Esta semana en Puerto Iguazú se realizó la clásica cumbre del Mercosur que se realiza cada semestre para realizar el cambio en la presidencia pro tempore del bloque, que en este caso pasó de Argentina a Brasil. Por cierto que el gran tema de este segundo semestre, en que la presidencia de la Unión Europea pasa a España y por tanto, a un país más cercano por su historia, afectos e intereses a América Latina, es la posibilidad de que se concrete de una vez por todas la sempiterna negociación comercial entre ambos bloques.
Uruguay viene planteando desde el comienzo de la presente administración en cada una de las instancias del Mercosur la necesidad de flexibilizar y modernizar el bloque, algo que parece evidente dada las enormes dificultades que ha experimentado tanto en su comercio interno como en su apertura al mundo.
El Mercosur no es ni siquiera una zona de libre comercio, ya que existen notorias dificultades para la importación o exportación de bienes entre los países que lo integran, y también evidentemente ha resultado un estrepitoso fracaso como plataforma de integración al mundo, convirtiéndose en realidad en la región más proteccionista del planeta. Todo esto es malo para todos los países del acuerdo, pero especialmente para Uruguay y para Paraguay, los que tienen la imperiosa necesidad de ampliar la escala de sus mercados internos.
En la primera instancia de la cumbre, la reunión de los cancilleres y ministros de economía realizada el lunes el Ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país Francisco Bustillo sorprendió con declaraciones particularmente claras respecto a la visión uruguaya del Mercosur.
El canciller afirmó que “sin ninguna duda” Uruguay tendrá que plantearse en “algún momento” qué clase de “pertenencia al bloque” quiere tener en un futuro. Y agregó: “Ya sea para modificar el propio tratado fundacional, o eventualmente plantearnos la posibilidad de dejar el Mercosur en su condición de Estado fundacional y pasar a ser un Estado asociado”.
Seguramente es la primera vez, o al menos de forma tan clara que desde una alta jerarquía del gobierno uruguayo se plantea la posibilidad del “Uruexit”, lo que no es caprichoso ni antojadizo, todo lo contrario. El gobierno uruguayo viene insistiendo hace tiempo en la necesidad de flexibilizar y modernizar el bloque, de que si no logra avanzar en acuerdos con terceros países se le permita seguir su propio camino y que, en definitiva, no sea una jaula que nos tiene encerrados contrariando el interés nacional.
Pasados ya más de tres años de la actual administración es razonable que se alce la voz con mayor claridad, como lo ha hecho el canciller Bustillo, planteando la misma cuestión de la pertenencia a un acuerdo que claramente ya no es funcional a los intereses del país de la forma que funciona desde hace muchos años.
El canciller oriental abundó en otras consideraciones de interés. Se refirió al “Zocosur”, sigla que significa Zona Común del Sur, porque afirma que el bloque es tan defectuoso que no puede llamarse Mercado Común del Sur. También agregó que: “No es menos cierto que transcurridos 32 años, si algo queda a la vista es que lamentablemente lo que hemos hecho es transitar por un camino que se ha apartado del artículo 1 fundacional del Mercosur que planteaba generar y recrear un mercado común en el término de cuatro años”. Y culminó: “ese período de transición ya lleva 32 años, lo que uno vislumbra que sería posible en el Estado actual del Mercosur es crear una zona de libre comercio, que en este caso he dado en llamar el Zocosur”.
El presidente Lacalle, por su parte, en la cumbre de presidentes realizada el día de ayer volvió a “llevar el cántaro a la fuente” según su propia expresión y, recurriendo a un dicho campero expresó que “somos todos buenos pero el poncho no aparece”. Volvió a reclamar la flexibilización y modernización del Mercosur y a expresar que es mejor seguir un camino en conjunto en materia de inserción internacional, pero si esto no es posible Uruguay va a seguir su propio camino de forma unilateral.
Sabemos que este camino ha tenido dificultades, por las presiones que ejerce, especialmente Brasil, sobre los países con los que Uruguay quiere concretar acuerdos, pero también sabemos que es el único camino posible que le queda a nuestro país para avanzar hacia el imperioso camino de la apertura comercial. Ahora el canciller Bustillo expresó que también hay otras cartas sobre la mesa, que nuestro país debe saber jugar con habilidad para lograr sus objetivos.