Pobres críticas de Nin

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Los años en los que el dirigente frenteamplista Nin Novoa estuvo al frente del ministerio de Relaciones Exteriores no serán recordados como los mejores de esa cartera.

Sin embargo, su mediocre balance no le impidió criticar recientemente la política exterior de la administración de Lacalle Pou.

¿Qué éxitos obtuvo para el país la cancillería entre 2015 y 2020? El único que se destaca es el tratado de libre comercio (TLC) con Chile. Empero, no es que en esa gestión brillara la capacidad política de Nin. En efecto, el trabajo técnico bilateral ya venía bien aspectado, y lo único que faltaba era que la coalición de gobierno cerrara políticamente el tema. Es decir, faltaba que el Frente Amplio (FA) se decidiera a votar favorablemente la ratificación de ese tratado.

Pero el canciller no lo logró. Mostrando una falta de liderazgo asombrosa, no fue capaz de reunir las fuerzas del FA para apoyar lo que se estaba gestando desde hacía años en la cancillería. El tratado se ratificó así con el voto de los parlamentarios de la que era por entonces la oposición política, e incluso hubo senadores izquierdistas que no votaron positivamente. Toda una vergüenza política para alguien que, hoy, se permite decir que la política exterior va “a los bandazos”.

La segunda administración de Vázquez mostró también un infame alineamiento en favor de la dictadura de Maduro. Lejos de ganar prestigio por ello, la que era (y sigue siendo) la más destacada democracia de Sudamérica apuntaló con su fuerte poder simbólico a una dictadura sanguinaria: le dio aire y legitimidad y la ayudó así a mantenerse en el poder. Le otorgó, en definitiva, el aval de un país de voz escuchada en la escena internacional por su larga tradición respetuosa del derecho internacional y de la democracia.

Todas estas afirmaciones de Nin muestran a cabalidad la pobrísima visión del mundo y el escaso entendimiento de la política internacional que caracterizaron al canciller de la República entre 2015 y 2020.

Todo eso hizo Nin. Empero, sin empacho, ahora señala que Uruguay está “muy pegado a posturas muy conservadoras” y que “no tenemos mucha participación en el concierto internacional. Me parece que se está horadando aquel prestigio internacional”. Seguramente sea su sesgo izquierdista exagerado, ese que también le hizo perder las elecciones departamentales de setiembre de 2020 con una paliza histórica en Cerro Largo, el que le esté impidiendo ver el tremendo prestigio que Uruguay ha ganado con la administración Lacalle Pou.

Y es un prestigio de varias dimensiones: económico, al ser reconocido como un país que manejó con seriedad las finanzas públicas y conservó así su grado inversor; militar, al seguir destacándose en las misiones de la ONU y lograr una mayor cooperación en materiales de defensa con Estados Unidos, al punto de mejorar radicalmente su capacidad naval; sanitario, al formar parte de los pocos países en el mundo que lograron enfrentar la pandemia sin menoscabo de las libertades individuales; y político, al volver a defender, sin ambages, a la democracia en el mundo, desde las posiciones proisraelíes en la ONU hasta la crítica en foros regionales a la dictadura cubana.

Nin sigue creyendo que la política exterior del Uruguay debe congeniar siempre con los intereses de los países del Mercosur. En ese disparate histórico y político, que niega nuestra soberanía y que nada logró en concreto, por ejemplo, con la Unión Europea, se aferra a una interpretación que él sabe sesgada con respecto a la decisión 32/00 del Mercosur, de forma de insistir en concebir a Montevideo como una provincia más de Buenos Aires, o como un Estado más del Brasil. Y critica así el camino propio con China, porque va muy lento o porque Pekín “no avanzaría en un TLC con Uruguay por las diferencias a la interna del Mercosur”.

Semejantes afirmaciones serían sin duda el hazmerreír si se escucharan, por ejemplo, en cualquier centro de análisis de política exterior serio del mundo. Porque, ¿desde cuándo una potencia mundial toma decisiones estratégicas sobre su comercio y su influencia, en una zona tradicionalmente ligada a los intereses de su adversario global, en función de las diferencias entre tal o cual país de esa región? En concreto, ni Argentina ni Brasil, ni ninguna otra potencia regional intermedia en el mundo, son capaces de condicionar la política exterior de China al punto de frustrarle su voluntad de firmar un TLC con Uruguay.

Todas estas afirmaciones de Nin muestran a cabalidad la pobrísima visión del mundo y el escaso entendimiento de la política internacional que caracterizaron al canciller de la República entre 2015 y 2020. Y nos ilustran, también, sobre el pequeño y atravesado lugar desde el cual analiza la actual política exterior del Uruguay.

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