LA CLAVE
La sociedad uruguaya parece tener un problema de indignación selectiva. Hay causas que reciben una atención y un rechazo social comprensible, pero cuyos estandartes lucen llamativamente pasivos antes cosas igual o más dolorosas. Por ejemplo, las agresiones racistas sufridas por la atleta uruguaya Deborah Rodríguez, mientras entrenaba en el Campus de Maldonado. Un episodio bochornoso, que deja ver un racismo soterrado y vil que anida en sectores importantes de nuestra sociedad.