Sorpresa en Colombia

El resultado de la primera vuelta electoral en Colombia es tan sorpresivo como removedor. La victoria del candidato conservador Abelardo de la Espriella ha generado un impacto mayúsculo en toda la región. Y muestra como América Latina, de manera lenta pero implacable, va consolidando un eje político que la alinea consigo misma, y con EE.UU..

Todas las encuestas de opinión adelantaban una victoria del candidato oficialista Iván Cepeda, sobre De la Espriella y la “uribista” Paloma Valencia. Algo que era más que llamativo, teniendo en cuenta los ribetes bochornosos que ha tenido el gobierno de Gustavo Petro, más preocupado por posar de libertador, y dar cátedra sobre física cuántica o capacidades amatorias, que de gobernar en serio a su país.

Pero los números finales de esta elección muestran que los colombianos apostaron fuerte por un cambio, y le dieron una victoria por tres puntos porcentuales a De la Espriella, que prácticamente le aseguran ser el próximo presidente de Colombia. Esto porque hay una mayoría notoria de voto “antipetrista” entre los candidatos que no pasaron a segunda vuelta, que jamás votarían al ultraizquierdista Cepeda.

De todas formas, si nuestras universidades y facultades de Ciencias Sociales no estuvieran tan ocupadas en hacer politiquería flechada, sería un tema de profundo interés explicar por qué en América Latina, visiones de un marxismo tan radical como fracasado como las que representa el candidato Cepeda, puedan obtener tanto apoyo popular. Cómo puede ser que nuestros procesos políticos sigan marcados por visiones que ya solo se estudian en libros de historia, y que tanto daño han hecho en América Latina.

Sobre todo porque terminan obligando a muchos votantes a elegir entre el menos grave de los males, algo que afecta negativamente el sentido de una democracia.

Pero volviendo al proceso electoral colombiano, este marca un par de cosas muy relevantes.

La primera, es que se consolida un eje político difícil de definir, pero que tiene en común un rechazo justamente a las ideas de izquierda. Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia... Hay que ver qué pasa en Perú este domingo. Pero el mapa regional se va volviendo en contra de esas ideas socialistas que han sabido ser hegemónicas en el continente. Si bien quedan todavía bajo esas ideas los dos países más importantes del continente, como son México y Brasil, a esta altura el proceso parece sólido y contundente.

Esto marca un hartazgo de las sociedades frente a posturas mesiánicas y maximalistas, que prometen el paraíso en la tierra, sin esfuerzos y sin sacrificios. Que ven al delito como una consecuencia de estructuras malvadas, y nunca una responsabilidad individual. Y que desprecian al que hace, construye y se vale por si mismo, sin esperar todo de dádivas estatales.

La segunda lección es que, tal vez como reacción a esto mismo que marcamos antes, parece haber una proliferación de nuevos liderazgos en la derecha, que no piden perdón por sus ideas o planteos.

Una y otra vez, estos liderazgos contundentes, con discursos confrontativos y sin sentimiento de culpa alguno, se están imponiendo a candidatos con perfiles más tradicionales y moderados.

La gente parece estar cansada de la tibieza, y apoya a quienes llaman las cosas por su nombre. Que defienden valores tradicionales, y ofrecen mano dura contra el delito, y condiciones económicas favorables al desarrollo individual.

Si bien eso en Uruguay hoy no se ve tan claro, es importante abrir los ojos, porque si bien las cosas demoran, todo termina llegando.

Por último, está el detalle tal vez más importante. Y es que el continente se va volcando cada vez en forma más clara por dirigentes que pueden tener un diálogo fluido con Estados Unidos y con el presidente Donald Trump.

Uno puede pensar lo que quiera sobre la personalidad o la forma de liderazgo de Trump. Pero está claro que Estados Unidos es la principal potencia del planeta, y lo va a ser por un buen tiempo. Una potencia que, además, se siente amenazada, y está buscando imponer un nuevo esquema de relacionamiento a nivel del hemisferio.

El hecho de que cada vez más países se alineen con el proceso político que vive Estados Unidos, nos permitirá enfocarnos en las muchas ventajas que nos puede ofrecer un vínculo privilegiado con ese país. En vez de victimismos y paranoias históricos, es mucho lo que podemos ganar todos, de este momento histórico.

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