Una experiencia exitosa

Gobernar con una coalición de cinco partidos no es fácil. Ni acá ni en ningún otro lugar del mundo. Cada partido, aún dispuesto a buscar acuerdos para que el gobierno funcione, es celoso de su identidad y eso lleva a frecuentes roces, cuando no lisa y llanamente a duros choques.

Pero se puede hacer. Al llegar al último tramo de gestión de este gobierno, puede decirse que la experiencia fue exitosa. Se trata de un gobierno que exhibe una sólida lista de logros. Es notorio que el país cambió en sus funcionamientos, se modernizó y su economía se muestra sana. Y ello pese a que este gobierno no contó con viento a favor.

Debió enfrentar la pandemia, un duro golpe que se impuso a días de asumir, debió tomar decisiones en medio de una implacable sequía, debió pasar el período en que una parte de su población tuvo problemas por cuanto el agua disponible tenía un porcentaje no deseable de sal.

Cada uno de estos desafíos fue sorteado, a veces volcando recursos que no estaban previstos pero siempre afrontando con calma y firmeza las situaciones a medida que se presentaban.

Tuvo problemas serios que complicaron las cosas, y también las afrontó con aplomo, franqueza y claridad. El caso Astesiano no ayudó. No fue uno que manchó la reputación y la marcha del gobierno, por cuanto se refirió a la conducta personal (abusando de su cercanía con el poder) de quien fue custodio del presidente. Quedó en evidencia, en todo caso, que el mecanismo para designar personas para cargos así, no puede ser fruto de una simpatía familiar, sino que debe responder a una investigación a fondo del candidato antes de ser designado.

El caso Penadés afecta al Partido Nacional. Pero también se trata de la conducta personal, íntima (y delictiva) de un político que parecía vivir una vida paralela secreta, diferente a la pública. Como legislador era considerado un operador inteligente, hábil, que sabía dialogar con todos los partidos y por lo tanto era respetado y a lo largo y ancho del espec-tro político se le reconocían sus virtudes. Las políticas, por cierto. Lo ocurrido y lo que se ha ido sabiendo, no deja de ser escandaloso y grave. Pero al final, trasciende a la política y va a aquello que es oscu- ro e inexplicable en la condición humana.

El gobierno, y su partido, ha sido titubeante con el manejo de la crisis en la Comisión Técnico Mixta de Salto Grande. La conducta de su presidente no tiene justificación, le hizo un enorme daño a su partido y peor aún, desprestigió al quehacer político. Renunció, es verdad, pero como siguen allí muchos de quienes ocupan los puestos por él asignados, el escándalo no acalla. Una decisión tajante, tomada desde el primer día, hubiera enterrado el tema hace rato pero en la medida en que hay confusión, sigue sobre el tapete.

En este contexto de un gobierno que se movió bien en tantos terrenos y administró con habilidad política el manejo de una pentacoalición, es que el presidente Luis Lacalle Pou invitó a un encuentro de las bancadas de la coalición en Anchorena.

Hubo más clima de camaradería que de discusión política, lo que ayuda a afianzar el sentimiento de que la coalición importa. Para el presidente, ese clima es fundamental si piensa mantener ese apoyo en el Parlamento y cerrar bien su ciclo.

Para la coalición, es importante que estos encuentros corroboren que su funcionamiento ha sido fundamental. Dio trabajo, pero se hicieron bien las cosas.

Muestra además que más allá de la fuerte impronta personal del presidente, no ha sido un gobierno “presidencialista” como algunos observadores quieren señalar. Es imposible que lo sea, cuando el propio presidente sabe que toda iniciativa suya pasará a ser discutida, cuestionada, corregida y cambiada por cada uno de los partidos miembros, antes de llegar a un acuerdo final y votarlo. El rol jugado por el Parlamento ha sido crucial.

Ya no funcionan las “bajadas de línea” desde arriba que disciplinan a una mayoría a votar. Hay discusión, disenso, consenso y recién después acuerdo. Por último, el clima de camaradería observado en el encuentro es alentador hacia el futuro. La coalición debe seguir. El trabajo iniciado no termina acá, queda mucho por hacer y es necesario consolidar lo realizado.

Para ganar la próxima elección los partidos socios, sin renegar de su identidad, deben mostrarse ante la población como una coalición eficiente y que pese a dificultades naturales, puede ponerse de acuerdo y hacer que el país avance.

No es poca cosa.

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