Uno de los momentos más recordados del debate presidencial de noviembre fue cuando el candidato de la Coalición Republicana Álvaro Delgado dijo que las propuestas tributarias de Orsi, como están planteadas en las bases programáticas del Frente Amplio, implican que “te la van a dar”. Más allá de la enorme confusión que existió a lo largo de toda la campaña electoral sobre las verdaderas propuestas del Frente, si es que las tenían, parece claro que el futuro ministro Oddone va por un ajuste fiscal salvaje que le permita cumplir con los incrementos de gastos comprometidos en la campaña electoral y es necesario, entonces, vislumbrar por dónde viene el mazazo.
Es claro que el Frente Amplio va a subir los impuestos, pese a la promesa explícita de su candidato de no hacerlo. Algunas personas que estuvieron en el estudio del debate presidencial de noviembre comentaron que Oddonde levantó temperatura cuando escuchó la promesa concreta del presidente de que iba en contra de sus intenciones. No es fácil, por cierto, dilucidar que es lo que hará el nuevo gobierno si uno mira sus bases programáticas, escritas por veteranos sesentistas que de temas tributarios y fiscales notoriamente conocen poco. Pero, si se siguen atentamente las declaraciones recientes de Gabriel Oddone y de Alejandro Sánchez, se pueden encontrar pistas atendibles.
Tanto Oddonde como Sánchez vienen insistiendo en que se debe modificar el IVA, llevándolo a un nuevo “IVA personalizado”. Este es el caballo de Troya por el que se le meterá la mano en el bolsillo a la enorme mayoría de la población con la excusa de hacer “más justo el impuesto”. Lo que se hará es implementar un sistema enormemente complejo y costoso por el que se buscará, a través del regreso de la nefasta “inclusión financiera” controlar a la población para esquilmarla al máximo.
Serán necesarias declaraciones y todo tipo de controles para saber cuál es el IVA que deberá pagar cada persona por los fideos en el almacén, una pesadilla kafkiana propia de afiebradas mentes socialistas, a las que les importa un rábano el bienestar de la población, mientras les cierren sus torpes planillas de ingresos.
Para poder hacer el ajuste fiscal que necesitan para pagar, entre otras cosas, el incremento de 2.000 policías al cuerpo de seguridad del Estado, incrementar un 50% las tarjetas TUS del Mides y expandir las becas estudiantiles, necesitan varios cientos de millones de dólares.
Para lograr esa suma, la ecuación es simple, van a establecer algunas deducciones más para las personas con menores ingresos, algo simbólico que les representará poco o nada para su realidad e incrementarán la carga fiscal por el IVA, el impuesto de mayor recaudación en nuestro país, para el 80% o 90% de la población. O sea que no sólo nos van a complicar la vida con más controles, declaraciones y dificultades para comprar un helado en verano, sino que también nos van a incrementar fuertemente los impuestos que pagamos al consumo a casi todos los uruguayos.
Los efectos de este cambio es la tributación, que van a vender como fiscalmente neutro, pero todos sabemos que es mentira, como ya pasó con la instrumentación del IRPF en 2007 que finalmente y “sorpresivamente” recaudó el triple de lo que pautaban las proyecciones oficiales. Van a ser duros para la economía. Va a encarecer el consumo de bienes en nuestro país, fomentando el contrabando y la informalidad, porque nuestros vecinos, tanto el de izquierda como el de derecha, no tiene la locura de tener el IVA personalizado.
Va a tener también un efecto dominó sobre el crecimiento de la economía, al disminuir el ingreso disponible de las personas, reducir su capacidad de consumo y, por tanto, de compra. Además, reduciendo las ventas de los comercios.
Esto tendrá efectos también sobre el empleo y, por tanto, desatará un circulo vicioso para que las cuentas le cierren al futuro ministro Oddone, si es que de todas formas les son clausuradas. Esto no está claro por la brutalidad del incremento del gasto que tienen previsto.
Por lo tanto, tenemos que estar prevenidos: vienen por nuestros bolsillos por nuevas velitas prendidas al socialismo, pagar favores de campaña y gastar sin ton ni son. Esa es una diferencia central entre el gobierno que se va y el que entra en marzo, que quedará explícitamente plasmada en el presupuesto nacional.
Por lo tanto, ya lo sabe, cuando el amable lector escuche hablar de que se viene el IVA personalizado, tenga bien presente que eso, en términos de plata, quiere decir que “se la van a dar”.