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Un gol suyo dejó a Uruguay sin una Copa del Mundo, vive sin redes y tras retirarse se hizo maestro de reiki

Tras hacer el “duelo” de colgar los zapatos de fútbol, se reencontró con el deporte y es DT: “Empecé a tener de nuevo esas emociones”.

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Diego Quintana, autor de uno de los goles de Argentina frente a Uruguay en Malasia 1997.
Diego Quintana, autor de uno de los goles de Argentina frente a Uruguay en Malasia 1997.
Foto: Infobae.

Redacción El País
5 de julio de 1997. Estadio Shah Alam de Kuala Lumpur, Malasia. Uruguay y Argentina se midieron por la final de la Copa del Mundo Sub 20 en un partido lleno de estrellas y de jugadores que luego iban a brillar en el fútbol mundial.

Uno de ellos tal vez no logró trascender lo suficiente, o al menos fuera de fronteras, pero sí fue clave en aquella final y su nombre es Diego Quintana. Fue el futbolista que hizo el gol que valió el 2-1 final y por ende que le terminó dando el título a la selección albiceleste dirigida por José Néstor Pekerman.

Su carrera comenzó en Newell's Old Boys y luego defendió a Murcia de España, Instituto de Córdoba, Barcelona de Ecuador y Skoda Xhanti de Grecia. Su nombre, incluso, pasó desapercibido en la vecina orilla y todo por el hecho de que cambió su vida por completo tras el retiro.

“Fue el gol más importante de mi carrera, por todo lo que significó el hecho de haber convertido el segundo en una final, y más con ese grupo de compañeros”, recordó en diálogo con el medio argentino Infobae.

Con 33 años colgó los botines, y se mantuvo un tiempo alejado de las canchas e hizo el duelo de una manera distinta: viajó durante 40 días a China, Nepal y la India en un viaje de mochilero sin tener los lujos de los hoteles que frecuentaba cuando era futbolista, subrayó el medio digital.

Diego Quintana en el Mundial de Malasia 1997 defendiendo a Argentina.
Diego Quintana en el Mundial de Malasia 1997 defendiendo a Argentina.
Foto: AFP.

“Estuve por varios templos meditando y sinceramente ese viaje fue un antes y un después: comencé a experimentar vivencias cada vez más profundas de la cultura milenaria que existe en China, cambió mucho mi forma de ser. Estuve siete días en el Himalaya e hice base un día en el campamento del Everest con 15 grados bajo cero”, destacó el exjugador.

“Cuando me retiré, no quise saber nada con el fútbol. Entonces, no iba a la cancha ni jugaba partidos. Estuve desvinculado por completo hasta que nació mi hijo, que fue creciendo, lo empecé a llevar a fútbol y a los cuatro años me dijo: ‘Papá, quiero ir a la cancha’. De esta manera, fuimos a la de Newell´s y empecé nuevamente a tener esas emociones”, agregó.

"Me picó el bichito en la panza de vincularme nuevamente con el fútbol, y desde hace tres años comencé el curso de director técnico. En el 2023, estuve dirigiendo en otro equipo, en Central Córdoba de Rosario. Así que me siento muy bien, porque es mi hábitat natural", sostuvo.

Diego Quintana defendiendo los colores de Newell's Old Boys de Rosario.
Diego Quintana defendiendo los colores de Newell's Old Boys de Rosario.
Foto: Infobae.

Quintana también tiene un vínculo muy especial con el reiki. "Fue en el 2005 cuando estaba jugando en Ecuador. Recuerdo que un día fui a un shopping y pasé por una librería, y sentí que un libro me estaba esperando, que algo se despertó dentro mío y se conectó con la espiritualidad. Me topé con ´Las siete leyes espirituales del éxito” de Deepak Chopra. Ahí empezó mi camino espiritual. Me permitió conectarme con el reiki, y establecerlo como una filosofía de vida para gestionar el tema de las emociones".

"Así que hice mi primer nivel, pero por una cuestión de tiempo recién al otro año llevé a cabo el segundo y luego el tercero, hasta qué al regresar de Grecia me convertí en maestro. Desde ese entonces, lo sigo practicando, pero no ejerzo, lo uso más bien como una filosofía de vida propia", subrayó.

Ese estilo de vida también lo llevó a vivir sin redes sociales. "Lo tomó de una manera muy natural no usar las redes sociales, sino se pierde mucho tiempo. Lo veo a mi hijo que estamos hablando y le tengo que pedir por favor que deje el teléfono. Tenemos un programa en el celular que nos dice cuanto tiempo lo utiliza. A lo mejor está entre tres a cuatro horas por día, porque nosotros le restringimos el celular. Pero imaginate las personas que están todo el día usándolo; son horas y mucho tiempo perdido que no aprovechás para hacer cosas más productivas, por lo menos así lo veo yo", sentenció.

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