Una historia de nunca terminar

Hasta ahora las noticias que venían desde Argentina referidas a las elecciones primarias que se celebran este fin de semana, solo hablaban de la situación económica y de la fuerte disputa entre los dos precandidatos por la coalición opositora Juntos por el Cambio. No se decía mucho más.

En el campo oficialista, por otra parte, casi no hay interna pues corre un precandidato, Sergio Massa, con todo el apoyo del aparato kirchnerista contra un candidato radical de propuestas inverosímiles que juega el rol de canalizar el voto de aquellos que no se sienten cómodos con Massa. Esta bien que se rebelen, pero que no se vayan.

En esa interna oficialista se anuncian grandes cambios y son duros críticos a la situación como si fueran la oposición. Pero están en el gobierno, son sus ministros y pese a ello prometen arreglar mañana los desastres que día a día siguen haciendo. El precandidato dice que será el presidente que derrotará la inflación y desde hace un año es el ministro de Economía que no logra controlar ese flagelo.

En filas opositoras de Juntos por el Cambio, más allá de las habituales grandilocuentes promesas, los dos precandidatos (Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta) se cuidan de hacer promesas claras en lo económico. Hay algunas ideas que han trascendido, tienen buenos equipos trabajando detrás de cada uno de ellos y no parecen mostrar en ese terreno grandes diferencias. Pero no se sabe mucho más.

En estos días, sin embargo, se dieron a conocer algunas ideas respecto a como sería la política exterior de Rodríguez Larreta, en caso de ganar. Para quien analiza esas ideas desde la visión de los intereses uruguayos y sus vínculos con Argentina, con el Mercosur y con su necesidad de abrir mercados por fuera de la región, los mensajes emitidos dejaron una sensación de ambigüedad que, de antemano, no darían lugar a un excesivo optimismo.

Lo que dicen esos asesores es que no se vería bien que Uruguay continúe con sus esfuerzos por lograr una Tratado de Libre Comercio con China, por fuera del Mercosur al no abrirse otra posibilidad. En esa ya repetida actitud de hermano mayor que todo lo sabe, uno de los más calificados asesores de Rodríguez Larreta dijo que “también hay que decirle (a Uruguay): acordate de que Brasil y Argentina son tus socios”.

Lo dijo como si Uruguay necesitara que alguien se lo recordara. Ese es justamente el problema. Uruguay lo tiene clarísimo: son sus socios, pero ellos no abren el juego.

China es un comprador clave de productos uruguayos. La única razón, y por cierto muy valedera, por la cual Uruguay quiere hacer un acuerdo con China, es para que sus productos se exporten en mejores condiciones. Pero el cerrojo impuesto desde un Mercosur con fuertes reflejos proteccionistas, le ha impedido dar ese paso.

Desde Brasil, su presidente habla y habla, pero todavía no está claro qué quiere. Por momentos se comporta con la impostura de un gran estadista a nivel mundial, pero se maneja con un libreto que sedujo en el siglo pasado, aunque nunca funcionó y hoy ya es anacrónico.

Es verdad que los asesores de Rodríguez Larreta hablan de redinamizar el Mercosur, de poner en vigencia los acuerdos del bloque con la Unión Europea y buscar nuevos acuerdos de libre comercio. Pero por ahora no pasan de ser promesas, iguales a las ya repetidas a lo largo de los años y que nunca avanzaron.

Se hace muy difícil imaginar que algo cambie, razón por la cual Uruguay insiste en buscar otras alternativas. Jair Bolsonaro llevaba poco tiempo en la presidencia de Brasil, Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou recién asumían en sus respectivos países, cuando las noticias hablaban de avances definitivos en las tratativas con la Unión Europea.

Bolsonaro se fue y llegó Lula, en diciembre habrá nuevo presidente en Argentina, dentro de un año y medio serán las elecciones en Uruguay y respecto a ese tan mentado acuerdo todo está donde estaba hace cuatro años. Es altamente probable que en muchos otros temas, en caso de que gane tanto Rodríguez Larreta como Bullrich, las relaciones argentinas con Uruguay sean más fluidas. Le pasó a Tabaré Vázquez en el tiempo que le tocó convivir con Mauricio Macri: las hostilidades kirchneristas se terminaron.

Pero esos reparos señalados por los asesores de Rodríguez Larreta, ese suerte de rezongo diciéndole a Uruguay que recuerde quiénes son sus socios, no son por ahora, las señales que más quería escuchar nuestro país. Es como si siguiéramos en una historia de nunca terminar.

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