Por Alberto Sobrero
El Buitre, el Matador del Parque, el Gurí. Esos son algunos de los apodos con los que se conoce a Gabriel Álvez (48), quien tuvo una gran relación de amor con el gol y Nacional, el equipo de sus sueños. En una entrevista con Ovación contó la gran presión que vivió ni bien arribó al tricolor en 1998, lo duro que eran los partidos con Peñarol en esa época y el emotivo recuerdo que tiene de Fabián O’Neill.
Álvez debutó en la Primera División de Defensor Sporting en 1993. Tras dos años en el violeta le llegó su primera gran oportunidad en el fútbol: Independiente de Avellaneda. “Me fui muy joven a Argentina ya que tenía 20 años. El fútbol argentino contaba con una calidad bárbara y se trató de un paso muy grande en mi carrera porque salté de un equipo inferior a un grande que ganó todo”, explicó.
Sin embargo, en 1998 tuvo una oferta que no pudo rechazar: la de Nacional. Álvez resolvió dejar el conjunto argentino para poder cumplir uno de sus grandes anhelos como futbolista profesional que era vestir la camiseta del conjunto tricolor.
“Ni bien me llegó la posibilidad no lo dudé porque mi primer sueño era poder jugar en Primera División y luego en Nacional, equipo del que soy hincha”, enfatizó con mucho entusiasmo.
En 1998 el tricolor tenía un gran objetivo: cortar el posible sexenio de Peñarol. A raíz de ello es que todo el plantel de Nacional de ese entonces padeció una “tremenda presión”. “Si perdíamos íbamos a quedar en la historia negra del club, porque no iban a importar los planteles de las cinco anteriores temporadas”, manifestó el exfutbolista.
“La gente estaba disconforme y se hacía sentir. Todavía, para peor, no arrancamos bien el campeonato. Pero por suerte el grupo que conformó Hugo de León (director técnico de Nacional en ese entonces) se hizo muy fuerte y después no paramos de ganar”, sostuvo el Buitre en lo que fue su primer campeonato que ganó con Nacional y sirvió para cortar el posible sexto título al hilo de Peñarol. Además, dio inicio a una relación de amor con los hinchas tricolores.
Álvez contó con tres etapas en Nacional. La primera fue desde 1998 al 2000, la segunda en 2003 y la última en 2005. En total sumó cuatro Campeonatos Uruguayos con la casaca tricolor (1998, 2000, 2005 y 2005/2006).
“Tuve la suerte de hacer muchos goles en Nacional. Me siento un afortunado porque pude darle muchos títulos al club de mis sueños de toda la vida”, indicó.
Una de sus víctimas favoritas fue Peñarol. El exfutbolista recalcó que vivía con mucha ansiedad el clásico ya que la semana previa era “divina porque la gente estaba a full”. “Nos hacían muchas notas y habían varios periodistas en los entrenamientos en la semana del partido con Peñarol. Esa presión, ese sentimiento me encantaba”, añadió el Buitre.
No obstante, afirmó que los clásicos de esa época se disputaban con demasiada fuerza y vehemencia. “Si esos clásicos se jugaban con VAR no se terminaban porque iban a darse muchas expulsiones. Se jugaba muy fuerte tanto de un lado como del otro. Eran a dientes apretados. Pero todo quedaba ahí, en la cancha. Porque Uruguay es chiquito y te los podías cruzar a todos, ya sea en la selección o en algún otro club”, argumentó.
”Los técnicos que me más me marcaron fueron Juan Ahuntchaín, Hugo de León y Ricardo Gareca”, aseguró el Buitre.
Fabián O’Neill
Álvez se definió como un centrodelantero que le gustaba “jugar libre” ya que podía caer tanto por la derecha, la izquierda o por el medio del ataque. Asimismo, mencionó a tres jugadores que a lo largo de su carrera lo ayudaron a que su relación con el gol se convirtiera en algo interminable.
“Rubén Sosa fue uno de los que me entendía sin mirarme, porque yo corría y sabía que él me iba a poner la pelota en el pie para que definiera frente al golero rival. También me pasó con Fabián O’Neill y Marcelo Tejera. Fue un gusto jugar con ellos y son parte de muchos de los goles que hice”, remarcó.
Álvez y O’Neill fueron compañeros en la selección uruguaya Sub 20 que disputó la Copa del Mundo de la categoría en Australia, en 1993. El Mago en ese momento se desempañaba como delantero y fue una de las grandes figuras de la Celeste, que quedó eliminada en los octavos de final a manos del conjunto local.
“Fue impresionante lo que jugó Fabián en esa selección”, afirmó el Buitre. “Yo lo sufrí porque jugaba de delantero y por ende no entraba nunca, él jugaba arriba con Petete Correa”, dijo con una carcajada sobre esa situación.
Se volvieron a juntar en 2003 en el tricolor cuando O’Neill volvió del fútbol italiano. “Tuve la suerte de jugar con Fabián en Nacional y en ese entonces él era enganche. Me metía todos los pases para que yo convirtiera los goles”, puntualizó Álvez.
Además del plano futbolístico, definió a O’Neill como una persona que tenía “un gran corazón” y que siempre estaba dispuesto a ayudar al resto.
“Siempre estaba atento con todo el mundo. Por ejemplo: ayudaba a todos los que estaban en la cocina de Nacional, ya que muchas veces a alguien le faltaba algo y Fabián aparecía y le decía: ‘Esto es para vos’. Tuvo un montón de esos gestos y a cambio de nada porque él solo daba”, recalcó.
Actualidad
En 2012 Álvez decidió ponerle punto final a su carrera como futbolista profesional en Rampla Juniors. El Buitre se dio cuenta que le costaba ir desde su casa en Atlántida hasta el Cerro de Montevideo, que no pasaba por un buen momento en lo futbolístico y por ello tomó la resolución de “colgar los botines”.
Antes de culminar su carrera como futbolista, Álvez llevó a cabo el curso de director técnico con el propósito de poder seguir vinculado al deporte que tanto ama.
Sin embargo, hace seis años que descubrió su nueva profesión: la representación de jugadores. “Un amigo abrió una empresa que se encarga de la representación de futbolistas en Argentina y me invitó a participar. De ahí me enganché y empecé con todo esto”, explicó Álvez.
A su vez, cuenta con una escuelita de fútbol para niños junto a Andrés Aparicio, con quien compartió equipo en El Tanque Sisley en 2010.
A Álvez no le gusta decir que es un exfutbolista, porque él asegura que será futbolista para toda la vida. Es por ello que le encanta jugar “algún picadito entre amigos” para despuntar el vicio de ponerse los cortos y los botines. Pero, por todo esto, es que no va muy seguido a la cancha a ver a su querido Nacional debido a que le dan muchas ganas de “meterse en la cancha”.
Sabe que su época como jugador profesional llegó a su fin. Se acabó ese momento en el que se ponía la camiseta tricolor y hacía festejar a los hinchas con sus goles.
No obstante, disfruta y mucho de otro momento muy especial de su vida: pasar más tiempo con su hijo, de 16 años, y de su nueva profesión en la que espera crecer día a día.