EDITORIAL
diario El País

El turismo, un desafío a afrontar

Celebraremos la Navidad, nos prepararemos para recibir el nuevo año, en esta ocasión lleno de novedades, y también nos prepararemos para iniciar la temporada de verano que, desde el punto de vista turístico, promete ser muy complicada.

Esto se preveía desde hace un tiempo pero será aún peor, a partir de las nuevas medidas económicas adoptadas por el gobierno argentino.

Si a cada compra hecha con tarjeta de crédito en el extranjero, se le debe agregar un 30% más de impuesto, es casi imposible que un argentino esté dispuesto a hacer turismo en Punta del Este o en Bangkok, tanto da. Pagar ese impuesto por compras hechas fuera del país es absurdo y la medida busca, más allá de dañar el turismo de los vecino, castigar y encerrar a los argentinos, virtualmente meterlos presos dentro de sus fronteras.

Es llamativo que el nuevo gobierno recurra a medidas de corte similar a las aplicadas hace cinco años por Cristina Kirchner, las cuales empujaron al país a una situación compleja que heredó el gobierno de Mauricio Macri y que nunca logró enderezar. Parecen destinadas a agudizar los problemas en lugar de resolverlos.

A Uruguay claro, le complica la vida. Cuando nos definimos como país de turismo estamos hablando de turismo argentino, no tanto del resto del mundo. En comparación los brasileños son menos y si bien llegan más turistas de otras partes del mundo, el volumen no es tanto como para marcar una diferencia. El grueso de los visitantes es de Argentina y por lo tanto dependemos irremediablemente de los vaivenes de su economía. Para colmo, los ciclos malos del país vecino son cada vez más frecuentes y más largos.

Cuando las temporadas son excelentes, se calcula que en el correr del año entran entre dos y tres millones de personas. Si se considera el modelo español como exitoso, esta debería ser una buena cifra ya que al año entran en España similar cantidad de turistas como población tiene el país (que es mucho más grande que la de Uruguay). Pero la relación es esa: tantos visitantes como habitantes.

La inestabilidad argentina hace rato que desafía al país a buscar alternativas para mantener activo el turismo. No es fácil, pero urge trabajar en esa dirección.

Es verdad que nuestra temporada estival es muy corta. Los países del Mediterráneo gozan de cuatro o cinco meses de calor y por lo general, sin lluvia. “Vacaciones con sol garantido” como suelen decir las consignas publicitarias.

La parte más intensa del verano uruguayo es muy corto y el tiempo inestable. Hay eneros secos y templados, pero también los hay lluviosos. En consecuencia, el movimiento más intenso de la temporada veraniega su concentra en los primeros 20 días del año y luego viene un muy paulatino descenso hasta marzo.

Por supuesto, las playas seducen a muchos turistas, pero no debería ser lo único. Colonia es un centro atractivo tanto para argentinos como para gente que viene de otras partes del mundo y que por lo general llega mediante paquetes a Buenos Aires donde Colonia es solo un derivado, a veces de estadías por el día, a veces más. Los cruceros son otra novedad que tuvieron fuerte impacto.

También está el turismo termal en nuestro litoral, que atrae a los argentinos y que si bien se desarrolló mucho, hay que cuidarlo porque ha ido creciendo la competencia en el otro lado del río. Al igual que Colonia, este funciona todo el año, no solo en verano, y quizás sea bueno que Uruguay explore y aliente alternativas de ese tipo.

La pregunta es si todo esto sumado, puede compensar la reducción de turistas argentinos que en verano llegan solo para recorrer nuestras costas. Si bien el incremento en estos otros centros es notorio no parece ser suficiente y también es mayoritariamente argentino.

El turismo genera empleo, a veces zafral, pero empleo al fin. Cada vez más, los servicios se prestan vía digital, por Internet, pero en el mundo del turismo esto es menor que en otros rubros porque sigue siendo una actividad en que la gente quiere atención personalizada, ya sea en las agencias de turismo, en los hoteles, en los restaurantes.

Este verano será duro, sin duda. Para colmo, las oleadas de cianobacterias no ayudan. Ante un momento tan crítico, nuestro país debería asumir el desafío de buscar alternativas, diversificar el turismo y buscar otros destinatarios, abrirse a nuevos interesados. El turismo deja recursos y los reparte rápido. Genera empleo en una amplia gama de rubros y estimula la dinámica de un país. Es una actividad que hay que cuidar.

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