Ahapec Ckott Andrés Scotti

| De otro mundo: sin representante, y tomando mate a orillas del Volga, espera el pase a Italia

JORGE SAVIA

"Jugar en Rusia no es fácil. Cavenaghi entra y sale. Y en mi equipo está el "Chori" Domínguez, que fue jugador de selección en Argentina, y aunque hace dos años que llegó, anda ahí... la parte física le costó mucho, y también tuvo muchos problemas con el entrenador; tiene una condición técnica con la que hace la diferencia y la gente lo quiere, pero con el entrenador no hay caso: lo pone, lo saca. Y el entrenador allá es todo: es también el vicepresidente del club, el que contrata a los jugadores, el que decide quien cobra y quién no, y hasta es el que arregla las cifras de los contratos... Allá, además, es bravo por el rigor: ellos no corrigen, retan. Si perdiste, tenés la culpa y ya sabés que el lunes viene el castigo, como los nenes chicos: te matan en la cancha. Es terrible. Yo le he visto agachar la cabeza a jugadores de 35 años..."

PICADO

Después de su tercera temporada en el Rubin Kazan del fútbol ruso, Andrés Scotti podría ser considerado como "un jugador de otro planeta", no sólo por la exótica postal que —contrastando con los -8° con que ha llegado a jugar en invierno— ofrece en verano, pues "por suerte tenemos el Volga, que es el río que cruza mismo por el centro de la ciudad, y con mi señora agarramos el mate, vamos y, como hay una especie de playa, hasta nos bañamos". Ahora en su equipo hay también dos brasileños y "los jugadores rusos están contentos porque les hemos aportado cosas, como por ejemplo la alegría al entrenar; en eso les cambiamos la vida. Gritar los goles en los picaditos, o cargar a los arqueros cuando les metés uno al practicar tiros libres... ¡eso allá no existía! La primera vez que se lo hice al arquero, me miraba con una calentura que yo dije: ‘Este en cualquier momento me sale corriendo y me mata’. Ahora, en cambio, les vas a patear y ya te buscan, te gritan: ‘¡Eaa... acá estoy, pateáme!’ Incluso, cuando hacemos el típico picado del Uruguay, ellos se paran en el mismo puesto en el que juegan el fin de semana, el defensa de defensa y el atacante de atacante. Al principio yo me iba a jugar de delantero, y me gritaban ‘¡Scotti, sos defensor!’, no enten- dían nada. Y en esos partidos que faltan pocos minutos, vas perdiendo y estás complicado, hasta tuve algunos problemas con el entrenador, porque ellos igual siguen defendiendo con la línea de 4 y se quedan también los 4 volantes... yo les grito: ‘¡Váyanse p’ arriba!" En el vestuario les explicaba: "Es lo mismo perder 1 a 0 que 2 a 0’. Pero no se van. Recién ahora la están teniendo un poco más clara...".

EXPLOSION

En Kazan, que a una hora de avión de Moscú "es considerada como la ciudad de los tártaros", el ex zaguero de Wanderers y Nacional, se siente también hoy como en otro mundo, nuevo, transformado en forma casi explosiva poco menos que de la noche a la mañana, porque "aunque tiene 3.000.000 de habitantes, cuando yo llegué no tenía ningún shopping y había un solo supermercado, y ahora, en cambio, hay como diez. Y lo mismo pasó con los autos y el tránsito. En 2005 la ciudad cumplió 1.000 años; entonces, durante los 12 meses, en medio de grandes festejos, hasta del propio gobierno trataron de potenciarla y creció un disparate".

Además, cuando llegó a Rusia en 2002, el Rubin Kazan "había ascendido por primera vez en su historia en 47 años, y como terminó 3° y clasificando a la Copa UEFA, fue el gran batacazo de las últimas temporadas; algo impresionante. Y este año, aunque se fueron 14 jugadores, incluso 3 de la selección rusa, y contrataron poco porque quedaron muy calientes ya que con la inversión que hicieron en 2004 salimos décimos entre 16 y en la Copa UEFA nos eliminaron, hicimos una temporada mejor que cuando yo llegué, porque con menos equipo terminamos cuartos".

REPRESENTANTE

Pilar de un equipo que futbolísticamente ha "explotado" a la par de una histórica ciudad que "fue la última en adherirse a la antigua Federación Rusa", la vigencia de Andrés Scotti, hizo que tuviera propuestas de España y de Italia, y aunque esa "es una materia pendiente, ya que no se pudo concretar porque no tenía pasaporte comunitario", el zaguero piensa que "lo conseguiré este año". De ser así, pasará a ser un jugador de otro planeta para el fútbol actual, por otra causa: "Me manejo yo mismo, no tengo representante. Por desgracia, este es un tema que ha ido cambiando: en un principio los representantes empezaron dando una gran mano a los jugadores; hoy ya pasamos a depender siempre de los empresarios. Para hacer lo negocios, los clubes se terminan asociando con los empresarios y, entonces, el jugador ya pasa a tercer plano. Después que el entrenador del Kazan pidió el nombre de Scotti al verlo en un video del partido Nacional-Gremio por la Libertadores del 2002, yo fui a Rusia porque un empresario hizo de intermediario. La verdad, hizo todo muy bien, se portó bárbaro. Pero yo no sé en un caso así por qué un club no llama por teléfono al otro club, pregunta por Scotti y se hace el pase. Creo que es porque hoy en todo el mundo se manejan otra cosas... y se manejan y listo; hay que aceptarlas".

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