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Terminado el debate sobre la LUC, es bueno poner la lupa sobre un fenómeno alarmante que se vio en las semanas previas. Hablamos de la campaña sucia que organizó otra vez el Frente Amplio y sus aliados sindicales.
Podríamos hablar de mentiras concretas, como que se iba a privatizar la educación o que se iba a terminar la inexistente obligación de escolarizar a los niños de hasta 3 años. Podríamos mencionar la falacia de los “desalojos exprés”, o de que la LUC hacía que los combustibles aumentaran todos los meses. Y esto no son mentiras difundidas por operadores anónimos en las redes, o militantes desubicados. Estas cosas las machacaba, por ejemplo, ese autito con publicidad móvil que recorría su barrio, estimado lector, pago por la campaña oficial del Frente Amplio y el Pit-Cnt. Acá no hay excusas.
También podríamos ir a cuestiones más conceptuales, como que ésta era una ley para beneficiar a los ricos, que se quería terminar con las empresas públicas, o privilegiar a la propiedad privada sobre la vida humana. Mentiras impúdicas difundidas no solo por los principales dirigentes del Frente Amplio y el Pit- Cnt, sino por operadores como el abogado Ceretta que trabaja nada menos que en la Facultad de Derecho que financian los impuestos de todos.
Todas mentiras grotescas, agraviantes, y que van pudriendo el clima de convivencia. Y acá hay que decir algo claro y fuerte. No es verdad ese relativismo que usan muchos periodistas y opinólogos para decir que todos los políticos han actuado igual, y que el clima electoral fue asqueante por partes iguales. Nadie relevante del comando del No mintió de forma descarada con temas de este tipo. Y si hubo algún operador que elevó el tono más allá de lo conveniente, fue solo como respuesta a esta andanada de miserias dialécticas escupidas por la oposición desde que comenzó este proceso.
Sobre eso, un detalle. No se puede seguir mirando para otro lado, y quejarse del tono de las campañas, cuando a medida que más despreciable se volvió el discurso opositor, más parecía crecer su opción en las encuestas. Quienes estamos directamente fomentando ese tipo de discurso, somos los votantes.
No se puede seguir mirando para otro lado, y quejarse del tono de las campañas, cuando a medida que más despreciable se volvió el discurso opositor, más parecía crecer su opción en las encuestas.
Ahora bien, más allá de todo eso, que lamentablemente ya es parte del clima político que nos hemos dado los uruguayos, hay un tema que preocupa aun más. Hablamos de la forma en que durante las últimas tres elecciones, por lo menos, el Frente Amplio manipula a la opinión pública con episodios fraguados. Y que por complicidad ideológica, mediocridad, o pensamiento de grupo, es replicado por casi todos los periodistas del país.
En la elección de octubre del 2019 el gran tema de la última semana fue la “remontada” del FA. Sin que hubiera más elemento que alguna encuesta trucha, y la manija de los dirigentes de ese partido, todos los periodistas del Uruguay se subieron a ese carro, y no había día que no se hablara de la “remontada”, de que “el susto despertó al mamado” y todas esas pavadas. La realidad fue que el FA obtuvo el 39% de los votos, que era más o menos lo que decían las encuestas serias. Todo lo demás... aire.
En la segunda vuelta, fue el video de Manini Ríos pidiendo a los militares que no se dejaran engañar por discursos falsos. Una verdadera zoncera, pero que fue convertida por la dirigencia del FA en “el” tema del día de las elecciones. Y que todos los periodistas, de nuevo por complicidad o mediocridad, tomaron como eje de cada pregunta a cada candidato nada menos que el día electoral.
Y este domingo el tema fue el patético episodio de la cancha del club Progreso. Se denunció que la policía había ingresado a la tienda oficial, revisando y rompiendo cosas en busca de material del Sí. Incluso se dijo que no habían dejado entrar a gente con camisetas con la cara de Tabaré Vázquez. Como si la policía en Uruguay fuera una especie de fuerza ocupante extranjera. La investigación oficial, terminada este martes, demostró que nada de eso pasó. Pero, por si hacía falta, se conoció horas después un video de los denunciantes donde dejan en claro que todo fue parte de una campaña para imponer esa narrativa en las últimas horas antes de la elección.
La pregunta es, ¿hasta cuándo los periodistas y comunicadores van a seguir “comiendo del tupper” con estas campañas burdas de manipulación mediática? ¿No les molesta que los usen de esta manera infantil? ¿Qué tan bajo ha caído el estándar profesional en Uruguay como para que todo el mundo se suba a la narrativa victimista que impone elección tras elección el Frente Amplio? Más obvio y condescendiente, a esta altura, no se puede ser.