Un año de la invasión a Ucrania

Se cumplió ayer un año del infame ataque militar de Rusia contra Ucrania, que significó la vuelta de la guerra en Europa y un cambio sustancial en la geopolítica internacional de consecuencias todavía no del todo previsibles.

Por estos días se harán muchos balances acerca de lo que ha cambiado en el mundo en este año. Pero lo importante para Uruguay es poner en perspectiva esos cambios en función de nuestros intereses y de nuestro legítimo afán de prosperar económicamente y de seguir nuestra senda de desarrollo nacional.

En primer lugar, el ataque de Rusia significó un cambio radical de prioridades de las grandes potencias del mundo. Los países occidentales a los que Uruguay más presta atención, por ejemplo, pasaron todos a aumentar fuertemente sus gastos militares y a hacer hincapié en alianzas y estrategias que de ninguna forma integran una agenda de desarrollo y bienestar internacional. En ese sentido importa mucho entonces prestar atención a la iniciativa anunciada en junio de 2022 para fomentar inversiones estadounidenses en nuestra región: la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica, que incluye a Barbados, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Panamá, Perú y Uruguay.

En efecto, a pesar de la atención centrada en la evolución de la OTAN, de las movidas de alianzas de Moscú para evitar su aislamiento económico y financiero, y del papel expectante y de gendarme internacional que parece querer cumplir China, es claro que iniciativas como la estadounidense dejan pensar que hay espacios reales para poder seguir bregando por mayores intercambios comerciales y económicos que potencien nuestro crecimiento y nuestra prosperidad.

En segundo lugar, el ilegal e ilegítimo ataque de Rusia puso en primer plano el peso de los Estados en tanto actores fundamentales del orden internacional. Toda la lógica de acción de Moscú responde a una clásica inspiración imperialista, en la que de ninguna manera importan las fronteras nacionales y el respeto por la integridad territorial de otros países cuando lo que está en juego, según la concepción política del imperio, es su seguridad militar.

En este sentido todo el afán de la doctrina Lacalle Pou en política exterior acompaña este movimiento en la escena internacional que llegó para quedarse. Por un lado, la reivindicación del camino soberanista en favor de la apertura comercial con distintos países y regiones del mundo, que de ningún modo contraría la actual integración regional del Mercosur, pone en relieve el papel central del Estado como actor y negociador. Por otro lado, la certeza jurídica y la estabilidad política de un país soberano como Uruguay, en este contexto, son ventajas competitivas inestimables para atraer inversiones que justamente estén en busca de seguridad jurídica y facilidad económica para hacer negocios.

Es claro que luego de un año de ataques rusos la situación en el campo de batalla es completamente diferente. La suma de alianzas que ha logrado Ucrania es muy importante, y el triunfo rápido que pretendía Moscú no ha sido logrado. Si, para desgracia de todos, la guerra se transformara en un enfrentamiento largo, dimensiones estratégicas fundamentales propias de esa región pasarían a tener consecuencias fundamentales para nosotros.

Por un lado, la zona del mar Negro es principal exportadora mundial de cereales, y la zona del norte de África en particular es gran importadora de alimentos provenientes de esa región tan fértil como es Ucrania y parte de Rusia. Inevitablemente entonces, se abrirán mercados atípicos para Uruguay -algo que ya está ocurriendo, por ejemplo, con el aumento de las exportaciones de leche en polvo a países de África-.

Por otro lado, Rusia es actor clave en todo el mundo en materia de fertilizantes para la producción agrícola y también como proveedor de energía: un conflicto de largo aliento tendrá consecuencias en los precios de esos insumos, fundamentales para la producción de alimentos incluso en una región tan alejada como son los países del Mercosur y sus enormes exportaciones.

Infelizmente Europa está en guerra nuevamente. Pero además el orden global fundado en el respeto de las reglas de juego básicas del derecho internacional fue pisoteado por la bota autoritaria que gobierna Moscú. En este contexto, el compromiso democrático de Uruguay debe seguir expresándose con firmeza en el mundo entero: no hay prosperidad y bienestar para los pueblos sin más y mejor democracia y respeto por el estado de derecho.

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