LA famosa Agencia Central de Inteligencia, ese servicio de espionaje de Estados Unidos, acaba de trasladar a dos altos funcionarios: ambos obtuvieron un destino nuevo y nada prometedor, como presumible castigo por los errores cometidos en la CIA alrededor de las armas de destrucción masiva que según la Agencia obraban en poder de Saddam Hus sein. El problema es que las armas nunca aparecieron, a pesar de que agentes de la CIA se infiltraron en Irak antes, durante y después de la invasión anglosajona, de manera que por el momento han cortado esas dos cabezas como reflejo de los enojos de la Casa Blanca y el Pentágono en torno al episodio.
HASTA la enfática Condoleezza Rice, assesora para Seguridad Nacional de la presidencia norteamericana, reco noció en una reciente entrevista te levisada que tenemos un jefe de la CIA que produjo una estimación de que Saddam tenía armas de destrucción masiva , según surge de un cable de Ansa y un informe del diario Los Angeles Times. Ese jefe de la CIA es el director George Tenet, que por el momento mantiene su cargo pero se encuentra en la mortífera mira de los halcones de Washington. En toda evidencia como lo explicó una fuente de la Casa Blanca a Los Angeles Times le han pasado completamente la pelota a Tenet , sal vando así la responsabilidad del Pentágono, que hasta días recientes era el principal acusado de haber afirmado la existencia de armas iraquíes que después no aparecen por ningún lado.
LO terrible es que la supuesta posesión de armas químicas, biológicas y nucleares en manos de Saddam, fue la excusa con que Estados Unidos y Gran Bretaña se lanzaron a invadir Irak sin contar siquiera con el apoyo del Consejo de Seguridad de Nacio nes Unidas. Ahora que ya pasaron muchas semanas desde el fin de las hostilidades, ese arsenal sigue es tando solamente en el papel de los documentos de la CIA, cosa grave en mérito a la cual desde Washington piden la cabeza de los responsables y desde el Capitolio se anuncia la creación de una comisión investiga dora del cuerpo legislativo, cuyos amplios poderes para examinar el caso de las armas iraquíes, se harán inevitables y amenazan con transformar este episodio en un escándalo capaz de reducir el tamaño histórico del caso Watergate.
Por el momento, aquellos dos jerarcas que la CIA trasladó, fueron enviados al exilio profundo según dijo uno de los colegas de los afectados. De acuerdo a ese funcionario, el ostracismo de ambos fue decidido por la cúpula de la Agencia para demostrar al gobierno que la CIA reacciona ante las acusaciones de Haberse equivocado .
MIENTRAS eso sigue su curso, el escándalo está aumentando su temperatura y el daño para la Casa Blanca puede ser elevado , y según señala otro funcionario hasta el director de la Agencia está en peligro de perder su trabajo , a menos que los numerosos piquetes de inspecto res que siguen operando en Irak, logren hallar en un plazo razonable una prueba contundente de los arsenales de destrucción masiva .
El caso se combina con otro es cándalo: el de la venta de uranio que Niger habría efectuado a Irak, una operación imaginaria fraguada por documentos que alguien falsificó, detalle que en marzo de 2002 fue comunicado a la CIA. Pero esa Agencia inexplicablemente no informó a la Casa Blanca sobre la investigación de sus enviados ni tampoco remitió una evaluación propia señalando que la información era falsa .
AQUELLA venta que no existía, fue otro de los datos que respaldó la presunción norteamericana de que Saddam avanzaba en su programa nuclear y se ha venido abajo junto con otras afirmaciones, cuando ya es tarde para haber ahorrado tantas muertes y destrucciones provocadas por el ataque sobre Irak. Un exanalista de la CIA justificó las fallas de gestión de esa central de inteligencia, advirtiendo ahora que la Agencia era blanco de una intensa presión para ofrecer pruebas contra Irak por lo cual se invitó a quienes tenían dudas, a callarse , porque según parece ningún analista que vistiera uniforme militar, tenía derecho a contradecir al vicepresidente, al secretario de Defensa o al secretario de Estado .
Y como sostuvo el columnista Ni cholas Kristof en The New York Ti mes, los ideólogos de la administración norteamericana se autoengañaron sobre el programa nuclear de Irak, y luego terminaron engañando al pueblo norteamericano .