Viviendas vacías y populismo

El populismo y la demagogia no conocen fronteras. Mientras en Argentina el tema del momento es la revocación de una ley de alquileres “kirchnerista” que ha destruido el mercado, y que pese a que pretendía beneficiar a los arrendatarios los ha perjudicado de manera trágica, en Uruguay el Frente Amplio va por el mismo camino.

En las últimas horas se conoció un proyecto que tiene presentado la bancada de senadores del Frente Amplio de la mano del senador Andrade, que es una muestra flagrante de la ignorancia de las leyes del mercado, y de los perniciosos efectos de voluntarismo legal.

El proyecto pretende atacar el problema de la supuesta falta de oferta de vivienda en Montevideo. Un problema que el Frente Amplio achaca a la cantidad de viviendas vacías que hay en zonas de la capital, en especial Ciudad Vieja, y que harían que la gente migre hacia otras zonas, con menos servicios.

El proyecto tiene todos los ingredientes que uno esperaría de un legislador del Partido Comunista. Ataca a la propiedad privada acelerando los trámites de expropiación, impone nuevos impuestos a quien tiene su propiedad vacía, y deriva más plata del contribuyente para “reconstruir” el Fondo de Vivienda. Estatismo, codicia impositiva, desprecio a la libertad de disposición de sus bienes del ciudadano, y voluntarismo dirigista. No le falta nada.

El problema central de esta mirada es que se niega a entender las reglas del mercado. Y cuya máxima expresión es que nadie sabe hacer mejor uso de sus bienes que su propietario. La pregunta que al parecer ninguno de los genios detrás de estos proyectos se hace es ¿por qué alguien que tiene un inmueble que seguramente vale mucho dinero, lo tendría vacío, generando costos y ningún beneficio? ¿Es tan estúpida la gente que no se da cuenta de eso?

Y la respuesta, claramente, es no.

Si hay viviendas vacías en la zona céntrica y Ciudad Vieja de Montevideo, es porque hay razones para ello. Y las mismas, a poco que se investiga, tienen que ver o con procesos sucesorios eternos y anacrónicos que tiene el país. O porque el mercado no está demandando propiedades a costo razonable en esa zona. O porque las leyes de arrendamiento no dan suficiente garantía al propietario sobre la conservación de su bien, como para que quiera arriesgarse a volcarlas a ese mercado. También se puede explicar el problema por la falta de préstamos que beneficien el costoso proceso de reconstrucción de viviendas antiguas.

Nada de esto se solucionará con las medidas que impulsa el senador Andrade. En el mejor de los casos lo que logrará es que la gente salga desesperada a vender esas propiedades, lo cual destruirá el valor de la zona, o que se apele a demolerlas para construir parkings y cosas que no requieran inversión.

De nuevo, al igual que ocurre con la ley de alquileres hoy en Argenti-na, o como sucedió en Uruguay con procesos de voluntarismo legal como el nefasto RAVE, con la intención de beneficiar al arrendatario, se toman medidas que a la larga lo perjudicarán a él y a la ciudad. Páginas perfectas del manual del populista demagogo, que tan bien manejan socialistas y comunistas en América Latina.

¿Significa esto que no se puede hacer nada desde el estado para mejorar este tema? En absoluto.

Hay muchas cosas que se pueden hacer para fomentar la renovación y llegada al mercado de tantas viviendas vacías que hay en la zona céntrica de la capital. Una muy simple: dar más seguridad, limpieza y orden a esos barrios, sería el primer aliciente para que más gente quiera vivir ahí, en vez de viajar horas a la zona costera de Canelones, por decir algo. O modificar el régimen sucesorio, que empantana durante años propiedades en un limbo improductivo. O estimular con beneficios impositivos a quien renueve estas viviendas y las vuelque al mercado.

Pero claro, estas medidas no le permiten al senador Andrade y al Frente Amplio replicar el mensaje simplista de que ellos son los superhéroes, que vienen a usar el azote del estado para combatir a los malos especuladores y propietarios, que con su codicia están dañando al pobre ciudadano de a pie. Toda una telenovela efectista y hueca, que la realidad termina siempre (¡siempre!) dando por tierra. Pero que cuando eso pasa, los culpables se encargan de mirar para otro lado con cara de yo no fui, o como aquel perro que gustaba mencionar el fallecido senador Fernández Huidobro, en una expresión que hoy le costaría una cancelación inmediata, y un curso de reeducación que financia la intendencia de Montevideo. Que para esas cosas, siempre tiene plata.

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