Toscano, un artesano de la cuida

Radicado hace 25 años en Argentina, prioriza la atención personalizada del equino

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PABLO NÚÑEZ

No se anda con vueltas a la hora de las declaraciones. Va al grano, sin rodeos. "No me gustan que me la cuenten. Hace 25 años que estoy en la Argentina y no he faltado ningún día al stud. A los caballos que cuido, los conozco igual que al único hijo que tengo. Me gusta llegar al stud bien temprano para recorrer los boxes y ver cómo está cada uno de mis pupilos. Ojo que tengo gente de primera trabajando conmigo, pero a mí me gusta ocuparme de todo", enfatiza Orosmán Toscano, quien recorrió un camino que difiere con el de la mayoría para llegar a la cuida de los purasangres.

El denominador común de los compositores, relata la historia del peón que luego fue capataz y que después tuvo la oportunidad de pegar el salto y pasar a ser cuidador; o -el más común de todos los casos- el del jockey que tras colgar la fusta continúa vinculado a la actividad como entrenador.

Sin embargo, Toscano no transitó por ninguna de esas avenidas. "A los siete años iba a las carreras con un tío y a los 15 ya era propietario porque me regalaron un caballo que estaba roto de los sesamoides. Me lo cuidaba un gran entrenador, que fue Don Pedro Latorre", recuerda "Toto", el apodo por el cual lo llaman sus amigos.

Su constante presencia en las mañanas de ensayos y su cercana relación con los cuidadores que preparaban sus caballos, lo fueron seduciendo a lanzarse como compositor. "Empecé en el 84 cuidando caballos míos. Corrí pocas carreras y gané muchas. Un día vino Julio Fajardo y me dijo que tenía que ir a probar suerte a la Argentina, que él pensaba me podía ir muy bien. Al principio le dije que no, pero después cambié de opinión. En ese momento también era comerciante. Tenía dos fiambrerías y una panadería. Las vendí y me vine para acá", cuenta desde el otro lado del Río de la Plata.

Como quedó claro, Toscano hace hincapié en la atención personalizada del purasangre y por tal motivo se define como un "artesano de la cuida". "No sería capaz de cuidar 30 o 40 caballos. Soy muy observador y me gusta interpretar a cada uno de mis pupilos. No se puede entrenar a todos de la misma manera. Cada uno tiene su historia y el secreto está en saber comprenderlos. Por ejemplo, Claro Oscuro corre con dos partidas y nada más. Si le hacés algo más, te lo comés. Pero eso me lo enseñó él", confiesa sobre la forma de entrenar al caballo con el que acaba de ganar el Gran Premio Félix Álzaga de Unzué (G.I) en San Isidro.

"Nunca fui un cuidador muy destacado", continúa diciendo, "pero no por falta de condiciones, sino porque nunca tuvo muchos caballos", afirma quien actualmente cuenta con un plantel del 13 equinos.

Con 61 años, asegura que ha sido un ganador. "Pero no por el número de carreras, sino porque siempre he hecho lo que he querido", aclara. "Es lindo ganar un grupo uno, porque uno trabaja para eso, pero no es lo más importante. El balance de la vida pasa por otro lado", reflexiona.

Toscano, hace de la amistad un culto: "Pablo (Falero) es como mi hermano, pero no porque sea un gran jockey, sino por lo que es como persona. A mí no me interesa si él gana una o mil carreras". Y en el cierre de la charla, no descarta estar presente el 6 de enero en Maroñas con algunos de sus pupilos, aunque es consciente que lo costoso y lo extenuante del traslado son obstáculos difíciles de sortear.

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