Un mensaje de odio

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Que las redes sociales son un cambalache donde se mezclan aportes valiosos con estupideces irrelevantes, mentiras vulgares e insultos procaces, no es sorpresa para nadie.

Con la práctica habitual de no seguir al que piensa distinto o bloquearlo, las personas se encierran en campanas de cristal (embarrado) donde reafirman y agudizan sus prejuicios y falsos paradigmas.

La función de los profesionales del derecho que participan de las redes debería ser la de romper esas campanas e invitar a debatir y pensar, sobre bases racionales. Por eso, resulta especialmente grave un comentario publicado por el doctor Juan Ceretta, que adhiere al Día Internacional de la Mujer con un mensaje de odio, enfrentando a las personas que dice homenajear.

Presentó dos fotos: una en blanco y negro de un grupo de mujeres de extracción humilde y otra a color, de la esposa del Presidente de la República junto a empresarias y profesionales que comparten con ella la responsabilidad de desarrollar el programa Sembrando.

El abogado, que es docente de la Facultad de Derecho de la Udelar, acompaña ese pretendido paralelismo antitético con un texto que dice “Tu 8M también depende del lugar donde te tocó nacer”.

La verdad es que es difícil no indignarse ante un mensaje tan desagradablemente discriminatorio. No es ni más ni menos insultante que los que abundan en las redes, pero la diferencia está en quien lo emite: en lugar de ser uno de esos anónimos que destilan veneno en las sombras, se trata de un profesional reconocido que, cualquiera sea su posicionamiento político-partidario, debería saber que lo único que logra con oponer una mujer a otra por su aspecto físico o por su forma de vestir, es menoscabarlas a ambas.

Estamos en una nación donde el hijo de un hogar obrero de la Teja pudo recibirse de médico y llegar a ser elegido por dos veces Presidente. Parece que algunos prefirieran que el nuestro fuera un país sin clase media, con pobres y ricos divididos en guetos.

Cuando la Constitución consagra en su artículo octavo que “todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes”, está expresando exactamente eso: no es la vestimenta ni mucho menos pauta estética alguna (siempre subjetivas y discutibles) las que determinan diferencias entre los seres humanos, sino sus valores intangibles.

Y esto vale tanto para el presidente de un país como para el más humilde de sus ciudadanos. Sugerir que una jornada de reivindicación de derechos de género como el 8M, ante problemas que afectan a toda la sociedad y se traducen en violencia e inequidad contra las mujeres, depende del lugar donde nacieron, implica reducir el reclamo a un materialismo ramplón, con aroma a resentimiento.

No parece propio (y menos aún de un abogado, que se supone que cree en la imparcialidad de la ley) dividir a las personas de esa manera. Resulta paradójico que utilice como expresión de villanía justamente a un grupo de mujeres que están impulsando el emprendedurismo en todos los rincones del país, porque de eso trata el programa Sembrando que lidera Lorena Ponce de León desde hace más de dos años. No sería raro que alguna de las señoras vilmente estigmatizadas en la foto en blanco y negro, pueda ser en el futuro beneficiaria de este u otros programas, que se sustentan precisamente en objetivos de inclusión y respeto a la diversidad.

Muchas feministas deploraron el mensaje del doctor Ceretta, porque en lugar de defender los derechos de las mujeres, elige el camino de enfrentarlas.

Y para cualquier ciudadano que profese una adhesión republicana a la institucionalidad democrática, es un mensaje repugnante por su tufo determinista, negador de la movilidad social y estigmatizante del diferente.

En cierta medida, lo de Ceretta reproduce el magisterio que nos dejó el ex presidente José Mujica, con sus comentarios despectivos sobre “platudos” y “cajetillas”, su alegre reivindicación de la ignorancia y su desprecio por los intelectuales “que nunca levantaron un balde de mezcla”. Es el mismo prejuicio que demostró el senador Andrade hace unos días, cuando fantaseó con que la legítima defensa de la LUC serviría para que un hacendado disparara contra un chiquilín que cruzara un alambrado para robar una manzana.

No han logrado entender que estamos en una nación donde el hijo de un modesto hogar obrero de la Teja pudo recibirse de médico y llegar a ser elegido por dos veces Presidente. Parece que en el fondo prefirieran que el nuestro fuera un país sin clase media, con pobres y ricos divididos en guetos. Aunque, pensándolo bien, a eso parecen haber apuntado en sus tres períodos de gobierno, por la manera como destruyeron la educación pública.

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