Eduardo "Lalo" fernandez
Otra vez la patota. Otra vez un muerto y si no se toma conciencia para terminar definitivamente con semejante caos, otros habrá.
Un simple aficionado fue a ver a su cuadro y tuvo la peregrina idea de ir con su esposa e hijo luciendo él un gorro y el hijo la camiseta de Cerro. Lo mataron salvajemente. La patota impune, los cobardes en grupo se han instalado en el fútbol ante la impávida mirada de quienes tienen que evitarlo. El monstruo creció. Nació bajo el rótulo de "los locos lindos" en épocas en donde la pasta base no se conocía, la marihuana la fumaban unos pocos y la coca era la vecina consumida por alguna elite en Punta. Saltaban asidos de largas banderas que ellos no podían pagar y ni siquiera miraban el partido. Pero ya eran violentos... tanto que a más de uno lo sacudieron por el solo hecho de estar en la misma tribuna y ser del equipo rival.
Fue el comienzo de los ghetos Amsterdam y Colombes y los dueños de cada territorio empezaron a cometer todo tipo de desmanes. Cuando no están se les extraña, tal es la costumbre de oír cuanta puteada se les ocurra. El cambio de generación con el espejo de la anterior agudizó el problema. La venta de los porros a 10 mangos bajo el viejo tablero se hizo voz populi, los peajes para ir al baño, las pungas, la pasta base, pasaron a ser moneda corriente. Pero tales tropelías no fueron obstáculo para que la organización se perfeccionara.
Toda esa idiotez ha sido tolerada por temor, intereses o demagogia. Temor porque si no se sigue apoyando con dinero y entradas la turba se enfurece y amenaza futuras palizas. Ya lo han hecho. Interés porque queda mejor un espectáculo con ruido y color aunque más vale que fuera de mejor calidad a riesgo de ser en blanco y negro y por demagogia porque algunos directivos de opereta predican que en su club son todos más vivos y guapos que el resto.
Ante el asesinato ¿qué medida van a tomar los mismos que han suavizado penas llegando al extremo de marcar diferencias para las sanciones si los líos son dentro o afuera de un estadio? ¿Los muertos son diferentes adentro que afuera? ¿Lo van a arreglar repudiando por escrito? ¿Qué tiene que hacer la policía con los patoteros asesinos, darle galletitas? ¿Qué hace la justicia?
Concluyamos con las palabras y las lagrimas de cocodrilo. O las autoridades del país terminan con los facinerosos y quienes los protegen o estos terminan con el fútbol.