¿Que vuelva Tabaré Vázquez?

Llevadas por el rumbo errático de la actual administración Mujica, se han escuchado algunas voces expresando el deseo por el pronto retorno de Tabaré Vázquez a la presidencia de la República. Que lo digan los confesos frenteamplistas vaya y pase, seguramente abochornados por los dislates del Pepe, por la andanada de barbaridades que suele regalarnos la primera dama y por la marcha a tropezones de este gobierno. Cada cual es dueño de extrañar a quien quiera y los frenteamplistas tendrán sus razones para desear que el tiempo pase rápido y con él llegue el fin del gobierno de Mujica y la reelección del oncólogo.

Preocupante, en todo caso, es escuchar la misma frase del título en boca de algunos votantes de los partidos tradicionales, expresadas con una ligereza que no puede pasarse por alto.

En primer lugar, la frase pronunciada por un blanco o colorado es de un derrotismo tan apresurado como absurdo, porque significa admitir que el Frente Amplio volverá a ganar las próximas elecciones. Y en ese escenario, piensan, antes que tener a otro Mujica cometiendo nuevos desaguisados es mejor "que vuelva Tabaré". Seguramente lo dicen por aquello de "malo conocido…"

Por supuesto que en esa expresión subyacen los sucesos de estos últimos meses, marcados por un panorama de inseguridad ciudadana como jamás ha vivido nuestro país, un caótico descontrol en los centros de reclusión tanto de mayores como de menores, un sistema de enseñanza pública preocupantemente deficiente, una desacertada marcha y contramarcha en las relaciones internacionales (y no sólo con Argentina) y un cambio de reglas tributarias que a los inversores tiene, por lo menos, desconcertados.

Ahora bien, ¿es eso, motivo para desear el regreso de Vázquez a la presidencia? Obviemos el asunto del derrotismo porque lo hace irracional la propia distancia que nos separa de las próximas elecciones (dos años y medio es mucho tiempo en materia de política electoral como para aventurar resultados) y concentrémonos en cuáles fueron las características más salientes del gobierno de Vázquez.

Aceptemos que Tabaré, una vez presidente, tuvo al menos la prudencia de no "sacudir las raíces de los árboles" como prometió en su campaña electoral y, en lugar de eso, mantuvo --con Astori a la cabeza-- una línea económica que poco se apartó de la de los gobiernos anteriores. Pero contra eso, fue el presidente que nos dejó la "herencia maldita" de la actual inseguridad ciudadana, tozudamente sosteniendo al frente del ministerio del Interior a jerarcas ineptos (primero José Díaz y luego Daisy Tourné) y apañando la estrategia de "mano suave" con los delincuentes, abriéndoles las cárceles a centenares de reclusos sin un mínimo análisis para anticipar si los liberados iban o no a ser reincidentes. Si a alguien debe responsabilizarse de la inseguridad actual es justamente al gobierno de Tabaré.

Vázquez fue también el "padre" del fracasado sistema actual de enseñanza pública, dejando prácticamente a la misma en manos de los gremios mediante una caprichosa ley que hasta el mismísimo gobierno de Mujica ha admitido que fue un tremendo error. No hay hoy plata que alcance para recomponer una educación pública que el gobierno de Tabaré convirtió en des-enseñanza.

Pero además, Vázquez, en su estrategia tendiente a que a su gobierno "no le hagan olas", le concedió graciosamente a los sindicatos de la Administración Pública todo lo que le exigieron, alimentando la gula insaciable de un colectivo que a partir de su gobierno se acostumbró a que le cumplan sus caprichos y que no deja de darle dolores de cabeza a la actual administración, como lo ha afirmado reiteradamente el propio Mujica. Otra de las "herencias malditas" del gobierno de Vázquez.

Entonces ¿que vuelva Tabaré? A quienes lo piensan le decimos que no se dejen encandilar por su apariencia de buen predicador, sus trajes bien confeccionados, su voz meliflua y sus suaves ademanes, que, en eso sí, está a años luz del desprolijo Pepe. Pero esos son meros envoltorios, lo real es lo otro, la incapacidad demostrada de Vázquez para lidiar con los sindicatos, mejorar la enseñanza y encausar la seguridad, tres temas que precisan de una mano bastante menos suave que la suya.

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