Saludable cambio de mentalidad

| Jorge da silveira

Las actuaciones de la Selección en la era Carrasco marcan un cambio sustancial con relación a todo lo visto en los últimos años, más allá de los números ampliamente favorables en materia estadística.

Si uno pensaba hace pocos meses en la suerte de una Selección celeste integrada sin los jugadores que están en el exterior le auguraba pocas posibilidades y solo ante rivales de escasa jerarquía. Sin embargo, Carrasco enfrentó a Corea con dos jugadores de afuera, Recoba y Forlán, a Perú en Lima solo con los de acá, igual que a Camerún e Irak en este torneo de Teherán. Con Perú aquí solo vinieron Recoba y Ruben Olivera y una sola vez, ante Argentina en La Plata, hubo mayoría de jugadores del exterior.

Carrasco inculcó con convicción su idea futbolística y convenció a sus jugadores. Está claro que todos tienen que saber con la pelota, que quiere que la traten bien, abolir los pelotazos sin sentido, que se abra bien la cancha, que se llegue con una buena cantidad de hombres al área rival, que se juegue profundo y se defina con eficacia cuando llega el momento de encarar. Cuando no se dan las posibilidades no hay rubor en jugar hacia atrás y cambiar de frente. Se utilizan mucho y bien, jugadas preconcebidas. El equipo no pega ni protesta, no se tira ni hace tiempo, jamás reniega de su ambición ofensiva por más amplio que sea el resultado y adversas las condiciones climáticas y el estado físico, como se vio en estos días en Irán, donde había un calor agobiante y se jugó sin descanso adecuado tras viaje agotador. Hasta nos convenció Carrasco de que se puede tener una eficaz defensa si todos trabajan aunque no sean marcadores de raza. Por lo menos ante los rivales enfrentados. Cuando la pasamos peor fue en La Plata, ante Argentina.

Pero el cambio más importante, que hace posible los logros mencionados, está en la mentalidad de los jugadores. Carrasco manda, se hace respetar. Las reglas están claras, quienes las cumplen no tienen problemas. Siguen. Quienes no lo hacen o no respetan a las autoridades ni a la gloriosa cacasa celeste con sus actos, afuera. Como debe ser. En un deporte colectivo nada importante se puede conseguir sin disciplina, respeto y orden. Ya lo vimos en tiempos recientes, en los que llenos de nombres famosos nunca rendimos lo que se esperaba, quedamos afuera de varios Mundiales o clasificamos a último momento, con alguna ayuda ajena y enorme angustia.

Se acabó el drama. Fulano no puede o no quiere venir, no importa, juega Mengano. Si alguno se hace el loco sabe que ya no estará en los planes. Hasta ahora todo viene muy bien. No hay que enloquecerse, hay que tener mesura, la Eliminatoria planteará otras exigencias. De repente hay que hacer algún retoque, sobre todo frente a rivales fuertes.

Pero se vio hasta ahora un saludable cambio de actitud y mentalidad en futbolistas que en sus clubes tenían un comportamiento muy diferente. Ojalá sigan así.

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