Un gobierno “luisdependiente”

El programa de streaming que estrenó nuestro diario anteayer, En Clave País, en solo dos ediciones ya marcó un notable protagonismo periodístico. En la edición inaugural del miércoles, el secretario de Presidencia Alejandro Sánchez se explayó en defensa del oficialismo, con el estilo claro y contundente que lo caracteriza, pero incurriendo en un incómodo cuestionamiento a los periodistas que lo entrevistaron: en dos o tres oportunidades deslizó que las preguntas picantes se debían a que alguien se las estaba pasando a través de los audífonos. Incluso llegó a bromear sobre el reclamo de tener él también uno en la próxima entrevista que le tocara con ellos.

La puesta en duda de la profesionalidad de Malena Castaldi y Joaquín Silva fue correctamente rechazado por ellos, pero quedó como un ejemplo de la reacción oficialista al rigor periodístico: de las preguntas incisivas uno no se evade gambeteando a los interrogadores, sino respondiendo con franqueza y respeto. Una de las ideas que largó Sánchez en tan reveladora entrevista tiene que ver con una especie de emplazamiento al expresidente Luis Lacalle Pou, para que en su próxima alocución, en un evento oficial del Partido Nacional, “convenza” a su colectividad de apoyar la rendición de cuentas.

Al día siguiente, el entrevistado central fue el presidente de dicho partido, Álvaro Delgado, quien apuntó con ingenio que, contra las críticas de que la Coalición Republicana es “luisdependiente”, parece más bien que es el actual gobierno quien profesa dicha sumisión.

El comentario es más que una ironía sagaz; a esta altura es una descripción de la realidad.

En la “catarata monstruosa de errores autoinfligidos” por el FA, al decir de Delgado, el contraste de la falta de liderazgo de Orsi con la consolidación de Lacalle Pou es tan notorio que se llega al extremo de que un dirigente relevante como Sánchez reclama al expresidente que apoye la menguada gestión del gobierno actual. Al mismo tiempo se conoció una nueva encuesta de Equipos, con un índice de desaprobación de Orsi que sigue creciendo, así como también un más que curioso trascendido de Informativo Sarandí que fue republicado por el portal frenteamplista de noticias Uypress: “Lacalle Pou llamó a Orsi en plena crisis por la camioneta y le recomendó bajar la exposición pública”.

Es improbable que ese consejo haya existido (Orsi lo negó terminantemente), pero el énfasis que puso el portal de Esteban Valenti en su divulgación da cuenta de la complicadísima interna del FA. Si semejante noticia la hubiera amplificado un medio independiente, de inmediato lo señalarían con dedo acusador. Pero al tratarse otra vez de fuego amigo, cabe preguntarse lo de siempre: ¿quién está boicoteando la gestión y con qué objetivo? Y en consecuencia, ¿es tan grave la crisis interna del oficialismo, que debe pedir una mano al líder de la oposición para destrancar sus disonancias?

La entrevista de ayer que Faustina Bartaburu y Malena Castaldi realizaron a Delgado develó esas profundas divergencias que separan a los enemigos íntimos de la interna frenteamplista.

El presidente del Partido Nacional hizo notar la ausencia de liderazgo y de coordinación, así como las agendas paralelas que llevan las tres cabezas del Ejecutivo, Orsi, Díaz y Sánchez.

No dudó en calificar a este gobierno como el peor desde 1985 hasta la fecha (nosotros lo pondríamos en competencia con el de José Mujica del período 2010-2015, cuya zozobra económica impactó negativamente en la segunda presidencia de Vázquez. ¡Siempre el MPP!).

A medida que sigue creciendo la desaprobación de Orsi, la “catarata de errores autoinfligidos” suma otros nuevos, un severo señalamiento que, para Delgado, no impide el respeto institucional y el afecto personal que le merece el actual mandatario.

La deriva del gobierno debe ser debidamente analizada por el sistema político. Especialmente a la oposición cabe la responsabilidad de no asumir actitudes triunfalistas ni arrogantes, sino tomar nota de las graves consecuencias que producen la ausencia de liderazgo y la inconsistencia ideológica.

Quedan por delante tres años y medio difíciles para el país, pero que darán el tiempo suficiente para pensar el futuro y diseñar una gestión proactiva y coherente.

Suele citarse la frase de Napoleón de que “cuando tu enemigo se equivoca, no lo interrumpas”. Pero agreguemos un deber cívico de la Coalición: marcar esos errores y aprender de ellos, para asegurar a los uruguayos un mejor mañana.

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