La decisión del gobierno de “poner en suspenso” la apertura de una oficina de la ANII en Jerusalén es muy negativa para el país. Primero, significa privar a la principal oficina dedicada a la innovación de Uruguay de tener una base en la principal usina de innovación global. Segundo, es otra agachada del gobierno respecto a su base más radical e ideologizada, que odia a Israel, desde mucho antes del conflicto actual. ¿Quién pierde más con esto? ¿Israel o nosotros?