Los Cardellino: de tal pito tal astilla

| Cuando el padre dejó el silbato lo recogió su hijo; ambos son también propietarios de sendas imprentas

SILVIA PEREZ

Juan Cardellino es árbitro desde 1991, pero se hizo conocido al debutar en el Estadio Centenario en el partido entre Rentistas y Nacional, por la quinta fecha del Campeonato Uruguayo Especial. Juan es el hijo de Juan Daniel Cardellino, un ex árbitro con una carrera de 20 años que se retiró en el 90 y que actualmente es miembro de la Comisión de Arbitraje de la Confederación Sudamericana de Fútbol e instructor de la FIFA.

A pesar del peso de su apellido no estaba en los planes de Juan ser árbitro. Tampoco fue a pedido de su padre que se inscribió en el curso de juez. El que le sugirió que lo hiciera fue, ni más ni menos, que Ramón Barreto, que en ese momento estaba en la escuela de jueces. Aunque parezca extraño, Juan no tiene problemas en admitir que el arbitraje no es lo más importante en su vida.

No fue sólo en el arbitraje que Cardellino terminó siguiendo los pasos paternos, sino también en la imprenta, negocio que su padre tuvo toda la vida y donde sigue hasta hoy. Sus dos hijos, Juan y Marianela, son socios en otra imprenta, de la que se ocupan a diario. Justamente, en una de las imprentas de la familia, los Cardellino, padre e hijo, se reunieron para charlar con El País.

—Juan: Yo jugaba al fútbol en el liceo, y cuando lo terminé me quedé sin la posibilidad de hacer deportes. Comencé a jugar al fútbol de salón, pero en algunos momentos en que no tenía actividad iba a entrenar con mi padre. Así conocí a todos los jueces y me fui metiendo en el ambiente. Aún así, no pensaba en ser juez, pero un día me trajeron el formulario y lo llené. Lo hice más que nada para seguir haciendo deportes y porque, en ese momento, pensaba que no tenía nada que perder. (Se ríe) Recién cuando empecé a arbitrar le fui tomando el gustito. De todos modos, el arbitraje no es lo más importante en mi vida. Hay árbitros que se mueren por arbitrar, yo no soy uno de ellos. Para mí es una actividad más, aunque eso no signifique que no la encare con seriedad y responsabilidad. Para mí es un trabajo, algo que hago para mantenerme físicamente y porque me divierte. Nada de dramas ni apasionamientos. No estoy constantemente pensando en eso. Trabajo todo el día en la imprenta y eso es lo más importante, al igual que mi familia.

—Juan Daniel. Yo comprendo lo que dice mi hijo, porque en mi vida el arbitraje fue tomando importancia con el tiempo, pero tampoco fue mi medio de vida, ni lo más importante. Siempre fue algo accesorio. Yo empecé en el arbitraje sin pensar que iba a ser juez internacional y a conocer muchos lugares del mundo por el arbitraje.

—Juan. Creo que eso influye, porque si estás arbitrando a nivel de elite, internacionalmente, te lo tenés que tomar de otra forma.

—Juan Daniel. Esta carrera está basada en la responsabilidad de cada uno. Los recursos que hay acá no alcanzan para ser un árbitro de primer nivel, depende de cada uno. De la responsabilidad con que se tome, y del estudio que uno le dedique.

—Juan. Acá cualquier árbitro de primera o internacional tiene su otro trabajo. Estás a mil y te queda poco tiempo para encarar las cosas con el profesionalismo que se debería. Lo peor es que te exigen como si estuvieras en Europa y fueras superprofesional. Mi padre trabajó siempre durante su carrera y yo hago lo mismo. Además, estudio arquitectura, me faltan dos materias para recibirme, y tengo una familia, esposa y dos hijas.

MALDITA TV. El arbitraje es una profesión difícil, sobre todo para la familia del juez. Juan lo vivió en carne propia cuando era niño y alguna vez tuvo que pelearse con sus compañeros de escuela por defender a su padre, sin embargo eso no influyó cuando llegó el momento de que él entrara a la cancha con el silbato en la mano.

—Juan. Se ve que no me entran ni las balas. (Se ríe). En la Escuela Brasil, de chico, alguna vez me peleé por defender a mi padre, sobre todo después de algún clásico. Estoy hablando de la década del 80 y me parece que en esa época no se hablaba tanto de los arbitrajes, con el tema de la TV todo fue cambiando. Cuando un partido es televisado, algún error siempre te van a encontrar.

