Resulta difícil hacer una evaluación racional sobre el impacto que tendrá en el planeta el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Es tanta la pasión y encono que esta figura genera en los circulos intelectuales y periodísticos, que los ejercicios prospectivos sobre lo que implica este hecho histórico, suelen estar teñidos de un tono despectivo que impide todo acercamiento razonable al fenómeno.
Algo que en cierta medida es comprensible, ya que Trump ha elegido ubicar a esos estamentos como su gran adversario político, en una batalla cultural que viene ganando por goleada. Asimismo, que ha cargado contra muchos principios y valores centrales del diálogo democrático.
Ahora bien, más allá de simpatías o gustos es claro que, como lo han señalado desde la revista Time a El País de Uruguay, Trump es uno de los grandes personajes del año. Y su regreso cambia de manera dramática el tablero de la política global.
Para empezar, cambia su propio país, que verá un sacudón en su economía y su sociedad, incluso más profundo que el que tuvo en su primera gestión. Este nuevo Trump parece haber aprendido de muchos de sus errores, está rodeado de gente más capaz y leal, y parece que será mucho más efectivo a la hora de cumplir con su agenda. No hay que olvidar, además, que tendrá mayoría en el Congreso, y una Suprema Corte bastante alineada con su visión.
Tal vez donde más rápido se perciba el cambio de aire a nivel global sea en Ucrania. Trump ha dicho que puede resolver esa guerra en pocos días y hay señales claras de que tanto los rusos como los ucranianos están intentando acelerar sus campañas, para llegar a la fecha de paso de mando en la mejor posición posible para una negociación.
Todos esperan que Trump incline la balanza hacia Moscú o, al menos, que descargue el peso del apoyo militar de una guerra que ocurre en Europa, sobre los países de ese continente.
Pero una de las claves políticas de Trump es lo impredecible de sus estrategias, por lo cual, se puede esperar cualquier cosa.
Algo parecido ocurrirá en Medio Oriente, donde Trump ha apoyado sin medias tintas a Israel. Ahora se encontrará con un panorama regional muy diferente, con un Irán debilitado, y cuyo régimen no parece resistir mucho más presión. Hay versiones de que Trump podría endurecer el tono e incluso lanzar ataques directos contra Teherán. De nuevo, habrá que ver qué sucede en una región que en apenas un año ha cambiado radicalmente su realidad.
América Latina no figuró nunca muy alto en las prioridades de Donald Trump. Salvo a la hora de comentar sobre dos de sus obsesiones principales; la inmigración ilegal y el narcotráfico. Pero de manera algo sorpresiva (de nuevo, la sorpresa y Trump van de la mano), designó como Secretario de Estado a una hombre que conoce como pocos en Washington la realidad continental. Marco Rubio tiene posturas muy claras y es probable que el esquema de premios y castigos a regímenes amigos y democráticos versus las dictaduras de izquierda regionales, se profundice en los próximos cuatro años.
Allí hay una gran oportunidad para Uruguay, que habrá que ver si el nuevo gobierno uruguayo es capaz de aprovechar. Si nos mostramos como un aliado constructivo y abierto, hay mucho para ganar. Si nos recostamos demasiado contra Brasil y revivimos esa solidaridad mal entendida de la izquierda con regímenes como el de Cuba o Venezuela, dejaremos pasar otra oportunidad dorada, como ya ocurrió con el ALCA o con el TLC. Sería trágico.
Pero hay algo que Trump sin duda cambiará de manera drástica. Y es el esquema de consensos culturales afines a la izquierda que ha imperado en los últimos años. Temas como los impuestos globales, las miradas ambientalistas radicales, las cuestiones identitarias como eje de políticas públicas, claramente, pasarán a segundo plano.
Algo parecido es probable que ocurra con los ambientes de diálogo multilateral, que en los últimos años han sido copados por agendas ideológicas, con las que Trump tiene particular encono.
Todo esto implica riesgos y peligros. Además, un soplo de aire fresco, en ámbitos de discusión demasiado anquilosados y dominados por burocracias más preocupadas por su supervivencia personal que por resolver los grandes temas para los cuales fueron creadas.
En resumidas cuentas, es probable que en los próximos años haya un barajar y dar de nuevo en el tablero político mundial. Estará en nosotros aprovecharlo para beneficio de nuestra gente.