Víctor Hugo Diogo
El partido fue cambiante y agradable. Empezó mejor Peñarol, dominando la mitad de la cancha, aunque no llegaba a generar muchas jugadas de riesgo. Cuando Nacional había emparejado un poco llegó el gol de Cedrés que trastocó todo el desarrollo.
Me sorprendió gratamente en ese primer tiempo que los dos intentaran jugar y que no hubiera infracciones graves, lo que es raro en un clásico. En el segundo tiempo Nacional salió a buscarlo, pero Peñarol parecía tenerlo dominado. Con el gol de Abreu, Peñarol salió a buscar el resultado, porque no le servía empatar. Eso hizo que Tejera ya no tuviera los espacios que tenía y anuló en parte el buen trabajo de recuperación que hicieron Césaro y Rotundo.
Luego, en un error por desconcentración en una pelota quieta, Abreu metió el segundo y se generó el problema con Viera, que cambió el desarrollo del partido. Lo de Viera es una situación difícil de explicar porque, aunque festejó normalmente, lo hizo frente a la tribuna de Peñarol.
En el final Peñarol quedó expuesto, como era lógico y, si bien empató, siguió buscando generar jugadas para poder ganar, pero se salvó en algunos contragolpes de Nacional.