—Juan Daniel. Antes el partido terminaba más rápido. Ahora dura una semana o más.

—Juan. Un ejemplo es que a la prensa le llamó la atención mi presencia porque fui al Estadio, antes había pasado inadvertido. Hay mucha gente que me aprecia y que se ha alegrado de que yo esté en el arbitraje. Esa gente sabe que uno se puede equivocar, pero que no está haciendo ninguna chanchurria. Porque hoy la gente tiene un gran lío en la cabeza y no sabe quién es el bueno y quién no, pero la mayoría son buenos y honestos.

—Juan Daniel. Me gusta que mi hijo sea árbitro, pero sé que es una actividad compleja y resistida. Me da muchos nervios verlo arbitrar y por eso lo he visto muy poco. Sé que el juez está expuesto a una cantidad de cosas, como estuve yo, pero una cosa es uno y otra los hijos. De todas formas, creo que lo está haciendo bien. No lo pude ver en el Estadio porque no estaba en el país, pero después vi el video y le encontré cosas positivas. Noté un crecimiento importante, al menos desde la última vez que lo había visto.

—Juan. Es una lucha que me vaya a ver. Por un lado, casi nunca está en el país, por eso cuando debuté en el Estadio le pedí a un amigo que me grabara el partido. Yo por un lado entiendo que no vaya, más él, que la gente lo conoce. Era bravo para nosotros cuando lo íbamos a ver a él.

—Juan Daniel. Llega un momento en que te tenés que ir de la cancha si no querés tener problemas. Aunque en Uruguay, generalmente, la gente es muy respetuosa. En comparación con otros sitios somos educados y mucho menos agresivos.

—Juan. A mí cuando me quieren relajar me dicen que no me parezco a mi padre. Yo sentí lo que significaba ser su hijo cuando me bajaron de categoría para presionarlo porque en ese momento él estaba en la escuela y en la Confederación Sudamericana. De todas formas, yo no siento ninguna presión y sé que aunque me comparen nunca voy a llegar a lo que fue él. Entre otras cosas porque me va a faltar tiempo por un tema de edad, pero además conozco mis limitaciones. Trato de hacer las cosas bien, con seriedad y responsabilidad para llegar lo más alto posible. Me gustaría llegar a internacional, pero debutar en el Estadio ya fue muy importante para mí. Sobre todo tratándose de un partido de Primera y con un grande. Estuve años para llegar al Estadio. Tendría que tener mucha suerte para llegar a internacional. De todas formas, tampoco me quita el sueño. Después de que me bajaron y estuve cuatro años en Segunda, pensé en no arbitrar más. Si este año no subía pensaba dejar y dedicarme a jugar al fútbol de padres en la escuela de mis hijas.

Enseñando a los hijos lo que se sabe

—Juan Daniel. Pasaron cosas que no vale la pena remarcar. Pretendieron presionarme con mi hijo y no lo lograron. Yo sabía que se podían dar esas situaciones. Lo otro es que lo comparan conmigo. Tiene algunas cosas que heredó y que sea árbitro es algo hasta lógico. Ha aprendido lo que yo sé, y no sólo en el arbitraje sino también en la faz laboral. Uno le enseña a los hijos lo que sabe. Me gusta que hayan seguido mis pasos. Tanto él como la hermana. Además, creo que es importante que siendo árbitro tenga un respaldo laboral. Eso da tranquilidad.

—Juan. Si no tenés cierto respaldo laboral la presión puede llegar a ser muy grande. Si el arbitraje es el único medio de vida, se complica.

—Juan Daniel. Y esa presión es contraproducente, aunque el ser profesional, como son los jueces en otros países, también es un respaldo. En Argentina los jueces ganan mucho dinero y eso también respalda. Por otra parte, el ser profesional permite otras cosas como mantener reuniones con los árbitros para marcarles sus errores y corregirlos. Acá eso no es posible porque no se le puede pedir al juez que disponga de varias horas para eso teniendo otro trabajo con el que cumplir.

Recuerdos

Juan Daniel Cardellino se encontró con Maradona en Maracaibo, Venezuela, en el reciente Sudamericano Sub 17 donde Uruguay fue vicecampeón. El ex árbitro se extrañó porque fue el propio Maradona quien se acercó a saludarlo. Cardellino le había arbitrado en varias oportunidades, incluso en el partido entre Brasil y Argentina en la Copa América del 89, pero no pensó que el ex crack lo recordara.

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