La difusión de las cifras oficiales de delitos ha vuelto a poner sobre la mesa un debate tan estéril como cargado de mala fe. Resulta que como los números no gustan, se cuestiona su veracidad. Eso por parte de la misma gente que generó la metodología, contrató a las personas para realizarlos, y hasta defendió esa forma de análisis de los delitos durante años. Ahora, como dan mejor de lo que esperaban, resulta que no sirven y hay que hacer las cosas de otra forma. ¿No es raro?
Delitos, datos y mala fe
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