UNO de los problemas más aterradores del desplazamiento humano es actualmente la hipertrofia de las grandes ciudades (Tokio, México, San Pablo, Shanghai, Calcuta, El Cairo) en cada una de las cuales se aglomeran más de quince millones de personas. El caso de México D.F. es el mayor, porque esa megalópolis alberga algo más de veintidós millones de habitantes, la mitad de los cuales sobrevive en condiciones de pobreza. Actualmente, México enfrenta desafíos dramáticos, uno de los cuales es la inseguridad y otro es el abastecimiento de agua. Para el primero de ellos, en octubre de 2002 la Alcaldía contrató como asesor al neoyorquino Rudolph Giuliani, famoso entre otras cosas por su política de "tolerancia cero" que sirvió para enfrentar la delincuencia a partir de los años 90 y lograr un abatimiento de ese riesgo.
LO que Giuliani aconseja a la capital mexicana figura en un informe que contiene 146 recomendaciones y que es el producto de nueve meses de observación e investigaciones sobre el terreno. El documento de Giuliani desencadenó varias polémicas en México. Se apoya en tres principios (dar mayores facultades a la policía, modernizar el mecanismo judicial y promover la participación ciudadana) pero pasa luego a proponer medidas concretas: instalar filtros de control en la entrada de los barrios peligrosos, colocar cámaras en subterráneos, autobuses y puntos críticos de la ciudad, crear una unidad "antigraffiti", frenar la proliferación de las redes de prostitución, dar a la policía la capacidad de investigar delitos y a sus agentes la posibilidad de circular por las calles sin vestir uniforme, para no ser detectados.
ACADEMICOS mexicanos han señalado a Giuliani cosas de otro orden: un investigador del Instituto de Antropología destacó que "la miseria, la polarización de la riqueza y las enormes necesidades insatisfechas son las que nutren la delincuencia". Otro catedrático recordó que "las medidas policiales son insuficientes cuando se enfrenta un problema cuyos orígenes están en la desigual distribución de la riqueza" recordando de paso "las denuncias por tortura y discriminación contra negros e hispanos" que provocó en Nueva York la estrategia municipal de Giuliani. Según expertos mexicanos, "el crimen organizado se nutre de delincuentes menores de edad. Son jóvenes con elevados niveles de resentimiento social que las medidas represivas no eliminarán, sino que tal vez exacerbarán el problema".
PERO México no sólo está abrumada por la violencia criminal sino también por la escasez de agua. Ese monstruo urbano consume 37.000 litros de agua por segundo y además está edificado sobre el lecho secado del viejo lago donde se apoyaba la ciudad azteca de Tenochtitlán. La naturaleza de ese terreno determina que el centro de la ciudad vaya hundiéndose a razón de 10, 20 y hasta 40 centímetros por año, fenómeno en parte debido a la extracción de agua del subsuelo: el hundimiento ha modificado la pendiente del terreno en muchos puntos y asimismo dificulta gradualmente la extracción de agua de niveles cada día más profundos del terreno, con lo cual el agua que se obtiene muestra un volumen creciente de residuos. "Nadie toma agua de la canilla en México" dicen los informes, para remediar lo cual hay carritos que circulan por los barrios vendiendo bidones de agua potable de veinte litros que cuestan el equivalente de dos dólares.
LA única fuente de agua exterior al valle de México es la del sistema Cutzmala, cuyas cañerías deben trepar una montaña y luego bajar por el lado opuesto antes de desembocar en la metrópoli, pero aun así las autoridades advierten sobre una inminente escasez, convocan a la población a ahorrar, piden incluso acortar el baño individual, vigilar para que las canillas no goteen y regar menos las plantas. La Secretaría de Medio Ambiente de la municipalidad mexicana dijo que "es urgente frenar la extensión de la capital para permitir que las precipitaciones puedan filtrar al acuífero del que se alimenta". Se ha pensado en subir el precio del agua corriente para provocar una retracción en el consumo y se exige a las industrias del valle que "empleen tecnología que permita ahorrar agua". Ante las limitadas reservas actuales (2.000 metros cúbicos por habitante al año, en la región capitalina), un ingeniero muy lúcido explica que "se necesita desarrollar con urgencia entre la gente una cultura del agua, porque el futuro es seco".
Tipificación e imputación
Como últimamente se ha expresado en varias oportunidades en esta página, es "tipificación" en Derecho Penal la definición de los hechos y circunstancias que configuran cada delito, lo cual constituye una garantía esencial para todas las personas. En efecto: sólo cuando un hecho ha sido definido o calificado como delito por la ley, o sea "tipificado" como tal, es lícito promover contra la persona que incurrió en la figura de que se trate un proceso para imponerle la pena legalmente establecida para sancionarlo. Quien "tipifica" por tanto es el legislador al definir los hechos que configuran cada delito.
Pero cuando el fiscal promueve un juicio por considerar que una persona incurrió en un hecho definido como delito, y el juez procesa penalmente por considerar que incurrió en tal hecho, lo que hacen es "imputar" el delito, o sea atribuirle haber cometido el hecho que el legislador definió como tal. Ello no es "tipificárselo", pues, se reitera, sólo tipifica el legislador (aunque es frecuente que incurramos en el referido error).