El final del partido tuvo un epílogo bochornoso. Después del pitazo final del argentino Héctor Baldassi, Carlos Bueno y Nicolás Rotundo salieron despavoridos a buscar al brasileño Aílton. Las actitudes del futbolista, sus protestas, sus quejas y sus caídas simulando faltas, alteraron a los aurinegros a lo largo de los noventa minutos. En una palabra: Aílton hizo "entrar" a todos.
Por otro lado, Gabriel Cedrés empujaba en las escaleras rumbo a los vestuarios al entrenador mexicano Hugo Sánchez.
Desde las tribunas comenzó la lluvia de proyectiles, algunos impactando en jugadores de Peñarol pero sin consecuencias. El clima se tornó hostil, caliente y pareció incontenible pero la policía logró ponerle punto final al insuceso cuando ya había cerca de medio centenar de particulares rodeando a los jugadores aurinegros.
El cierre del partido había sido violento, con codazos y empujones donde terminaron expulsados el mexicano Israel Castro (a los 80’) y Fabián Estoyanoff (a los 83’).
Los 35.000 espectadores reunidos en el estadio Olímpico terminaron saltando y cantando junto a Hugo Sánchez mientras la lluvia de hielo no dejaba de caer en la entrada del túnel hacia el camarín de los aurinegros.