Manuel Oribe

Estamos ante un nuevo aniversario del nacimiento de Manuel Oribe, soldado de Artigas, héroe de la independencia y forjador de la Patria. Recuerdo apropiado en este año electoral, donde vemos que el Partido Nacional, inspirado en su espíritu se enfrenta decididamente y con grandes posibilidades de éxito, a la coalición frenteamplista.

Apropiado decimos porque si bien no debe pasar ningún 26 de agosto sin que se evoque su nacimiento en el año 1790, hoy nos encontramos frente a un acrecido motivo de evocación. La razón de ello es que el oficialismo "progresista" quiere dar la sensación de que el Uruguay y sus adelantos han nacido, en muchos sentidos, con este gobierno que se instaló el 1º de marzo de 2005.

El Brigadier General Manuel Oribe, en 1825 fue segundo jefe de los 33 Orientales que se lanzaron a la Cruzada Libertadora. Combatió por la América Republicana en 1827 en Ituzaingó. Presidió nuestro país desde 1835. Se constituyó en Defensor de las Leyes en Carpintería (1836). Entre 1835 y 1838 sancionó las primeras leyes nacionales de seguridad social. Instauró en 1838 la Universidad de la República. En 1846 abolió la esclavitud. Y, finalmente, en 1849, durante el gobierno del Cerrito reivindicó la figura de José Artigas.

Ante este cúmulo de hechos fundamentales, ante tales destellos de la figura que hoy visualizamos, resulta difícil señalar cuáles son los de mayor trascendencia ya que todos brillan en forma superlativa. Todos ilustran sobre el camino que nos marcó este hombre incomparable. Camino frecuentemente hoy no reconocido por quienes, como decíamos más arriba, aun careciendo de las credenciales necesarias, pretenden erigirse en iniciadores de lo que fueron en realidad iniciativas oribistas realmente visionarias pues pocos en su tiempo soñaban con cosas tan de justicia social como las leyes jubilatorias o la puesta en marcha de los estudios universitarios.

Manuel Oribe vivió 67 años. Su vida se apagó el 12 de noviembre de 1857. Pero su ejemplo es incomparable para todo el Partido Nacional. De él se puede decir lo que cierta vez expresó Marcel Proust de John Ruskin: "su luz nos sigue llegando como la de esas estrellas apagadas que aún brillan".

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