Un brindis por Mendoza

En nuestro país por lo general y en especial cuando juegan los equipos de Nacional y Peñarol, si no ganan, sus hinchas se enojan, protestan, critican acremente a sus jugadores, insultan al juez, etc., etc.

La intensidad de tales manifestaciones crece en proporción directa a la importancia del campeonato o partido disputado.

En razón de lo expresado era lógico esperar que si Nacional no ganaba su partido con Santos, que no sólo implicaba una derrota deportiva, sino también una importante pérdida económica, sus hinchas expresarían las tradicionales críticas a los dirigentes, al técnico que formó mal el equipo, y se equivocó en la táctica empleada y en los cambios; a los jugadores que no dejaron el alma en la cancha, ni transpiraron la camiseta; al juez que les robó el partido... etc., etc.

Nada de eso ha sucedido luego que el Santos brasilero eliminara a Nacional de la Copa Libertadores de América.

Es más, si se analiza el estado de ánimo tricolor luego de su honrosa eliminación hasta se puede aventurar la afirmación de que los que a San Pablo viajaron, dirigentes, técnicos, jugadores e hinchas regresaron, si no alegres, por lo menos un tanto orgullosos por la actuación de su equipo que dejó el alma en la cancha como a los uruguayos nos gusta.

Su entrega, su lucha impidieron una derrota en los noventa minutos reglamentarios, que todos los que saben veían como inevitable.

Nacional corrió de atrás. Asimiló un prematuro gol brasilero para luego convertir dos goles de antología que hicieron que el susto, los nervios y los recuerdos históricos pusieran nerviosos a los brasileños todos: público y jugadores.

Tan fue así que en todo el segundo tiempo no pudieron ellos hacer su necesario gol.

El empate fue el fruto de un gol en contra donde la suerte ayudó a los brasileños que a esa altura ya temblaban y no de frío.

Se fue a la definición por penales y Nacional perdió.

En el vestuario brasileño, luego que se les pasó el susto, todos brindaron.

Fueron justos.

Todos alzaron sus copas recordando a don Pedro de Mendoza, EL PRIMER ADELANTADO.

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