La discusión sobre qué ministerio debe hacerse cargo de la protección de los bosques nativos, muestra hasta dónde la burocracia estatal puede llegar en sus ansias de control y expansión. La realidad es que, pese a los vaticinios funestos de muchos “expertos” cuando comenzó el proceso de forestación, la superficie de monte nativo ha venido creciendo sostenidamente. La pregunta es, ¿por que cambiar algo que está funcionando bien? Es por motivos de fondo o para satisfacer algún ansia burocrática?