SEGUIR
La campaña del Sí a la derogación de 135 ar- tículos de la LUC ha entrado en un camino de no retorno. Como argumentábamos hace unos días, se percibe cada vez con más intensidad una lucha intestina entre los mismos opositores, atribuyéndose por adelantado la responsabilidad de una posible derrota.
Viéndose venir la noche, echan mano a personalidades históricas de los partidos tradicionales, a ver si con eso pescan a algún colorado o blanco desinformado. Hay un infamante spot con foto y frase de José Batlle y Ordóñez, de una honestidad intelectual que no se la pueden creer ni ellos mismos. Y como muestra indudable de que siguen abriendo paraguas antes de que llueva, algunos voceros, con el presidente del FA a la cabeza, ya están promoviendo votar anulado, sabedores de que muchos de sus correligionarios quieren apoyar a su fuerza política, pero les da vergüenza la pobreza de argumentos que esgrime.
La otra estrategia que demuestran es la de quemar cualquier cartucho con tal de hacer un poco de ruido y echar humo. De la errática tirada de fruta del comando de Valenti, ya ni hablemos. Últimamente aprietan el pedal mujiquista de dividir a los uruguayos en clases antagónicas, como el bochornoso discurso de una cantante popular en un acto del Sí, en que declaró no estar a favor “de ningún artículo ni de nada que salga de La Tahona o del Poder Ejecutivo” (sic). O el titular de portada de la última edición del semanario Brecha que, con la foto de la ministra de Economía Azucena Arbeleche, dice “El pelotón no tiene premio”. Es tan cómico como indignante que sinteticen de ese modo una conferencia de prensa en la que la ministra anunció la creación de 50.000 nuevos puestos de trabajo y el abatimiento sustancial de la pobreza logrados por este gobierno.
El pedal mujiquista sigue a fondo, con caja de sexta. El verborrágico y exaltado senador Óscar Andrade, en debate reciente, se solazó en ejemplos catastróficos, propios de la estética del “realismo socialista” de principios del siglo XX. Cuestionó la nueva modalidad de contrato de alquiler, imaginando a una embarazada con cuatro hijos que es echada de su vivienda por no pagar, exceso que a un año y medio de vigencia de la ley no ha ocurrido, porque la opción por esa modalidad es marginal y se dirige a un público totalmente distinto. Para denostar la legítima defensa, imaginó a un chiquilín que cruza un alambrado para robar una manzana y es asesinado de un tiro por un voraz hacendado, al que solo le faltó agregar colmillos de vampiro. Es tan patética la simplificación de estos discursos, en el intento de mostrar un Uruguay donde no existiría la más ínfima protección social del Estado, que da lástima por el desasosiego irracional que ha ganado a la oposición.
Sabedores de su carencia de argumentos, los progres locales quieren instalar un relato que retrotraiga el país al estado de cosas que retrataban aquellas películas como El acorazado Potemkin, de Sergei Eisenstein, con las tropas de cosacos bajando rítmicamente la escalinata de Odesa y asesinando a hombres, mujeres y niños…
En su desesperado afán por atacar lo inatacable, los promotores del Sí están llegando a un nivel de engaño nunca visto en las últimas décadas.
Sería bueno recordarle al exaltado senador, que la alternativa que brinda la LUC para realizar contratos sin garantía por períodos acotados, no está pensada para que los propietarios coaccionen a personas de bajos recursos, desde que está muy lejos de sus objetivos particulares arrendar una vivienda para echar a los inquilinos por incumplimiento, como si eso fuera placentero y redituable. Es paradójico que el representante de una fuerza política que, cuando estuvo en el gobierno, hizo poco y nada para evitar que los asentamientos irregulares se multiplicaran a gran escala, pretenda ahora dar cátedra de justicia social en este tema tan sensible. Y que lo haga justamente contra un gobierno que está invirtiendo en forma decidida y contundente en las soluciones de vivienda dignas y en paliar con eficacia las graves secuelas sociales y económicas que heredó del período anterior y que se agudizaron por la pandemia.
El diputado colorado Felipe Schipani ha relatado que una ciudadana de un barrio montevideano le preguntó si era cierto lo que le dijeron: que si ganaba el No, la escuela dejaría de ser gratuita y tendría que empezar a pagar para mandar a sus hijos. En su desespera- do afán por atacar lo inatacable, los promotores del Sí están llegando a un nivel de engaño nunca visto en las últimas décadas. Mientras tanto, el país se empantana hasta el 27 de marzo en una discusión bizantina, ajena a las verdaderas preocupaciones que deberían desvelarnos.