Hace unos días en una entrevista a varios de los principales expertos en comunicación política en nuestro país realizada por nuestro diario se destacó un asunto que se ha vuelto un comentario frecuente en los últimos meses: la campaña electoral que está despuntando puede ser particularmente sucia. La idea se ha ido instalando por varios factores, siendo seguramente los principales la polarización política que nuestro país sufre (aunque no lleguemos a tener una grieta como la argentina) y las nuevas tecnologías disponibles sumadas a asesores internacionales expertos en artimañas de la peor especie.
Comenzando por el primer punto, parece claro que hemos cruzado líneas de convivencia pacífica que vuelven difícil el diálogo político civilizado. El debate no solo se ha vuelto chabacano y poco profundo, también se ha vuelto, y quizá por esta misma razón, más violento, cargado de adjetivos y vacío de conceptos. El bajo nivel general de nuestros políticos -con honrosas excepciones en todos los partidos- también hace que sea más fácil ganar un titular insultando al adversario que realizando una propuesta de política pública.
En un debate que se ha vuelto entre los políticos, que se hablan entre sí sobre ellos mismos sobre temas que solo le importan a ellos, la enorme mayoría de la población mira el partido desde la tribuna viendo cómo la pelota va de un lado para el otro sin que tenga la menor relevancia para los temas que realmente le preocupan. Hasta que un buen día dejan de mirar el partido, y la culpa no es de la ciudadanía que se desinteresa de la política, es de la política que ignora al ciudadano por su práctica endogámica de intercambiar insultos como si eso fuera un debate político.
El otro factor que está pesando en los sombríos diagnósticos sobre la campaña electoral es la disponibilidad de nuevas tecnologías que permiten llevar adelante estrategias sucias desde el anonimato de las redes. Hoy es posible crear audios o videos falsos de candidatos y difundirlos, o generar rumores absolutamente mentirosos pero que las personas, incluso de buena fe, comienzan a compartir con sus contactos. La campaña pasada ya tuvimos una muestra con un candidato que perdió la interna de su partido, y eso puede ser solo la muestra de lo que es posible hoy con las herramientas de la inteligencia artificial empleadas en un terreno en que se ha perdido la civilidad política.
A eso le sumamos que, según la mayoría de las encuestas, vamos hacia una elección muy pareja, en que los incentivos a incurrir en cualquier práctica para sumar los escasos votos que pueden separar la victoria de la derrota son muy importantes. Los últimos dos antecedentes, el balotaje de 2019 y el referéndum sobre la LUC de 2022 son muestras claras de la paridad electoral que caracteriza hoy a la opinión pública uruguaya.
Por fuera de estos aspectos sobre la forma de la campaña están los temas de fondo, aquellos que realmente preocupan a la gente y que no sabemos si emergerán del lodo de la campaña. Algunos temas requieren diagnósticos y propuestas claras que deben plantearse sin demagogia.
A modo de ejemplo: ¿qué vamos a hacer con nuestra política de inserción internacional? El actual gobierno siguió una estrategia adecuada al plantear la flexibilización y modernización del Mercosur pero no logró firmar tratados de libre comercio con otros países. ¿Qué propondrán en esta materia los candidatos? ¿Seguir la misma estrategia esperando que dé frutos? ¿Irse del Mercosur? ¿Insistir en más y mejor Mercosur? Es un tema central en que debemos esperar posiciones claras para decidir nuestro voto.
En materia de seguridad pública es innegable que los números vienen mejorando en la presente administración a contrapelo de lo que pasó en los 15 años previos en que todos los delitos no pararon de aumentar. ¿Qué haremos frente a las amenazas que nos está planteando el narcotráfico? ¿Qué haremos con la situación en nuestras cárceles? ¿Qué estrategia se utilizará para prevenir el delito en aquellos barrios de Montevideo en que la situación es más compleja?
En materia de políticas de primera infancia también debe destacarse la inversión realizada por el actual gobierno, pero resta mucho camino por recorrer para bajar los números de pobreza infantil. ¿Qué planes tienen en la materia los candidatos?
Estas y muchas más preguntas sobre temas concretos son las que importan y no los insultos sin contenido que vienen caracterizando nuestro debate. Ojalá la campaña responda estas preguntas porque de lo contrario solo podemos esperar un intercambio que será digno de ignorarse olímpicamente.