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HERNÁN SORHUET GELÓS
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La ganadería es una fuente de metano, pero dista mucho de ser la principal en el mundo.

En la cumbre de Cambio Climático (COP 26) celebrada en Glasgow, se anunció como uno de sus escasos logros la alianza impulsada por Estados Unidos y la Unión Europea y apoyada por un centenar de países, para reducir durante esta década un 30% las emisiones de metano (CH4) uno de los potentes gases de efecto invernadero.

Hasta ahora el foco principal y casi exclusivo ha estado en reducir las eliminaciones de CO2 a la atmósfera, por ser el principal causante del calentamiento global.

Este asunto nos toca muy de cerca porque el sector ganadero mundial es una de las fuentes de CH4, aunque dista mucho de ser la principal. Las principales están en el sector energético y en el sector vertederos (descomposición de la basura).

La industria del petróleo y el gas es responsable de la mayor parte del CH4 emitido anualmente, en especial por las fugas de los pozos petroleros y de gas, a lo largo de las extendidas redes de tuberías que trasladas los combustibles fósiles. Para tener una idea de esta realidad recordamos lo dicho por Myles Allen de la Universidad de Oxford: en 2020: las emisiones globales de CH4 de la industria de los hidrocarburos se ubicaron en 70 millones de toneladas, aproximadamente lo que la Unión Europea emite de CO2 cada año. Por lo tanto, no queda ninguna duda de que este es el sector prioritario hacia dónde se deben enfocar los mayores esfuerzos mundiales, porque además presenta el mayor potencial de reducción. Conocemos esta valiosa información gracias al moderno sistema de monitoreo satelital.

Si bien queda claro que para cumplir con la principal meta del Acuerdo de Paris -evitar que el incremento de la temperatura global planetaria alcance los 2º C para fines de este siglo-, habrá que hacer todo lo posible para reducir la liberación de CH4, esto debe ser independiente del principal esfuerzo que es lograr una baja sustantiva en las emisiones de CO2. Porque a menos que logremos controlar al dióxido de carbono con mucho éxito, las acciones reduccionistas vinculadas al metano no serán significativas para alcanzar los recomendado por los mejores científicos del mundo, reunidos en el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC).

Nuestro país no debe “dormirse en los laureles” porque el tema ya está en la agenda mundial -por ahora solo se firmó un compromiso entre algunos países.

Están en juego intereses nacionales de enorme importancia y debemos prepararnos para librar una dura batalla en el terreno técnico y diplomático. Este asunto exige que nuestro país implemente la mejor estrategia nacional posible, porque estos asuntos se dirimen al más alto nivel político de Naciones Unidas, dónde las reglas consensuadas son bastante rígidas, y nuestro peso específico es muy relativo.

Por eso esta lucha no se puede librar en soledad. Lo antes posible hay que identificar y conseguir aliados estratégicos para mejorar sustantivamente nuestras posibilidades de negociación.

A los ministerios de Ganadería, Economía, Relaciones Exteriores y especialmente de Ambiente les depara una ardua tarea de análisis y discusión, para diseñar lo antes posible una buena estrategia que optimice nuestras posibilidades de negociación en los foros regionales e internacionales.

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