Hace unas semanas el movimiento Un Solo Uruguay (USU) presentó el documento “Una patria para todos”, con el objetivo de llegar a un “gran acuerdo país suprapartidario” acerca de un conjunto de propuestas que considera significarán un cambio profundo que mejorará la vida de los uruguayos.
En primer lugar, USU plantea una reducción del gasto público, con la idea de mejorar la calidad del gasto y de obtener resultados medibles; luego, señala que se precisan políticas nacionales de desarrollo a través de una mayor competitividad de la economía; y en tercer lugar, quiere prestar atención a que se cumpla efectivamente con las garantías del estado de derecho y el respeto de la soberanía nacional.
Para lograr esos objetivos USU planteó, entre otras cosas, la creación de consejos técnicos, independientes y honorarios formados por expertos libres de militancia político- partidaria y que además posean formación terciaria; y poner en funcionamiento el Consejo de Economía Nacional (CEN) previsto en la Constitución.
En la presentación hubo reacciones favorables y señalamientos de diferencias: el senador Manini Ríos de Cabildo Abierto, por ejemplo, argumentó que hace tiempo que está solicitando que se forme el CEN; y una senadora del Frente Amplio (FA), en sentido contrario, resaltó que esa coalición estima que el Estado juega un papel importante por lo que debiera de seguir contando con recursos a través del gasto público para cumplir con sus tareas.
Más allá de la buena voluntad y de la pertinencia o no de algunas de sus ideas, detrás de algunos planteos de USU parecería haber una especie de negación de cómo funciona la democracia.
De entrada, queda claro que una preocupación relevante de USU no se cumplirá: no habrá un acuerdo país suprapartidario y general que apoye sus ideas. Es lógico y natural que así sea, ya que lo propio de una sociedad moderna y compleja como la nuestra es que haya disensos y diferencias, y que en muchos temas prioritarios del país existan distintas propuestas que, por sus características opuestas, no permiten alcanzar grandes acuerdos.
Para eso, justamente, es que vivimos en democracia: hay una instancia electoral en el que el pueblo elige qué camino tomar por cinco años, y a partir de allí se forma una mayoría parlamentaria que representa esa voluntad popular y que conduce el rumbo del país.
No hay que negar el disenso. No es lo mismo adherir al modelo cubano, promover en todas partes el protagonismo del Estado, y procurar sumar impuestos para aumentar la recaudación y dar más espacio de acción a los jerarcas públicos; que creer en la democracia representativa como único camino políticamente válido, poner en primer lugar a las personas con sus sacrificios y sus éxitos, y procurar que el gasto público cumpla con tareas relevantes del Estado a la vez que no se transforme en un Leviatán que todo lo invada. A esta altura de su militancia y actuación pública, USU debiera de tener muy claras esas características que hacen al Frente Amplio por un lado, y a la Coalición Republicana por el otro, y dejar por tanto de insistir con un quimérico acuerdo suprapartidario que no llegará nunca.
Es que detrás de algunos planteos de USU parecería haber una especie de negación de cómo funciona la democracia. Para el caso de la formación del CEN, por ejemplo: ¿qué puede aportar ese CEN de eficiente en la tarea del Estado y en el diagnóstico de situación del país, que no haya sido ya realizado a partir de los naturales contactos entre partidos y actores sociales que, sobre todo, se dan en el Parlamento que es donde reside la representación de la soberanía popular? O para el caso de la propuesta de la creación de consejos técnicos honorarios y sin vínculos partidarios: ¿cómo cree USU que es posible sostener en el tiempo un trabajo técnico dedicado y serio, sin pagar por sus tareas a personas que viven de su trabajo? Y también: ¿por qué suponer que un técnico sin militancia político-partidaria será más objetivo o menos sesgado que uno que sí la tenga ostensiblemente? Par ir a un ejemplo concreto: ¿alguien en USU cree, de verdad, que es menos izquierdista o más objetivo el análisis de un politólogo como Chasquetti, que no presenta militancia político- partidaria explícita, que el de una politóloga como Melgar, que es diputada del FA?
Más allá de la buena voluntad y de la pertinencia o no de algunas de sus ideas, el planteo de “Una patria para todos” llama la atención porque se saltea dimensiones relevantes de la lógica propia de una democracia, que deben ser siempre respetadas, y porque expone una ingenuidad impropia de gente seria y comprometida con el país como son los integrantes de USU.