Tiene treinta años, es bailarín y profesor de salsa; y ya en su manera de hablar se adivina una voluntad férrea que lo afirma en cada paso que da, a través del camino que se trazó, con el fin de cumplir su sueño, razón de vida. Para ello sabe que necesita crecer y seguir perfeccionando su pasión. Esto parece un lema repetido por muchos, aunque en su caso es una historia que inspira a no bajar los brazos ante ninguna adversidad.
Marcos Machado nació en San Carlos, Maldonado, y creció como el hermano menor de una familia numerosa. Desde pequeño aprendió el valor de la perseverancia y la voluntad, y con ese tesoro bien guardado en su equipaje, se prepara para iniciar una nueva etapa en Europa donde espera aprender el arte de sommelier –hace años que trabaja en hostelería para sostener su economía--, y perfeccionar su desempeño como bailarín y profesor de salsa. El visado de vacaciones y trabajo al que accedió, y que él siente como un premio tras tantos años de esfuerzo, lo llevará primero a España y de allí a Francia e Italia, donde pretende poder compaginar trabajo y estudios en alguno de ellos. Su propósito, aseguró, es sacarle el mayor partido a todo: bailar, tomar clases y seguir tejiendo su ruta hacia la meta.
Los primeros encuentros de Marcos con la música tuvieron lugar en la comparsa La Carolina en su ciudad natal. “Era chico y quería estar siempre cerca del tambor”, contó. Allí encontró ritmo, comunidad y un lugar seguro para desarrollar su talento. Intentó aprender a tocar el instrumento varias veces, hasta que se rindió ante la evidencia: lo suyo era bailar. “Sentía la chispa en el cuerpo. Bailé candombe, me encantaba, pero no me llenaba. Sentía que aún no encontraba mi lugar”.
Entonces comenzó a experimentar con otros ritmos. Aprendió a bailar en tanguerías de barrio, como El Caballo en Maldonado, adonde asistió todos los martes sin falta durante años. Fue el paso previo a descubrir su verdadera vocación: la salsa. Desde entonces, asiste a congresos y talleres, y toma clases con profesores que han marcado su carrera. El deseo de aprender lo impulsa, al punto de sentir que lo acompañará siempre. Solo por repasar algunos hitos de su carrera, comentó que en la última década se unió al grupo de salsa Timba Project de la mano de Javi Ríos, un cordobés afincado en el Caribe, con quien recorrió varios destinos populares en México, como Playa del Carmen, Tulum, Isla Mujeres, Holbox y Cozumel.
En su rol como profesor de baile, hace dos años comenzó a impartir clases en la academia École, Escuela de Ballet, y en el beach club de I;Marangatú, donde se ofrecen distintas actividades para sus clientes, como la Latin Sunset session, en la que Marcos coordina clases de introducción a la salsa y a la bachata.
Lo importante para él es no desaprovechar oportunidades. Entre otras actividades cabe recordar que participó en el Uruguay Salsa Congress, en clases con Franklin Díaz, con Naomi Kronberg, Candela Laluz, Romi da Silva, Nahuel Marín, y la célebre dupla, Marco & Sara, formada por Sara Panero y Marco Espejo, una de las parejas más influyentes en el mundo de la bachata sensual y moderna, a nivel internacional. “Todos son artistas que admiro”.
Bueno es señalar que para poder atender todas estas actividades, Marco trabaja para poder sustentarlas. Sus ansias por formarse y crecer le exigen sacrificios que no evade; de ahí que haya tenido que trazar estrategias para desarrollar su vocación y a la vez sostener su vida cotidiana. Fue así que desde hace años forma parte del team a cargo del restaurante Life Bistro, del Awa Boutique Design Hotel, donde se ha ganado el aprecio no solo de sus compañeros, también de clientes.
En este momento de tantos cambios, no solo en su vida sino muy especialmente en el contexto global, su mensaje para otros jóvenes que comparten su misma situación, es rescatar siempre algo positivo. “En lugar de pensar que algo va a salir mal, prefiero pensar lo contrario. Suelo decirme a mí mismo que los proyectos irán bien, que siempre es buen tiempo para replantearlos y buscar otras salidas, si se dan de manera distinta a la esperada. El riesgo siempre existe, pero pensemos en qué pasaría si todo sale bien. Esa inversión en la confianza, más que en la certeza, es parte de mi manual de vida”.
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