mujeres es la dificultad de aspirar a una categoría mayor debido al uso de anabólicos. "Vos querés llegar ser body y tenés que competir con chicas con cuerpos bestiales que son imposibles de lograr sin hormonas. Acá se consumen, sí, y mucho", dice.

A su lado, Leandro Pérez, excampeón de halterofilia y de fisicoculturismo, tesorero de la FUFF, cuenta que el año pasado murieron dos colegas, según el ambiente, debido al uso de esteroides. Antonio Osta, que defendía públicamente su consumo, murió a los 43 años tras una falla renal. Hugo Montesano, a los 33, por un problema hepático.

—Las personas que estaban en el hospital cuentan que lo entraron cinco veces al quirófano. Dicen que los médicos agarraron el hígado y se les deshacía en las manos —relata Pérez.

Esta mañana, Cedrés recibió un mensaje de WhatsApp con una lista de precios de esteroides. Entró a la cuenta de Instagram del vendedor y había decenas de fotos de estos productos ilegales. "¿Cómo puede ser posible que nadie controle esto?", plantea.

Sin control.

En su lucha por la supervivencia, el pequeño universo de los músculos locales recibe cada año una partida de dinero que le otorga la Secretaría Nacional del Deporte (SND) y que en 2018 fue de $ 100.000. Con ese dinero, y el pago anual de sus miembros, la Asociación de Fisicoculturismo y Fitness del Uruguay (AFFU) organiza desde 1985 tres torneos anuales, y ayuda económicamente a parte de los atletas seleccionados para competir en el exterior.

En este universo son pocos y se conocen demasiado. Luego de una serie de acusaciones cruzadas, un grupo de atletas decidió abrirse y en 2015 creó la mencionada federación que dirigen Cedrés y Pérez. Alberto Espasandín, coordinador del Área de Deporte Federado, explica que la SND solo reconoce una sola entidad deportiva por federación, por lo cual esta situación "está generando un problema, porque no se puede controlar el total de la disciplina". Para los atletas, en cambio, se amplió el mercado: ahora habrá el doble de torneos y, además, Marta Aguiar anunció que en setiembre realizará su primer campeonato.

En medio de este entrevero, ¿cómo se coordinan los exámenes antidopaje? Según Julio Cejas, vicepresidente de la asociación —la única reconocida por el momento— cada año comunican a la SND su agenda de torneos y esperan a que la Organización Nacional Antidopaje del Uruguay (ONAU) realice los exámenes, antes o en la competencia. Cada examen cuesta US$ 500, y como las muestras se envían a analizar a un laboratorio de Madrid, sus resultados tardan unos meses.

—¿Y vienen?

—Vienen de forma muy salteada —admite Cejas.

Dice que hace al menos seis años que no hay un dopaje positivo en su asociación. Según el registro de la ONAU, históricamente hubo 20 casos confirmados, pero no se realizaron controles recientes. El doctor José Veloso, su director, argumenta que la organización no ha recibido noticias de qué eventos se realizan en este deporte "en los últimos cuatro años", pero que sí sabe que muchos deportistas uruguayos "se van a competir a torneos en países donde no hay controles de dopaje para el fisicoculturismo y el fitness".

El año pasado, la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado e Interpol procesó a tres personas por vender anabólicos y contrabandear suplementos no autorizados por el Ministerio de Salud Pública (MSP). Entre los 16 deportistas investigados estuvo Marta Aguiar. Le allanaron sus dos gimnasios, su casa y esa noche tuvo que dormir en una celda.

—Me vino bien para terminar con las dudas, porque siempre se dijo que no podía tener este cuerpo sin hormonas. No encontraron nada. Es que no entienden que yo entreno desde hace 21 años.

Desde el MSP se reconoce que hay muchas compras de suplementos prohibidos y de anabólicos a través de internet. Quizás su consumo tenga que ver con la necesidad de permanencia que conlleva este deporte. Si el atleta logra destacarse, los torneos importantes comienzan a invitarlo y esas son oportunidades que no puede rechazar. Marta, por ejemplo, compitió embarazada de cuatro meses sin contarlo.

Bruno, el entrenador de Sofía, Carolina y Cecilia, dice que en este deporte no hay memoria. Todo es vigencia. Una escena como la mano de Dios de Maradona es imposible. La única forma de ser recordado es arriba de un escenario, siempre sonriendo, con la piel extremadamente fina pintada de dorado y la boca completamente seca.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º