OCURRIERON cosas graves durante el año que pasó, y lo más grave es que la esfera de las noticias suele alimentarse de los acontecimientos sombríos y no siempre de los hechos jubilosos. Pero así está diseñado un sistema que considera en primer lugar las catástrofes y recién después los sucesos festivos. A lo largo de 2003, la guerra de Irak marcó desde el 20 de marzo un tropiezo funesto en el calendario de la coexistencia entre los pueblos, porque un gran enfrentamiento armado es una calamidad a la que no escapan las víctimas inocentes (es decir, los civiles) por más que los responsables militares se esmeren por señalar que se evitará todo daño colateral. Esa guerra de Irak, motivada por la presencia de un gobernante indeseable como Saddam Hussein, tuvo excusas difícilmente sustentables, desde la existencia de armas de destrucción masiva (que jamás se encontraron) hasta la relación de Saddam con los responsables de los atentados de setiembre de 2001 contra Nueva York (que nunca pudo probarse) o el papel de ese déspota como peligro para otros países de la región (suposición que puede ser sumamente discutida).
Aunque el 1o. de mayo se anunció el fin de dicha guerra, la posguerra conoció un reguero de sangre, una hilera interminable de atentados, el surgimiento de una resistencia iraquí, el agrupamiento de fuerzas nativas que se oponen a la ocupación extranjera y la penuria de la población local, que sigue padeciendo falta de servicios esenciales y a ello añade el miedo ante la violencia y la inseguridad de futuro, panorama en el que se inscribe un gobierno propio que por el momento luce tambaleante. Pero el año 2003 conoció otros hechos que la política y la cultura deben señalar: el gobierno cubano de Fidel Castro procesó a 75 disidentes en abril, dándoles largas penas de cárcel, pero además condenó a muerte a tres responsables del intento de secuestro de un transbordador, severidad que buena parte del mundo supo condenar en su momento.
TAMBIEN en abril se divulgó el desastre de los saqueos al Museo Arqueológico de Bagdad, a la Biblioteca Nacional de esa ciudad y al Conservatorio de Música, provocando pérdidas irreparables que no fueron evitadas por las tropas de ocupación y se convirtieron en una de las mayores vergüenzas culturales del mundo en los últimos tiempos. En mayo, el peronista Néstor Kirchner ocupó la presidencia de Argentina y emprendió una tarea de gobierno que ha dado a su figura un perfil polémico, donde el temperamento fogoso se asocia con sesgos de populismo y el combate a la corrupción se cruza con discutibles actitudes ante mandatarios y jerarcas extranjeros. En julio murió en Inglaterra el científico David Kelly, en lo que se anunció como suicidio bajo las presiones derivadas de su declaración acerca de que el gobierno británico había exagerado las amenazas iraquíes para justificar la guerra en ese país. El caso Kelly ha seguido pareciendo vidrioso y fue una de las piedras más molestas en el camino de Tony Blair.
Entre julio y agosto, la inusitada ola de calor del verano europeo mató a unas 20.000 personas y figuró como anuncio de lo que podrán ser los veranos boreales del futuro si la contaminación atmosférica (y su consecuencia más temible, el efecto invernadero) no se frenan debidamente. En octubre, las autoridades de Israel votaron a favor de continuar la construcción del muro de seguridad que rodeará Cisjordania, un emprendimiento que ha despertado críticas a escala mundial y que se alza como el efecto más visible del conflicto entre israelíes y palestinos, penetrando en muchos puntos dentro de los territorios ocupados y dividiendo comunidades. También en octubre fue elegido el actor Arnold Schwarzenegger como gobernador de California, consagrando así a un candidato famoso por el talento de su masa muscular.
BUENAS cosas ocurrieron en 2003 al margen de esos cimbronazos. La iraní Shirin Ebadi fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz por su activismo en favor de la paz y los derechos de las mujeres, las enormes protestas campesinas de Bolivia se zanjaron con un cambio de presidente y un acuerdo entre el gobierno y las fuerzas populares, demostrando que las treguas pueden ser más rendidoras que los choques. El papa Juan Pablo II cumplió las bodas de plata en su pontificado y de paso beatificó a la madre Teresa de Calcuta, que fue hasta hace seis años una reliquia viviente de la catolicidad.
Las patentes más altas
El Frente Amplio, desde la Intendencia Municipal de Montevideo, se ha hecho merecedor al premio de mantener las patentes de automotores más altas del país.
Después de haberse manejado por el Congreso de Intendentes un porcentaje de rebajas que oscilarían entre el 15 y el 30%, que en definitiva quedara en un 15%, con la posibilidad agregada de reducirlo hasta en un 10% según la categoría del vehículo, la Comuna capitalina se descargó con una quita que sólo alcanza al 2,5% o al 5%, de acuerdo al costo de las unidades, lo que viene a convertir la bonificación en la más pobre y las patentes en las más caras.
Lo que llama la atención es que esa actitud haya sido adoptada en momentos en que entró muchísimo dinero a la Intendencia, que no se lo esperaba, como resultado de los convenios suscritos para cancelar adeudos atrasados con los contribuyentes morosos.
No tiene como justificativo, por lo tanto, ni la necesidad fiscal, por lo que cada uno de los montevideanos que deba ir durante estos días a la Intendencia a pagar su patente, deberá tener presente el castigo tributario de que ha sido objeto y el carácter de contribuyente más alto en todo el Uruguay a que ha sido elevado.