Tal vez tenga que ver con la histeria en torno al cambio climático, o sea un signo de los tiempos. Pero la cantidad de alertas meteorológicos a los que se está sometiendo a la población, es llamativa. Cuando no es el frío, es el calor. Cuando no son vientos huracanados, es sequía. Pero no pasa semana sin que haya alertas de algún tipo, que en la mayoría de los casos, no terminan en nada. El peligro con esto es que el día que la amenaza sea seria, nadie le va a dar importancia.