En plena campaña, y cuando la ciudad de Montevideo muestra un estado de abandono lacerante, la intendencia tuvo una idea brillante. Generar un protocolo contra el acoso. Este protocolo implica que los bares deben tener una zona especial, para que quien se sienta acosado pueda ir a aliviar su estrés, hallar confort y contención, y equilibrar sus emociones. Francamente, una estupidez mayúscula, que deja en evidencia la extraña escala de prioridades de la comuna frentista.