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El humor es un elemento central en cualquier sociedad. En particular, el humor político cumple un rol clave, nos permite canalizar ansiedades y frustraciones, y de alguna forma “aterriza” a aquellas personas que coyunturalmente ocupan cargos con poder en una sociedad democrática.
En momentos en que hay una notoria carencia de humor político en los medios “tradicionales”, esta veta que supo generar tanto talento de exportación en Uruguay, parece haber migrado a internet. Por ejemplo, existe un sitio web llamado “cascote news”, que tiene picos muy jugosos de humor. En su página hay titulares realmente muy logrados, como el que dice “Estalinistas confiesan sentirse avergonzados de los defensores de Tabárez”, o “El Frente Amplio organizará un taller de lenguaje inclusivo para averiguar por qué se alejó de la gente”.
En esta tesitura, un chiste de los últimos días, más allá de robar sonrisas culposas, invita a pensar sobre algunas cosas más profundas. Hablamos de uno que señala que “Tras chocar dos autos y resultar positivo en la espirometría, Marcelo Abdala será candidato a intendente por el Partido Nacional”.
En particular, esta broma nos obliga a analizar el doble rasero que existe en el estamento cultural y mediático del país, a la hora de analizar episodios que lucen muy similares.
La referencia no es a la ligera. En los últimos años, a nivel periodístico, comunicacional y cultural, se insiste en asociar a dirigentes del Partido Nacional con el consumo excesivo de alcohol. Al intendente Botana, se le pegó de todas las formas imaginables por criticar la medida de tolerancia cero al alcohol. Una crítica bastante razonable, vale decir, ya que ningún país desarrollado tiene algo parecido. Pero de golpe, Botana se convirtió poco menos en un adalid de la borrachera, y cada periodista con dos minutos en radio o TV lo asoció con eso de manera frívola.
Ni que hablar lo que ocurrió con el ex senador Bianchi del Partido de la Gente. Tras protagonizar un choque, y que se le detectara 1,3 gramos de alcohol en sangre, pasó a ocupar un sitial de honor en el olimpo de los criminales de guerra de la humanidad. Debió renunciar al cargo, fue expulsado de su partido, y fue objeto de meses de escarnio público.
No es que eso esté mal “per se”. Pero comparemos esto con lo que acaba de suceder con el presidente del Pit-Cnt, Marcelo Abdala. Protagonizó un accidente en plena tarde del coqueto barrio de Punta Carretas, al embestir dos coches. Y al ser analizado por la Policía, presentó un registro de más de 1,5 gramos de alcohol en sangre.
¿Cuál fue la reacción popular, periodística y cultural? En general, se le justificó con que tenía “problemas personales”, se dijo que era una bajeza ingresar en temas privados, y se lavaron sus culpas por el hecho de que pidió licencia en su cargo en el Pit-Cnt. No está claro si también pidió licencia de su rol en el gremio metalúrgico, que le permite cobrar un sueldo desde hace muchos años, sin tener que trabajar.
Lo que está claro es que (salvo los amigos de “cascote news” que se la jugaron) no hubo ni el 10% de virulencia en el tratamiento de esta noticia que en las otras mencionadas. Y que es muy poco probable que alguna murga modifique sus textos a último momento para tratar este asunto, como sí hicieron varios conjuntos, para “pegarle” al periodista Ignacio Álvarez, por la difusión de unos audios íntimos.
De hecho, es muy llamativa la diferencia de sensibilidad ante estos audios con, por ejemplo, aquellos que protagonizaba el intendente Moreira. Se podrá decir que era un funcionario público, y que allí había algún tema que afectaba a la función. Sí. Pero cuando un informativo central, pasa en pleno horario pico, 4 y 5 veces un audio con explícitas connotaciones sexuales, y alguno de sus responsables ahora sale en las redes abochornado por lo que emite un colega, es difícil no ver allí un doble juego muy poco ético. Un detalle interesante de todo esto, es que quienes más azuzan este doble rasero, quienes ostentan un criterio más sectario a la hora de manejar el humor y la indignación puritana ante ciertos temas, son quienes más se quejan de que los medios los perjudican, le hacen un “blindaje mediático” al actual gobierno, y todas esas pavadas. Es difícil saber si es de pura hipocresía, o si realmente se creen eso.
Vale recalcar, como decíamos al principio, que el humor es algo maravilloso, y el humor político todavía más. Pero analizar la diferencia de sensibilidad y pasión que se pone en el mundillo comunicacional local a la hora de usar estas herramientas para censurar a unos y otros, es un ejercicio casi tan necesario.