Cuando Sergio Rodríguez (36) pasa raya y hace un balance de lo que fue el año 2022 tiene que dividirlo en dos. Por un lado está la parte personal, la que le tocó vivir, superando una lesión, volviendo a lastimarse y finalmente recuperándose para volver a jugar. Por el otro, está la grupal, la del regreso de Danubio a la Primera División y clasificación, nuevamente, a una copa internacional.
“Después de haber hecho la pretemporada, en el primer amistoso me lesioné y me cambió todo porque no pude participar con normalidad”, reflexiona. Fue un año de ejercitar la paciencia y de esperar, para operarse y para recuperarse.
“Se me hizo duro vivirlo desde afuera de las prácticas y a la misma vez estar todo el tiempo con el grupo. Fue muy raro, nunca me había pasado en mi carrera estar tanto tiempo parado y, especialmente, tenía ese estimulante de haber vuelto a Primera División, con todo los que habíamos vivido los que habíamos descendido”.
Sin embargo, más allá de lo personal, el zaguero destaca el grupo que se formó en Danubio y a quien él se debía: “Es fundamental que haya es armonía para trabajar, química entre los compañeros, jugadores y también con los compañeros, funcionarios y todos los que estamos día a día en el club, que somos muchos y más de los que se ven, y creo que por ahí estuvieron las bases de por qué hicimos el año que logramos, con altibajos, pero creo que al pasar raya el balance del 2022 es favorable”, asegura.
Sergio reconoce que fue un esfuerzo compartido, que el Danubio de hoy no es aquel de 2007, hace 15 años cuando el club tenía superávit y era el mejor del fútbol uruguayo. “Tuvimos que darnos un baño de humildad y realidad para entender por dónde enfocarnos y tomar el asunto como se merecía. Había que estar sólidos y sumar puntos; tuvimos que entender que no estábamos para ir por un campeonato, sino para sumar y creo que eso fue gestándose y se terminó de una buena manera”, remarca.
No todo fue color de rosas, el cimbronazo de encontrarse fuera de la cancha, acompañando a sus colegas no impactó bien. “Sinceramente lo tomé mal, estuve muy angustiado todo el año. Pero intenté no manifestarlo, ni transmitirselo a todos mis compañeros e intenté a mi manera sobrellevar el día a día, entender que era lo que me tocaba. Me mentalicé como pude en sumar desde donde estaba”, detalla.
Para el futbolista, quien jugó en nueve equipos del fútbol argentino, el retiro se vislumbraba en el horizonte tras las lesiones: “Se me pasó por la cabeza, porque fueron muchos meses, con una recuperación muy lenta y dolores. Pero al final eran pensamientos e intento ser positivo y focalizarme en recuperarme. Lo que sucedió ya no lo puedo cambiar, pero hice y hago todo lo que está a mi alcance para recuperarme. Después el destino verá cómo arranca todo”, explica.
De todos modos, Sergio sabe que en su futuro, no tan lejano, será entrenador: “Hice el curso de técnico hace ya tres años, pero quiero seguir jugando porque en lo físico y mental me siento jugador de fútbol. Todavía tengo expectativas y deseos de cosas a cumplir con Danubio, que no se me apagan y mientras tenga perspectivas de mejorar, lo haré. Cuando llegue el momento de cerrar la puerta de futbolista y abrir otra, será de técnico o lo que sea, porque la vida sigue. Por ahora sigo en esta etapa”.
Nuevo año
Para el 2023, en la pretemporada que Danubio comenzará hoy, el defensa espera poder reinsertarse deportivamente y “volver a sentirse jugador de fútbol”, profesión que desempeña desde hace más de 25 años.
Este nuevo año también tendrá una novedad, Esteban “Coco” Conde, quien hasta ahora fue su compañero y amigo, cambió su rol y es el entrenador del equipo franjeado.
“Lo primero que nos generó, especialmente a los más grandes que lo conocemos de muchísimos años, es alegría. Cuando se supo que Jorge no iba a continuar, había varios nombres rondando, y sabíamos se viene preparando hace mucho tiempo. Él deseaba tener esta oportunidad de poder dirigir y más aún de hacerlo en su propio club”, revela Sergio.
Sin embargo, también es un desafío: “Tenemos que entender que tenemos que saber ayudarlo. No vamos a dejar de ser amigos y tener la química, pero ahora él es el técnico y nosotros somos los jugadores. Tiene que haber una distancia para ayudarlo a él y al colectivo en general, porque si le va bien a él nos va bien a todos”; indica.
Otra de las cosas que lo entusiasma de cara al nuevo año es la perspectiva de jugar una nueva Copa Sudamericana, que tendrá al equipo de la Curva enfrentándose a su clásico rival, Defensor Sporting, en la segunda semana de marzo por la primera fase del torneo.
“Siempre es lindo jugar este tipo de partidos con un rival así; nos vamos a preparar bien para lo que será todo el año, sabiendo que en marzo tenemos ese partido que será uno de los objetivos que tendrá el grupo y el club”, destaca.
Paradójicamente, Sergio es uno de los jugadores que repetirá, casi 18 años después, el partido de Copa Sudamericana que Danubio y Defensor Sporting disputaron en la noche del 23 de agosto de 2005, cuando un ciclón extratropical azotó Uruguay y el encuentro no se suspendió.
De aquella ocasión Sergio dice: “Es inevitable recordarlo. Es imposible no hacerlo, siempre nos quedó el recuerdo de que la naturaleza nos jugó una mala pasada ese día. Todos los que estábamos en la cancha ese día sabemos que si no hubiese sido por lo climático, esa eliminatoria no la perdíamos. Pero bueno, ligamos mal y hasta el clima tuvimos en contra”.
De todos modos remarca la rebeldía de los franjeados ante los violetas: “Cuando tuvimos que enfrentarnos en un partido definitivo en la Segunda División que era definitorio, nos lo quedamos nosotros. Creo que es parte del folklore y lo tenemos presente, Coco Conde atajó y estábamos también Ribaír Rodríguez y yo. Esperemos que esta vez en la Sudamericana nos toque a nosotros”.
“Reencontrarnos varios en el club fue espectacular. Volver a compartir plantel con Juan Manuel Olivera, Nacho (González), Riba (Rodríguez), Leandro Sosa, que si bien lo habíamos jugado juntos es parte de la historia del club. Ni que hablar del Coco (Conde) y al mismo tiempo teníamos a Dieguito Perrone y al Cabeza Javier Delgado en el club. Fue un mix de cosas que se complementaron, lo grupal, humano y familiar que se formó ayudó a sacar adelante un momento muy complicado en el que estaba el club desde todo punto de vista”
“Haber podido estar y ayudar al club a levantarse es un recuerdo inolvidable, porque llegamos en lo que fue tal vez el momento más complicado de la historia”.