La fortaleza inexpugnable

Un castillo rodeado de empinadas murallas y profundos fosos, verdaderamente inexpugnable, similar a aquellos que mostraban las viejas películas sobre las andanzas de caballeros medievales. Así se presenta España en estos momentos para los uruguayos que pretenden ingresar a ella, ya sea por razones turísticas o familiares: como una fortaleza invulnerable.

Ayer volvió al Uruguay la última víctima del rigor con que las autoridades aduaneras de España controlan el ingreso de extranjeros a su país. (Suponemos que esta política no afecta solamente a los uruguayos; la prensa argentina ha publicado denuncias de ciudadanos de su país también expulsados sin miramientos de España y seguramente que personas oriundas de otros países sudamericanos, es decir sudacas, reciben igual tratamiento). Se trata de Estela Clavijo, que había viajado a Barcelona sólo a ver el nacimiento de su nieta. No pudo cumplir con ese tan natural y humano deseo: la deportaron por no llevar la carta de invitación. Con la Sra. Clavijo llegan a 52 los hijos de esta tierra expulsados desde los mismos aeropuertos españoles. Y mientras llegan noticias desde España de que similar política agresiva se lleva a cabo en busca de inmigrantes ilegales, las colonias de uruguayos radicados en las ciudades más populosas de la "Madre Patria" comienzan a movilizarse en defensa del derecho de los compatriotas a ingresar y permanecer en este país. El derecho a "ejercer libremente sus oficios y profesiones, poseer, comprar y vender por mayor y menor toda especie de bienes y propiedades, muebles e inmuebles", como reza textualmente el tratado de Amistad suscrito por los gobiernos de Uruguay y España en 1870, y que este país se niega a aplicar por considerarlo superado por otros tratados posteriores.

El gobierno uruguayo, cuyo canciller Gargano viajó a Madrid en busca de soluciones a este diferendo sin recibir ninguna respuesta positiva, y ante la gravedad de la situación, ha recomendado a sus ciudadanos evitar en lo posible viajar hacia el país europeo y sólo hacerlo por "razones extremas". También aconseja a los que, aún ante el cúmulo de dificultades que se levantan igualmente pretenden viajar, hacer las consultas en las agencias de viaje.

El panorama, tan desagradable y que afecta la sensibilidad de los habitantes de un país que mayoritariamente desciende de inmigrantes españoles, no parece mejorar en lo inmediato.

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