Un cierre negativo

El 2025 termina siendo para el Frente Amplio un año francamente malo. Malo en resultados, malo en gestión y, sobre todo, malo en expectativas hacia el futuro. A poco de haber asumido el gobierno, la acumulación de improvisaciones y pasos en falso ha ido erosionando las expectativas incluso de los más entusiastas. Todas las encuestas muestran un deterioro alarmante para una administración que lleva menos de un año y lo mismo puede decirse sobre la Intendencia de Montevideo, lo que completa el lúgubre panorama .

El propio presidente ha reconocido públicamente sus errores. No es un dato menor. Admitirlos tan temprano en el mandato no habla de humildad, sino de desorientación. El problema no es el error puntual sino la reiteración. Salidas en falso, desconocimiento de temas centrales de la agenda pública y decisiones mal calibradas han ido construyendo la imagen de un gobierno que reacciona más de lo que conduce, que mal administra el día a día sin un rumbo claro.

El caso del equipo económico es paradigmático de esa deriva. A contramano de una promesa electoral explícita y reiterada de no aumentar impuestos, a los pocos meses de gestó se legisló para incrementar la carga tributaria directamente sobre empresas y trabajadores. Se prometió alivio y previsibilidad, y se entregó más presión fiscal. Se prometió responsabilidad, y se optó por el camino fácil de recaudar más en lugar de gastar mejor.

En esa misma línea se inscribe la reciente decisión de modificar el régimen de devolución de aportes al Fonasa, reduciendo en los hechos lo que reciben miles de contribuyentes que habían aportado de más. Presentado como un ajuste técnico, el cambio no es otra cosa que un aumento de impuestos encubierto, impulsado por la necesidad de tapar agujeros fiscales que el propio gobierno se encargó de agrandar. El mensaje es claro y preocupante: cuando faltan recursos, se vuelve a meter la mano en el bolsillo del contribuyente. El ajuste fiscal de este año, que Oddone prometió que iba a ser el único hace pocos días, resulta que tendrá una segunda parte el año que viene sobre decenas de miles de uruguayos a través del Fonasa. Mala cosa para una gestión ya cuestionada en su credibilidad.

En política exterior, el balance es aún más inquietante. El canciller ha protagonizado episodios que han dejado a Uruguay en una posición vergonzosa a nivel internacional. La negativa a condenar con claridad a la dictadura venezolana no es una cuestión ideológica ni un matiz diplomático: es una renuncia explícita a una tradición básica del país, basada en la defensa de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho. El resultado ha sido un aislamiento innecesario y una pérdida de prestigio internacional que resulta patética y dolorosa.

Pero si el panorama nacional es deslucido, el nivel municipal no se queda atrás. En Montevideo, la gestión de Bergara ya muestra, en apenas meses, una alarmante continuidad con décadas de ineficiencia frenteamplista. El reciente colapso del sistema de recolección de residuos, tan predecible como inevitable para el Frente Amplio, con contenedores desbordados durante días en numerosos barrios, no fue producto de una catástrofe natural ni de un hecho excepcional, sino de una combinación tristemente conocida: mala gestión, paros sindicales y ausencia total de planes de contingencia.

Las explicaciones ofrecidas por la Intendencia -feriados, conflictos sindicales, picos estacionales de basura- ya no convencen a nadie. Son las mismas excusas que Montevideo escucha desde hace décadas, mientras la ciudad se degrada y la mugre se naturaliza como parte del paisaje urbano. Que esto ocurra nuevamente en plenas fiestas de fin de año, cuando la ciudad recibe visitantes y cuando los montevideanos buscan disfrutar de sus barrios, es algo más que una molestia: es el símbolo de un fracaso sin levante.

Visto en conjunto, 2025 deja una imagen clara. Un gobierno nacional que prometió una cosa y hace otra; que se contradice en materia fiscal; que pierde credibilidad moral en política exterior. Y un gobierno departamental que confirma que el Frente Amplio no ha aprendido nada de su prolongada incapacidad para gestionar la capital del país.

El problema no es un error aislado, ni una coyuntura desafortunada. El problema es un patrón y es la inutilidad de la izquierda para gobernar cuando no le toca una bonanza caída del cielo como entre 2005 y 2015. El año termina, pero la sensación es que el tiempo -y la paciencia ciudadana- se están agotando.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar